La guerra de Irán reactiva el fantasma de la inflación: este es el escenario si el conflicto no cesa

Los carburantes y la luz se elevarían de forma sostenida y eso generaría un efecto dominó: subida generalizada de precios, alza de tipos de interés y crisis económica

El Íbex 35 cierra su peor semana desde la guerra de Ucrania mientras el precio del petróleo sigue en aumento

Imagen qque refleja la disminución del tráfico en el Estrecho de Ormuz
Imagen qque refleja la disminución del tráfico en el Estrecho de Ormuz / Marinetraffic.com

Sevilla, 08 de marzo 2026 - 07:32

"Ahora mismo, el interruptor del mundo es el Estrecho de Ormuz". Con esta imagen tan elocuente describe Antonio Aceituno, CEO de la sevillana Tempos Energía, la situación actual. Irán tiene bloqueado de facto un enclave estratégico para el transporte de energía: por allí transita el 25% del petróleo mundial y el 20% del gas natural licuado (GNL). Y el impacto en los precios es ya inmediato: el barril de Brent, referencia para Europa, ha subido un 15% en una semana, y el gas en el mercado de la UE un 36%, con un pico del 66% al inicio de la semana.

Este último producto se ha encarecido más por la paralización de Qatar Energy —la mayor productora de GNL del mundo, con el 20% del suministro global— tras un ataque con drones de Irán. El petróleo, en cambio, contiene mejor los incrementos porque al inicio de la guerra el mundo producía 3,7 millones de barriles diarios más de los que consume y las reservas son suficientes. Sin embargo, este viernes la advertencia de Qatar de que una prolongación del conflicto durante semanas podría suspender la producción de los países del Golfo Pérsico empujó su precio de 80 a 87 dólares por barril en una sola jornada.

En ambos casos, tanto el petróleo como el gas siguen muy lejos de los máximos registrados tras la guerra de Ucrania.

Los precios ya suben, y seguirán haciéndolo

La pregunta no es si los precios van a subir. Lo harán, y de hecho ya lo están haciendo. Con un componente especulativo que acelera las alzas, los carburantes para automoción se han encarecido entre10 céntimos y 30 céntimos en los últimos días, los agricultores ya notan el impacto en el gasóleo y los fertilizantes —con la urea, derivada del petróleo, como ingrediente clave— han subido un 30%. También se ha disparado el coste de los fletes del transporte marítimo que antes cruzaba por Ormuz, así como los seguros asociados. A partir de ahí, el efecto dominó se extiende por toda la economía y la cadena productiva. El BCE estima que por cada 10% de subida sostenida del petróleo la inflación crece 0,6 puntos, sumando efectos directos e indirectos; si la subida es solo coyuntural, ese mismo 10% se traduce en un alza de 0,2 puntos.

La duración del conflicto, factor determinante

El alcance real de la subida de precios dependerá de cuánto se prolongue el conflicto. Si termina pronto, habrá un repunte del IPC seguido de una moderación en cuanto los precios energéticos se estabilicen. El servicio de estudios de las cajas de ahorros, Funcas, señala en una nota publicada esta semana que si la guerra se detiene en tres meses la inflación subirá hasta el 3% en verano para retroceder al 2,5% a finales de año —lo que se preveía antes del ataque estadounidense a Irán—, mientras que el crecimiento del PIB se recortaría en dos décimas (Funcas proyecta un avance del 2,4% en 2026).

Hay argumentos que apuntan a un conflicto breve. "Lo lógico sería que fuera corto. A Trump no le conviene una guerra larga porque tiene elecciones a medio mandato en EEUU —la gasolina acaba de superar allí el umbral psicológico de los tres dólares— y a Irán tampoco, porque se le agotan los misiles y las municiones. Israel es el más interesado en destruir las capacidades militares iraníes", señala Fernando Faces, profesor de Macroeconomía de la San Telmo Business School. Un informe de CaixaBank Research apunta en la misma dirección: los mercados de futuros recogen incrementos de precios contenidos, lo que indica que esperan un rápido fin de las hostilidades. "El escenario de la Eurozona y España se debilitaría, pero con el apoyo de las existencias energéticas acumuladas y unas expectativas de inflación ancladas, no sufriría un cambio profundo", concluye. En todo caso, la recuperación de la producción de Qatar Energy podría llevar semanas, por lo que los precios del gas podrían mantenerse tensionados durante un tiempo, advierte Antonio Aceituno.

Una guerra larga traería de vuelta la sombra de Ucrania

En una guerra larga, los efectos sí serían muy importantes. Y el tiempo juega contra la economía: cuanto se vaya alargando, peores serán los perjuicios y más rápido llegarán. El riesgo irá creciendo exponencialmente a medida que vayan pasando los días.

Si el conflicto se alarga, los efectos serían mucho más severos. Aceituno sostiene que, de enquistarse la situación, el precio del petróleo superaría los 100 dólares y los carburantes alcanzarían, "para empezar a hablar", los dos euros por litro. La razón: países como Irak, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait no pueden dar salida a su petróleo y, si la situación continúa, se verán obligados a paralizar su producción. A esto se suma otro factor: el refino se ha encarecido un 46% —más que el propio crudo— tras la decisión de China de suspender sus exportaciones, lo que repercute en torno a un 20% del precio final de la gasolina y el gasóil.

En cuanto a la factura eléctrica y del gas natural, el CEO de Tempos Energía advierte de que el recibo por hogar podría pasar de unos 50 euros a 70 euros en verano. Ahora mismo, los precios están "apantallados" por la gran aportación de las renovables, especialmente la hidráulica, que está "conteniendo el efecto del gas caro", un componente relevante del mix eléctrico. Pero esa contención tiene límites, y probablemente Europa y España tengan que comprar gas a precios muy elevados: las reservas están al 30%, en el mínimo de los últimos cinco años, y habrá que competir con otros países para reponerlas tras la salida del mercado del 20% del gas licuado mundial.

Cesta de la compra, tipos de interés y freno económico a medio plazo

A medio plazo llegarían otras consecuencias: el encarecimiento de la cesta de la compra, del ocio y del turismo —al subir los vuelos—, aunque España también podría beneficiarse de la reorientación de viajeros desde Oriente Próximo. Y con la inflación al alza, como ya ocurrió tras la guerra de Ucrania, llegarían los efectos de segunda ronda: subidas salariales que volverían a presionar los precios. Los mercados estiman actualmente un 40% de probabilidades de que el BCE suba los tipos de interés, y se especula con que podría ser a finales de año. Faces considera que el impacto negativo "sería menor que en el Covid y la guerra de Ucrania, por el menor endeudamiento de empresas y familias", pero cualquier alza ralentizaría la economía —incluso con riesgo de recesión— y aplazaría decisiones de inversión.

¿Podría repetirse una espiral de precios como la de la posguerra de Ucrania? Faces cree que sí, "aunque en el Covid y la guerra de Ucrania las alteraciones de las cadenas de suministro fueron más severas. La mayor perturbación va a ser sobre el precio del gas", vaticina. Por ahora, las alzas registradas están todavía muy lejos de las de febrero y marzo de 2022, aquellas que desencadenaron una espiral inflacionista cuyos efectos aún pagan empresas y ciudadanos.

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