El manuscrito

Cambiar a morir

La esencia de la vida es la evolución y la mutación y el único organismo que no cambia ni se transforma es el que está muerto

Parece haberse convertido en opinión común que esta pandemia todavía no concluida va a ser el inicio de un cambio sustancial que nos va a llevar al paraíso de la bondad, el progreso y la fraternidad universal. Personalmente, les confieso que tengo mis dudas, tantas o más que cuando Sarkozy y otros anunciaron, en el apogeo de la crisis de la deuda, ni más ni menos que la refundación del Capitalismo: resonaba a "grandeur" y era una "boutade". Cómo no acordarse de aquel "miles gloriosus", el soldado fanfarrón, el valentón de boquilla que, al modo de Plauto, Cervantes transplantó a la vida cotidiana y convirtió en paradigma al darle existencia y palabra en su soneto al túmulo de Felipe II en Sevilla: "Y luego, incontinente, / caló el chapeo, requirió la espada, / miró al soslayo, fuese, y no hubo nada". No creo que cambiemos a mejor, pero sí que habrá mutaciones en nuestra vida y en nuestro entorno. Pobres de nosotros si no las hubiere.

Que hay resistencia al cambio no se le escapa a nadie: quien tiene teme perder y más teme la pérdida quien nada tiene. Se abrazan a lo de: "En tiempos de tribulación, no hacer mudanza", aunque San Ignacio de Loyola en realidad escribió que, en tiempos de desolación (esto es, de desesperanza) hay que mantenerse firme y constante en los propósitos. O sea, ser fiel uno a sí mismo y no apartarse del camino aunque sienta que todo se desmorona. Ya ven, corremos el riesgo de caer en manos de los que defienden que todo siga igual, que España siga dependiendo del turismo y la hostelería y vuelva a estrellarse en la siguiente gran crisis.

Claro que da vértigo pensar que el mundo que vemos no es aquel para el que nos educaron, pero resulta que las cosas están en constante movimiento, sea progresivo o regresivo. Preguntándose Marco Aurelio cómo es posible temer el cambio, propone ejemplos con interrogaciones retóricas: "¿Podrías tú mismo lavarte con agua caliente si la leña no se transformara? ¿Podrías nutrirte si no se transformaran los alimentos? Y otra cosa cualquiera entre las útiles, ¿podría cumplirse sin transformación?" (Traducción de Ramón Bach). Habremos de cambiar o morir porque la esencia de la vida es la evolución y la mutación y el único organismo que no cambia ni se transforma es el que está muerto. ¿Queremos un país vivo o un zombi con himno y bandera? Creo que ahí está la pregunta primera, de cuya respuesta depende todo lo demás.

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