Luz Casal comparte su universo musical con los almerienses en un concierto sublime
Música
La cantante, referente de la música, presentó el disco ‘Me voy a permitir’, junto a sus grandes himnos, durante dos horas y 22 temas
Luz Casal se encuentra en un momento vital y artístico en el que -como ella misma proclamó sobre el escenario del Maestro Padilla el sábado- se permite lo que quiere, y ha trasladado esa libertad a un disco sublime, Me voy a permitir, que está compartiendo en la gira que recaló en Almería. Un trabajo que reúne cinco canciones nuevas y cinco versiones que dialogan con su propia historia musical. Durante dos horas de concierto y un repertorio de 22 temas, la artista acercó ese nuevo universo al público almeriense, sin olvidar los himnos que han marcado varias generaciones.
El recital, enmarcado en el programa de invierno cultural del Ayuntamiento, se celebró con las entradas agotadas desde semanas antes. El concejal de Cultura, Diego Cruz, afirmó que “estamos entusiasmado con la presencia de Luz Casal en nuestro Auditorio, todo un referente que ha sido recibido con los brazos abiertos por los almerienses, que desde hace semanas agotaron entradas. El concierto ha sido maravilloso y es de los que dan sentido a la música”.
Sobre el escenario, Luz Casal mostró una forma de interpretar inconfundible. Tiene una voz grave, rasgada y cálida a la vez, capaz de pasar del susurro a la intensidad dramática en cuestión de segundos. Y es que Luz Casal no canta simplemente canciones: las habita. Cada frase estaba cargada de intención, de matices y de emoción. No busca la perfección técnica como objetivo final, sino la verdad emocional de cada palabra. Y quizás por eso, después de tantos años de carrera, su música sigue teniendo la misma fuerza: porque cada vez que canta parece hacerlo como si fuera la primera vez. Y también como si fuera imprescindible.
La cantante estuvo acompañada de una banda integrada por cinco excelentes músicos, entre ellos el batería Tino di Geraldo, enorme, y muy vinculado con Almería y el Festival de Jazz de la ciudad. Con una cuidada escenografía y tres cambios de vestuario, y cuidó todos los detalles, comenzando con el reconocimiento al Maestro Padilla, el compositor que da nombre al Auditorio.
La noche arrancó con Qué has hecho conmigo, una de las cartas de presentación de su nuevo disco, que mostró a una Luz contemporánea pero fiel a su identidad. Le siguió A cada paso, que reforzó esa sensación de viaje vital que atraviesa buena parte de su repertorio. La intensidad emocional se hizo palpable con Sentir y con Lágrima, el fado popularizado por Amália Rodrigues que la cantante interpreta desde la contención y la profundidad, uno de los homenajes femeninos que inspiran el nuevo trabajo.
Con Bravo llegó la mirada hacia el repertorio latinoamericano, un tema, como ella confiesa, dedicada al odio, “un sentimiento que yo no tengo”. Entre mis recuerdos despertó la primera gran ola de nostalgia colectiva en el patio de butacas, y que como ella confiesa, está dedicada a su padre.
Uno de los momentos más celebrados llegó con No me importa nada, convertida desde hace décadas en un himno de independencia. La artista quiso dedicarla expresamente a las mujeres, un gesto especialmente significativo en la víspera del Día Internacional de la Mujer.
La noche continuó con Todo cambia, cargada de simbolismo y esperanza, y con Besaré el suelo, que el público recibió con entusiasmo. La delicadeza de Un nuevo día brillará dio paso a la intensidad narrativa de El blues de la cebolla una de las composiciones más singulares de su último álbum. El repertorio siguió desplegando contrastes con Nada es imposible, Parece ser y la propia Me voy a permitir, casi una declaración de principios sobre el escenario. Después llegaron piezas tan celebradas como Tal para cual.
Temas inolvidables
En la recta final llegaron algunos de los temas más reconocibles de la noche. Rufino convirtió el Auditorio en un coro colectivo, seguido por Loca y Pedazo de cielo, antes de que el público reclamara los bises. Y entonces llegaron tres joyas: Negra sombra, interpretada con una emoción casi litúrgica; Piensa en mí, que volvió a llenar de silencio expectante la sala; y Te dejé marchar, cierre perfecto para una noche de intensidad musical.
La historia de Luz Casal en Almería tiene, además, memoria. Muchos recuerdan su primera presencia, en la gira ‘Rock de una noche de verano’, el año 1983, liderada por Miguel Ríos junto a Leño, cuando aún comenzaba a forjar su leyenda. Desde entonces han pasado décadas de crecimiento artístico, premios y reconocimiento internacional, y escasas presencias en la ciudad, por lo que el concierto era muy deseado.
Pero lo esencial sigue siendo lo mismo: una voz inconfundible, una personalidad irrepetible y una forma de cantar que parece hablarle directamente a cada persona del público. Quizá por eso, cuando las luces se encendieron y la artista se despidió del escenario, el aplauso del público almeriense se prolongó durante varios minutos. No era solo el final de un concierto: era la celebración de una trayectoria que, como sus canciones, ya forma parte de la memoria emocional de varias generaciones.
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