Madrid de Ferias: ARCO y sus satélites
Ahora todo es previsible y sabemos de antemano lo que vamos a encontrar
De todas maneras, la cita es fecha en rojo y hay que estar
El arte andaluz que reluce en Madrid
Cuadragésima quinta edición de ARCO. Cuarenta y cinco años de una Feria que empezó como una inquietante experiencia creada por la sabia iniciativa de alguien con una mente preclara y abierta a un horizonte de diáfanas perspectivas. Una Feria que, ahora, ya no tiene nada que ver con lo que Juana de Aizpuru puso en marcha en 1982 en los pabellones expositivos que existían en la Castellana madrileña. Entonces, en aquella España todo era nuevo; el arte, nuevo; el arte contemporáneo, nuevo; el concepto de feria, nuevo; las ilusiones, también, nuevas. Los planteamientos del arte más avanzado eran poco habituales y nos llegaban, más bien de oídas. Se iba a Madrid a encontrarse con aquello que, decían, era norma en la mayoría de los sitios. Hoy, para bien o para mal, se está al cabo de la calle de lo que es la creación artística actual y se asiste a ARCO sin el romanticismo de aquellos tiempos y sólo para constatar lo que se ofrece en un acontecimiento que, únicamente, es un gran mercado de Arte. Ya, ni siquiera las pamplinas mediáticas para llamar la atención que cada año se ofrecen , ni llaman la atención, ni interesan y, por supuesto, casi ni son portadas de informativos, más preocupados en otros asuntos. El crítico, curtido en muchas ferias, tampoco acude con los mismos ímpetus de antaño cuando buscaba lo nuevo y quería encontrarse con lo mejor de lo nuevo y con los personajes que lo hacían posible –un año vimos a Leo Castelli y a Bruno Bischoberger–. Ahora todo es previsible y sabemos de antemano lo que nos vamos a encontrar. De todas maneras, ARCO es fecha en rojo y hay que estar. Lo llevamos haciendo desde hace casi cuatro décadas.
La Feria de los pabellones de IFEMA es el centro neurálgico de lo que se vende como la Semana del Arte de Madrid, con varias ferias paralelas a lo que se presenta en el madrileño Campo de las Naciones, ferias que conforman una realidad de importancia y que suponen una gran concentración artística de infinito atractivo.
ARCO. Siempre estrella
Entraba en IFEMA y me acordaba de las primeras ferias en la Casa de Campo. Este que esto les escribe, todavía, le pilló ARCO en el Pabellón de Cristal; allí donde acudíamos bajándonos en la parada de Lago. Entonces todo lo llenaban los estudiantes de Bellas Artes, en festivas excursiones buscando experiencias que en sus lugares no encontraban. Hoy ni siquiera te encuentras con estudiantes; sólo encorsetados diletantes, muchos artistas –casi todos espectadores sin stand–, compradores los primeros días, visitas guiadas VIP escuchando por audífonos sofisticados, muchos invitados en los recintos privilegiados -el de Cervezas Alhambra a reventar antes del anuncio de su prestigioso Premio que, después recaería en la vallisoletana Esther Gatón; además, algún que otro famosete dejándose ver por aquello de que ARCO viste y desasna. Nosotros a ver, que hay mucho y poco es el tiempo antes de enfrentarse al Word. Como siempre, la presencia andaluza es lo primero. De nuevo, sólo dos galerías en el Programa General, las sevillanas Rafael Ortiz y Alarcón Criado. La primera, como viene siendo habitual desde siempre, presentaba un stand pulcro, de rigurosidad absoluta, con algunos nombres de su esclarecedor programa, El Equipo 57, Manuel Barbadillo, Carmen Calvo, Fernando Clemente, Graciela Iturbide e Inmaculada Salinas, con el gran Curro González en el Proyecto de Artista. Varias generaciones unidas en un cartel donde no anida la indiferencia. Alarcón Criado, de nuevo, ofrece de los satnd más sugestivos de la Feria. Con obras muy importantes de Alegría y Piñero, Bernardo Ortiz, Cristina Mejías, François Bucher, Ira Lombradía, Iván Candeo, Joao Marçal, Jorge Yeregui, José Guerrero, Mercedes Pimiento, Mp & Mp Rosado, Nicolás Grospierre y Pedro G. Romero; la galería al completo, así como Belén Rodríguez como participante en el Proyecto de Artista. Junto a las galerías sevillanas, la participación de artistas andaluzas se deja notar con algunos artistas que no pasan desapercibidos. Así, Ana Barriga muestra su trascendente iconografía en Rio & Meñaka, con obras poderosísimas que plantean su contundencia representativa. El granadino Antonio Montalvo y el malagueño Nono Bandera dejan constancia de su trascendente figuración en Espacio Mínimo. Julia Santa Olalla brillaba majestuosa con obra tanto en F2 y T20. Rubén Guerrero, Pereñíguez y Juan Suárez sobresalen en Luis Adelantado de Valencia; Marina Vargas y Carlos Aires en ADN; Miki Leal en El Apartamento; Guillermo Pérez Villalta, Alfonso Albacete con Rosa Brun en Fernández Braso; Pilar Albarracín en Bourdais; Carmen Laffón en Leandro Navarro; el gran Manolo Rivera y Luis Gordillo en Guillermo de Osma; Soledad Sevilla en Maisterra; Jacobo Castellano en Mai 36; Juan del Junco en F2, Álvaro Albaladejo y Pablo Capitán en Artnueneve donde se encontraba también Crtistián Lagata, o Guillermo Velasco en T20, por citar algunos. Junto a ellos, obras clásicas muy buenas, Tapies, Barceló, Millares, Benjamín Palencia, Luis Feito, Esteban Vicente, Hernández Pijoan, Palazuelo; compartiendo espacio con ilustres extranjeros, los portugueses Pedro Cabrita Reis y José Pedro Croft; Sonia Delaunay, Arístides Maillol, Henry Matisse, Pedro Calapez, Jesús Rafael Soto, Jannis Kounellis, Pierre Alechinsky, Gunther Forg… y un largo etcétera. Todo completado con buena pintura joven, muy correcta fotografía y pocos brindis al sol.
Creo que una buena Feria que sigue abriendo las perspectivas del mejor arte nacional e internacional.
CAN. Para creer en el arte nuevo
Que Urvanity ha sido la única feria que, tras ARCO, algo más aportaba en esta semana dedicada al arte, era algo más que una opinión personal. El interés de las galerías buenas por participar, la calidad de lo presentado, así como la trascendencia artística que manifestaba, no lo tenían las demás ferias satélites. Ya, con el cambio a CAN –Contemporary Art Now– sigue teniendo infinito atractivo porque transmite la frescura que otras no tienen. Y eso se observa nada más que cruzas la entrada a los espacios del antiguo Matadero. Can es otra cosa. El arte más nuevo se hace presente con pasión. Los artistas son artistas de hoy, sus obras no rezuman el alcanfor que se huele en otras ferias y transcriben un arte nuevo y comprometido. Esta realidad se manifiesta en la buena participación de tres de las galerías jóvenes andaluzas que mejor están trabajando –cómo se echa de menos, la que dirige Jesús Barrera– y que no son otras que las sevillanas Di Gallery y Espacio Derivado, así como Yusto Giner, con espacios abiertos en Madrid y Marbella. Los artistas de Andalucía se sucedían mostrando su implicación en lo mejor del arte contemporáneo. Yusto presentaba un stand con dos artistas andaluces, Julio Anaya y Fran Baena, junto a Rikka Anttonen, Jeremy Olson, Zachary Lank, Magda Kirk, Rei Xiao y Line Finderup. Mucho bueno se encontraba en la galería de Juan Cruz, con artistas andaluces de mucha claridad; me encantó la obra de Rosa Aguilar, Pablo Padilla, Pepe Domínguez, Silvia Cosío. Junto a los andaluces, la canaria Enma Marting. La galería de la Plaza del Cristo de Burgos presentaba a Matteo Pacella, María Amador y Julio Sánchez, los Poof Poof, Elena Matamoro y el especialísimo trabajo de Raquel Eidem; todo muy bueno con esos esclarecedores márgenes que potencian lo artístico. Además, lucidez total en lo presentado por Juan Riancho de Siboney, con los Ramiro Fernández Saus, Teresa Moro y el gran Mateo Charris en su línea de absoluta solvencia. Me gustó todo lo que se presentaba en la galería Marc Babiloni; sobre todo, una inquietante escultura textil de Ela Fidalgo. Importante Emilio González Saínz en Trinta y Elou Arribas y Natalia López en Herrero de Tejada. Para terminar, el stand, pulcro, seguro y trascendente de Fer Frances en Veta, con un poderosísimo Santi Ydáñez y muy buenos Matías Sánchez. Tampoco hay que olvidarse de las obras de Agus Díaz, Nieves González o Virginia Bersabé.
ART Madrid. Necesita mejorar
ART MADRID es, después de ARCO, de las ferias más veteranas de cuantas tienen lugar en este marzo cuaresmal. Feria con un deambular demasiado irregular. Si empezó, éste hace veintiún años, con muchas expectativas, acogiendo galerías fuertes –muchas retiradas abruptamente de lo que se cocía en IFEMA–, su discurrir ha tenido, En ella encontramos mucha pintura, sobre todo, de esa que hoy se da en cualquier espacio expositivo de no demasiados alcances. Destacar al onubense Jorge Hernández y su distopía representativa en Aurora Vigil-Escalera de Gijón; la granadina María Bejarano, en Espiral, de Noja, con una correcta figuración; buena la obra de Antonio Barahona y Alejandro Quincoces en María Aguilar; el minimalismo ilustrativo de Leo Wellmar en Luisa Pita de Santiago de Compostela; la contenida gestualidad de Pedro Rodríguez en Bat Alberto Cornejo de Madrid; los Okuda en 3 Punts de Barcelona; la personal representación de la zaragozana Eva Armisen en Alba Cabrera de Valencia; los transgresores retratos de Daniel Sueiras en Moret de La Coruña; la poderosa abstracción cromática de la sevillana Ángela Mena en Siguenza y poco más en una feria sin sobresalto alguno.
Just MAD. Visiblemente mejorando
Es casi vecina de ART MADRID; aquella en Cibeles, ésta en Neptuno. Más joven y con una apuesta, desde el principio, por galerías jóvenes que aportaran frescura y, al mismo tiempo, dieran cobertura a los miles de artistas que no tenían cabida en espacios de mayor envergadura.
Llevo tiempo diciendo que el Palacio de Neptuno es demasiado pequeño para esta feria. Los stands estaban demasiados apelotonados; la visión y la movilidad se antojaba absolutamente trabajosas. No obstante, parece como si en esta edición hubiera una mayor claridad; algo que se agradece. Nos hemos encontrado con obras importantes, que aportan claridad, solvencia y hasta cierta trascendencia en medio de una general correcta medianía. Así, muy importante y mostrando su personalísimo cuestionamiento del medio artístico, la obra de la granadina Belén Mazuecos en Garage Bonilla que ha obtenido el Premio Adquisición de la Colección Rucandio de la Feria; ella compartía stand con la también granadina María Dávila, autora de una figuración velada y con Manuel Antonio Domínguez y su obra ecléctica de fuerte conceptualismo. Interesante; asimismo la obra de Helena Minginowiez (La Panartería), la cerámica de Ana, Pool, la gestualidad, así como la gestualidad cromática de Oto y Nicolás Villamizar (Paterna y Herencia), la ingenuidad de Ana Barrachina (The Global Art); la textura de Blanca Arzuaga y la figuración referencial de Óscar Leonor (La Zona Incontrolable); el paisaje metafísico de Francisco Carmena (Claret Project); el buen diseño expositivo del conjunto de la galería Baitala de Argentina; los edificios deconstruidos de Belén Cobaleda en Montsequi, así como el buen stand de 25 Art con Susana Jiménez, Silvia O’hara y Ana Alcaraz. Una feria, en definitiva, para seguir confiando en ella.
La Semana del Arte se completa con SAM, este año en el patio central del Círculo de Bellas Artes. La pequeña feria que ideara Jorge Alcolea, muestra un patrimonio de nombres que encierra la historia de los nombres más significativos del arte del siglo XX. También Hybrid, esa mini feria en las habitaciones del Hotel Petit Palace Santa Bárbara que, con una filosofía que fue pero ya no es, no acaba de romper. Junto a ellas, la veteranísina Flecha, que nació como contrapunto a ARCO pero que nunca tuvo un contundente deambular. Tampoco se deben dejar fuera las buenas exposiciones que, aprovechando las fechas, reclaman máxima atención. Les recomiendo, además de las del Reina Sofía –Maruja Mallo, Elena Asín, Juan Uslé y la estructuración de la colección–, la de Jordi Teixidor en la Sala Alcalá 31, la de Javier Garcerá en Centro Centro Cibeles; espacio que, asimismo acoge la muestra ‘Madrid Colecciona. Y para mí, una muestra sobresaliente, la de artista danés Wilhelm Hammersoi (1865-1916), ese pintor que plasma como nadie el silente de las estancias vacías.
Madrid, festivo por sus infinitas Ferias.
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