Cultura

"Me queda camino para limar defectos y afianzar mis aciertos"

  • El autor almeriense vuelve a la actualidad literaria al publicar su novela 'El corazón de los caballos' después de su éxito con el libro de cuentos 'El Síndrome Chejov'

Su pasión es el relato. Después del éxito obtenido con El Síndrome Chejov, este escritor almeriense nacido en 1970 acaba de publicar El corazón de los caballos. También ha sido incluido en las antologías Macondo boca arriba (2006), editada por la UNAM y con selección de Fernando Iwasaki , Ficción Sur. Antología de relatistas andaluces (Ediciones Traspiés, 2008), y Perturbaciones (Salto de Página, 2009), las dos últimas antologadas por Juan Jacinto Muñoz Rengel, así como en Microrrelato en Andalucía, editado por la revista Batarro, con edición del crítico Pedro M. Domene.

- Después del gran éxito obtenido con sus libros de cuentos ahora se ha aventurado a escribir una novela. ¿Ha sido por necesidad o es quería probar por curiosidad?

- Desde que comencé a escribir he compaginado con naturalidad la novela y el cuento. No me siento más novelista que cuentista, ni viceversa. Lo que me interesa es contar buenas historias que consigan emocionar al lector, y para eso el medio es lo de menos, aunque, claro, las técnicas a utilizar son bien distintas en ambos casos. Me gustan mucho los dos géneros y ojalá pudiera ir alternando libros de relatos y novelas.

- ¿Qué sensaciones quiere provocar en el lector con El Corazón de los caballos.

- Quisiera que el lector llegara a sentir la forma de pensar de Víctor. Por eso la novela está contada en primera persona. Una primera persona dura, llena de contradicciones y áspera en ocasiones, que no busca la identificación del lector, y que yo quería que repeliera por lo que contaba y atrajera por cómo lo contaba. En última instancia, creo que cualquier novela busca sus lectores, que esos lectores lleguen a sentir como suya la historia narrada.

- ¿El género de la novela le ha parecido más complejo que escribir cuentos?

- Lo complicado de la novela es mantener la tensión durante los dos o tres años que dura su escritura. Los cuentos pueden escribirse en días o meses, aunque a veces uno los piensa durante mucho tiempo antes de sentarse a escribirlos, pero es lógico que la novela obliga a estar concentrado cuando todo a tu alrededor te mueve a la desconcentración, y esa tensión a veces se hace demasiado dura.

- Imagino que la estructura de una novela no tiene nada que ver con el cuento.

- El cuento busca el golpe. Como decía Cortázar: ganar por K.O y no por puntos como en la novela. La novela te permite momentos muertos, transiciones, descripciones que en un cuento pueden arruinar el clímax que buscas crear. Yo soy muy obsesivo de la estructura, tanto en el cuento como en la novela. Pero en un cuento esa estructura está referida a muy pocas páginas, mientras en una novela tienes que preparar en la página diez un efecto dramático que quizás no surja hasta la cien. Soy de los que piensan que, en cierto sentido, el cuento puede estar más cerca de la poesía, por su afán de concentración, que de la novela. Aunque una novela puede jugar con el género del relato e incluir a su manera cuentos dentro de ella. Es algo muy de nuestra época, y yo lo he intentado en mi novela.

- Después de El Síndrome Chejov, el cual ha tenido una crítica excepcional no da un poco de miedo que con la novela no se llegue a cubrir las expectativas.

- No, porque me considero en un proceso de aprendizaje tanto en el relato como en la novela, así que sé que me queda mucho camino por delante para limar mis defectos y afianzar mis aciertos.

- Muchos autores escriben por necesidad, otros para desahogarse y otros porque lo tienen como un fin en la vida. ¿En su caso por qué escribe?

- Por inevitable necesidad. Desde niño he querido escribir, y me temo que no he tenido otro remedio que acabar haciéndolo. Es una maldición contra la que, los que nos vemos afectados por ella, poco podemos hacer. Seamos o no publicados, tengamos muchos o pocos lectores, el escritor escribe.

- Es consciente de que en España las cifras de lectores son bajas. Quizás las editoriales también tienen mucho que decir, porque puede que publiquen muchas cosas que no interesen al lector.

- Se publican ochenta mil libros al año en España, y entre ellos muchas maravillas. Deberíamos preguntarnos por qué los lectores acuden siempre a los diez éxitos de turno cuando existe tanta oferta. Animaría a los aficionados a los libros - cada vez más numerosos, a pesar de que el número tiene que crecer - a que se arriesguen y pierdan el miedo a rebuscar en las librerías buscando un libro que pueda interesarles, sin fijarse en cuál es el libro más vendido o del que más se habla por moda. Cuando muchos lectores entran en una librería, se echan encima una capa conservadora de la que habría que desprenderse en beneficio de la curiosidad y la intuición.

- ¿Usted es partidario del libro digital para el futuro, tal y cómo evoluciona la tecnología y las comunicaciones?

- Soy partidario en ciertos aspectos y en otros no. Los que nos hemos educado en el amor al libro echaremos de menos el tacto y el olor de una buena edición, un buen papel y un diseño bello. Pero tendremos una ventaja respecto al espacio y la accesibilidad a los textos. Es algo inevitable, nos guste o no. El libro no desaparecerá. Lo que no sé es si lo harán los autores. Al fin y al cabo, como siempre ocurre, me da la sensación de que el gran perjudicado de este nuevo negocio, como siempre, será el autor.

- ¿Qué tiene en mente para el futuro? Escribirá otro libro de cuentos, se adentrará en otros géneros. ¿Qué quiere hacer?

- Tengo proyectos muy distintos, pero ahora mismo estoy con una segunda novela, que espero acabar pronto. Luego, ya se verá.

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