Cosas de tiquismiquis

En alguna ocasión ha aparecido esta palabra entre las finalistas de esas encuestas en las que se pregunta a los españoles por sus voces preferidas

Claro que los hay… y muchos. Mire usted. Con muy pocos días de diferencia leí en un diario nacional que “la fama de tiquismiquis de la reina Letizia es inmensa”. Jon Juaristi, en un artículo de opinión decía: “Hoy creo que no sería tan tiquismiquis ante las corruptelas que se tiran a la cabeza unos partidos a otros con análogo cinismo”. Otro rotativo pero en digital le puso al televisivo chef, Jordi Cruz, la etiqueta de “el chef tiquismiquis”. La aparición de esta palabra, tiquismiquis, en diferentes medios nos confirma la revitalización de tan sustancioso sustantivo, que últimamente parecía un tanto desplazado del lenguaje de la calle.

Tiene varias acepciones, una, “escrúpulos o reparos de poca importancia”. Otra, “dichos ridículamente corteses o afectados”.

Corominas sitúa su aparición –la de la palabreja de marras- a mediados del siglo XVII, fruto de la evolución del latín macarrónico. Son muchos autores los que lo mencionan. Otros recurren a su uso, como Cervantes en 1615.

Hemos indagado hasta nuestras posibilidades y no lo conseguimos hasta Quevedo, que en 1632 difundió como anónimo el opúsculo (esos tratados científicos o literarios de más bien corta extensión), Perinola, para algún especialista en literatura “sin dudarlo, la más eficaz, divertida, original y maligna de cuantas sátiras literarias se han escrito en español y que Francisco Gómez de Quevedo y Villegas, noble, político y escritor del Siglo de Oro, caballero de la Orden de Santiago, tanto influyó en la obra de Jorge Luis Borges y Camilo José Cela”.

Don Francisco, que se lo dedicó “al doctor Juan Pérez de Montalbán, graduado no se sabe dónde, y en lo qué”, escribe “Y pudiera Valdivieso borrar esto, y fuera de mejor seso que escribir una aprobación muy estudiada de tiquis miquis”. Antaño era frecuente la grafía en dos palabras, tiquis miquis, que emplea Pérez Galdós “… la justicia de estos tiempos no se nada con tiquis miquis”. Él y otros autores también lo escriben con guión, tiquis-miquis, forma que hoy rechaza la Real Academia Española.

En alguna ocasión ha aparecido esta palabra entre las finalistas de esas encuestas en las que se pregunta a los españoles por sus voces preferidas. Lo explican su sonoridad, su ritmo, su expresividad… Y además, quien más, quien menos, todos nos hemos sentido en alguna ocasión un poco tiquismiquis.

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