Cabaret Voltaire reedita ‘Escena de caza (furtiva)’ de Agustín Gómez Arcos
Literatura
El autor ahonda en los subterráneos del crimen, de la ambición y del poder; en la intimidad más secreta de los poderosos
El día 11 de marzo llega a las librerías una nueva edición de Escena de caza (furtiva), del almeriense Agustín Gómez Arcos. Una de sus novelas con más fuerza, que llevaba un tiempo agotada, y que vuelve a reeditarse.
Quién era don Germán Enríquez, Jefe de Policía asesinado, objeto de unas fastuosas honras fúnebres en la catedral de una ciudad minera del norte de España? ¿Por qué, en ese día de luto, se vislumbra un punto de regocijo agazapado entre velos negros y caras de circunstancias?
Agustín Gómez Arcos introduce al lector en los subterráneos del crimen, de la ambición y del poder; en la intimidad más secreta de los poderosos y sus secuaces. Desnuda, sin omitir detalles, los engranajes de la represión, de la tortura, de la clandestinidad de las víctimas en los últimos años del franquismo.
Escena de caza (furtiva), finalista del premio Goncourt, es su novela más violenta y fascinante. La más cargada de esperanza.
Agustín Gómez Arcos nace en Enix en 1933, en el seno de una familia republicana. A los veinte años, tras haber finalizado su bachillerato en Almería, se desplaza a Barcelona para estudiar Derecho, pero pronto descubre que su vocación es la literatura.
A mediados de los años 50 se traslada a Madrid, donde trabaja como actor, director de escena y traductor. Su labor de dramaturgo es merecedora, en dos ocasiones, del Premio Lope de Vega, pero la censura prohíbe la representación de sus obras.
Acosado por la dictadura, decide exiliarse: primero en Londres; luego, definitivamente, en París, donde se instala en 1968. A partir de 1972 se dedica al género narrativo. Gómez Arcos publicó catorce novelas en francés y fue galardonado con numerosos premios literarios y condecorado con la Orden de las Artes y las Letras francesas con grado de caballero (1985) y de oficial (1995).
Su obra forma parte del programa educativo de los liceos franceses y ha sido traducida a catorce lenguas. Murió en París en 1998 como un escritor prestigioso y, como tal, fue enterrado en el cementerio de Montmartre de París, en una tumba en cuya lápida se puede leer: ‘Un hombre libre’.
Si en sus inicios Gómez Arcos parecía caminar tras los pasos del poeta Miguel Hernández, su obra más tarde tomará tintes que hacen pensar en algunas de las películas de Buñuel, de las pinturas negras de Goya o de los esperpentos de Valle-Inclán con la puesta en escena de una feria de monstruos medio vivos o medio muertos, monstruos reconocibles en los que se refleja la sociedad española. Alegorías de una España atormentada con gran fuerza narrativa, situaciones alucinantes llevadas al extremo por su rabiosa añoranza.
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