Tecnología, un refugio ante el conflicto en Irán
Lo que hemos cambiado
La entrada de Cristiano Ronaldo a la UD Almería, anunciada a bombo y platillo, ha ido apaciguándose cual soufflé al salir del horno. Con permiso del próximo partido en casa, prueba de fuego para comprobar que la afición mantiene la cordura ante la llegada del luso, las aguas se han calmado gracias al paso de los días. Este jaleo externo se convirtió también en un murmullo interior que, ante esta incorporación de un nuevo inversor, ha servido para reflexionar minuciosamente sobre la situación actual de la UDA. Y lo cierto es que uno contempla con alivio la metamorfosis experimentada. Hace apenas año y medio los almerienses nos temíamos lo peor. El club acababa de completar una temporada patética en Primera que había premiado dando continuidad a esos futbolistas generosamente remunerados cuyo rendimiento había regado de rojiblanca vergüenza casi todos los campos de España. De Turki nada se sabía, obnubilado por sus muchos hobbies de multimillonario excéntrico que posee un patio de juegos de las dimensiones de un país y, para colmo, El Assy acumulaba casi ocho meses sin ponerse frente a los micrófonos. Hoy, cuando todavía no se ha cumplido un año desde la compra de Al-Khereiji, todo es más halagüeño. La plantilla se ha renovado desde la sensatez, el proyecto es competitivo, el club se preocupa por la masa social, la inversión se está diversificando y, lo más importante, la fase 2 del estadio parece que, por fin, llegará. Todo esto podría culminarse con un ascenso, aunque hacer que dejemos de ver el fútbol a varias decenas de metros de distancia sería el mayor logro de la actual directiva. Ahí, ya sí, corroboraremos que el cambio de propiedad fue para mejor.
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