Una historia hermosa, humana y verdadera  

El sendero de la sal | Crítica

Gillian Anderson y Jason Isaacs, en 'El sendero de la sal'.

La ficha

*** El sendero de la sal. Dirección: Marianne Elliott. Guion: Rebecca Lenkiewicz. Música: Chris Roe. Fotografía: Hélène Louvart. Intérpretes: Gillian Anderson, Jason Isaacs, James Lance, Hermione Norris, Denis Lill.

El sendero de la sal o South West Coast Path es la ruta costera de senderismo más larga del Reino Unido: 1.014 kilómetros por las costas de Somerset, Devon, Cornualles y Dorset, un itinerario tan bello y espectacular como difícil a causa de los acusados desniveles provocados por sus desiguales relieves. Recorrerlo fue la respuesta que el matrimonio formado por la corredora de larga distancia y escritora Raynor Winn y ‘Moth’, su marido, cuando lo perdieron todo, incluida su casa, y él recibió un diagnóstico fatal: “Somos personas sin hogar. Hemos perdido nuestra casa, nuestro negocio, todo por lo que habíamos trabajado a lo largo de la vida. No tenemos un duro y además yo me estoy muriendo, así que nos hemos dicho: ¡Qué cojones! Vamos a caminar”. Lo cuenta el marido en el libro El sendero de la sal (edición española en Capitán Swing) que escribió su mujer tras ese viaje que les llevó de no tener nada, ni tan siquiera casa, y no esperar nada, por el diagnóstico terminal de él, a tenerlo todo. Porque… Bueno lo dejo ahí para no anticipar nada. Pero que el libro se convirtiera en un bestseller y que tras él haya escrito otros cuatro sobre sus caminatas les debe dar una pista.

La historia del largo y duro, a la que vez que hermosísimo, viaje en tan difícil situación, lo es también de encuentros, reflexiones, superación y lucha contra la naturaleza externa (las tormentas a las que se enfrentan) e interna (la enfermedad de él). La prestigiosa directora teatral Marianne Elliott -de larga y premiada carrera en el West End y Broadway- debuta en cine con la muy contenida, correcta y hermosa adaptación de esta historia real. Es importante subrayar su contención y su corrección porque la historia daba para blandenguerías sentimentaloides que la realizadora evita. Y es igualmente importante destacar su hermosura, no solo la de la historia en sí y sus simpatiquisimos y entrañables protagonistas, sino la de los paisajes muy bien rodados, evitando la postal, para convertirlos en coprotagonistas de la película.

No es sorprendente que una gran mujer de teatro dirija con tanto acierto a Gillian Anderson, la actriz que Expediente X hizo mundialmente famosa y Terence Davies reinventó como excelente intérprete dramática en La casa de la alegría, y a Jason Isaacs, que se hizo popular interpretando al mortífago Lucius Malfoy en la saga Harry Potter y en series de éxito, apreciado como actor dramático sobre todo a partir de la aclamada Mass de Fran Kranz. Ambos componen con fuerza y ternura el emotivo paisaje humano inscrito en los espectaculares paisajes británicos.   

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