Luces y Razones
Antonio Montero Alcaide
Tiempo de invierno
Aunque suelen asociarse el clima y el tiempo, se refiere el primero a las condiciones atmosféricas propias o características de una región, y el segundo, el tiempo, denota el estado atmosférico, por el que puede hacer buen o mal tiempo, como los estados del ánimo. Pues, aunque no se trate -en esto no es así- de hacer sinónimos ánimo y tiempo, verdad es que en el segundo puede influir el primero, ya que las luces del tiempo vitalizan o recogen el ánimo. Asimismo, la coyunturas del tiempo, en la presentación de los días, no suelen apartarse de las maneras del clima. Si bien este, con el comodín -casi el mantra- del cambio climático se presta tanto a rotos mayores como a descosidos inoportunos. No se entienda con esto una posición negacionista -hay guardianes del celo políticamente ortodoxo por doquier-, sino a modo de referir el uso instrumental, e inoportuno, que puede darse a lo que tiene poco ver con otros propósitos finales, las más de las veces escondidos, como si estuvieran en las sombras de las luces del tiempo. Otra cuestión, más apartada de las controversias banderizas, es que en las manifestaciones del tiempo no falten señales de su cambio, o que coexistan lo acostumbrado -las mortecinas hojas caducas- y las expectativas transformadoras –el primaveral colorido de las flores-, para que en el callejero, debajo de los paraguas, no nos falten constataciones y premoniciones. Tiempo de invierno.
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