Los duendes del tiempo

17 de enero 2026 - 03:06

La luz es grabada en un soporte material o digital, siempre ella define la imagen percibida en el foco de la cámara. El primero posee limitadas posibilidades de nitidez, siempre existe un limite que anula la precisión del detalle ínfimo.

Es con la cámara tradicional cuando es necesario un soporte material, para fijar la imagen comunicada por el halo luminoso captado. Los instrumentos digitales, igualmente, poseen medios materiales en los que se graban sus impresiones magnéticas, mas poseen mayor profundidad de imagen, exactitud en los detalles atrapados, y plasticidad en su manejo y evacuación hacia entornos virtuales.

En los medios clásicos la plasmación es única, aislada del resto, secuenciada, cuan puntos sucesivos que captan momentos únicos, salvados de la gracia del instante.

Ambas técnicas muestran dos formas de sentir la existencia. Pues mientras una se centra en la capacidad e intuición del individuo, en la otra es la técnica quien dirige todo el proceso; la primera esta humanizada, la segunda transciende la persona. Una, muestra la realidad fija, inmutable, tal cual se percibe, otra, la realidad fluida, cambiante y manipulada.

Esto no salva la manera fotográfica tradicional de la traición perceptiva, pues según sean secuenciadas las instantáneas, más la necesaria sugestión, podrá alterarse la historia narrada en su comprensión.

Pero la diferencia mayor consiste en la conjunción de la luz impresa y el medio que la soporta. La fotografía tradicional se transforma en un elemento asociado al tiempo, sujeto a su imperio, sufriendo en su naturaleza alteraciones y desperfectos, decoloraciones y brumas, lo cual le va impregnando un signo especial que lo liga al ambiente donde permanece. Estas imperfecciones le confiere mayor humanidad, sean realidades fidedignas o alteraciones, y están destinadas a un final en el tiempo.

La huella inicial de su creador, emoción o aura plasmada, quedan depositadas en ellas, siendo el devenir hacia su extinción un proceso vital, en el que modifica su figuración, descubre nuevas sensaciones, acoge impresos los genios del lugar, transmiten evocaciones y nostalgias. Incluso cuando esta acción es intencionada, pues reflejan el impulso de su autor, su fuerza grabada en la superficie. Este es el efecto conseguido en las piezas expuestas por Joan Fontcuberta, en sus cinco series fotográficas, elaboradas en distintos periodos. En ellas se percibe la huella erosiva del tiempo, del tacto, la impronta de seres y duendes del tiempo. Ingeniosa e interesa propuesta plástica.

Autor: Joan Fontcuberta. Título: Háptica. Exposición comisariada por Sema D’Acosta en el Centro Cultural Fundación Unicaja de Almería, hasta el 22 de febrero de 2026.

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