Andalucía

Andalucía, País Vasco y Valencia darán más peso a la asistencia a crónicos

  • Las tres comunidades coinciden en resaltar la necesidad de adaptar la organización sanitaria a los cambios demográficos

La crisis aprieta, el horizonte demográfico del predominio de una población envejecida está cada vez más cerca y la sanidad pública se ve abocada a reorganizarse para hacer frente a una demanda asistencial de pacientes crónicos, pluripatológicos, ancianos y grandes consumidores de medicamentos. Como, en España, el peso de la gestión de esa realidad recae sobre los servicios regionales de salud, las comunidades autónomas empiezan a ponerse las pilas. Algunas más que otras. Andalucía, País Vasco y Valencia quieren ser en esto las primeras de la clase y han decidido apoyar la reorientación de la asistencia hacia los enfermos crónicos.

La consejera andaluza de Salud, María Jesús Montero y sus homólogos vasco (Rafael Bengoa) y valenciano (Manuel Cervera) escenificaron ayer sus respectivas voluntades para pilotar la transición del sistema sanitario desde un diseño pensado para dar respuesta a casos agudos a otro centrado en la atención preferencial a personas mayores que sufren varias enfermedades crónicas de manera simultánea. Cada comunidad a su estilo: Bengoa repartió documentación sobre la experiencia vasca, Montero aludió a un próximo plan integral andaluz y Cervera expuso los pilotajes puestos en marcha en algunos hospitales valencianos, que están logrando reducir, dijo, hasta en un 70% la presión asistencial.

La Conferencia Nacional para la Atención al Paciente con Enfermedades Crónicas fue el escenario, ayer, de esta fotografía institucional, a la que se sumó, para su clausura, la ministra de Sanidad, Leire Pajín. Una reunión auspiciada por una sociedad de internistas (la SEMI, presidida por Javier García Alegría) y otra de médicos de Familia (la Semfyc, presidida por Josep Basora), en Sevilla. Ambas especialidades ocuparían una posición de privilegio en un mapa de competencias centrado en el enfermo crónico y afianzarían su poder decisor en centros de salud y hospitales. Lo que podría ayudar a entender un apoyo tan explícito de tres autonomías concretas y no otras a esta estrategia desde otro ángulo, más allá del meramente clínico: el de las relaciones de influencia entre las sociedades científicas y el mundo de la política.

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