Análisis

Aarón Martínez

No diga gol, diga...

Un nueve brasileño, clásico, de área, goleador innato y diferente al resto

Siempre me ha generado curiosidad lo que tiene que sentir un crío que haya crecido con el Almería en estos últimos años. En esas edades, la fascinación por una figura como la Sadiq Umar tiene que ser desproporcional. Una especie de mito adorado por ser diferente al resto de los 21 futbolistas que ves cada fin de semana. Admito incluso un punto de envidia por no haber pillado esta época en plena niñez, aunque todo acaba en buen puerto acompañado de cierta bebida fabricada con cebada. Todo era muy diferente en mis primeros años en los Juegos Mediterráneos. Recuerdo con especial cariño la cercanía que supuso la implementación de las gradas supletorias en 2012. Ese año, también un delantero marcó definitivamente mi idilio con esos hombres vestidos de rojiblanco. Un nueve brasileño, bastante diferente a lo que era el nigeriano. Un ariete más clásico, de área, goleador innato y que brilló en su única temporada en Almería. Charles Brau, señoras y señores. Siempre aparece en cualquier conversación de ámbito almeriensista ese eterno debate por el mejor punta de la historia. Algo que va de la mano con la juventud y los primeros pasos de cada uno en el graderío del equipo almeriense. Los que peinan canas te hablan de Paco Luna y sus tardes en el Juan Rojas. Los hijos del ascenso de Álvaro Negredo, una institución en el cuadro indálico en los primeros cursos en Primera División. Otros se quedan con Leo Ulloa, Darwin Núñez o Kalu Uche. Sin embargo, desde esta tribuna siempre se defenderá el nombre de Charles. Su voracidad goleadora me encandiló en su día y, desde entonces, cualquier comparación se me queda inexplicablemente corta. Porque el brasileño fue el responsable, quizás, de que ahora esté escribiendo estas líneas. No diga gol, diga Charles Brau.

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