Dar de comer a las palomas: un peligro para la salud

Por su riqueza en materia orgánica, los restos de comida son un buen soporte para el desarrollo de microorganismos y de plagas.

Dar de comer a las palomas puede parecer un bonito gesto, pero también supone un riesgo para la salud. Histoplasmosis, clamidiosis y toxocariasis son solo algunas de las enfermedades que pueden llegar a transmitir estos animales, advierte la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (Anecpla).

«El número de palomas comunes se ha visto incrementado de manera abismal en los últimos años, en gran medida debido al alimento que ciudadanos, no autorizados, les ofrecen».

Los resultados demuestran que las poblaciones de palomas disminuyen un 50% sin comida. «Es importante que se ataje este problema por parte de las administraciones públicas», demandan desde la Asociación Nacional.

Por su riqueza en materia orgánica, los restos de comida son un buen soporte para el desarrollo de microorganismos y de plagas. Cuando un abuelo con su nieto, u otra persona, lanza trozos de pan a las ansiosas palomas, en realidad no sólo están poniendo en riesgo la salud de todos los individuos de esa zona, sino que están ofreciendo la materia prima ideal para el desarrollo de otras muchas plagas.

«Además de ser un problema higiénico», alerta desde la dirección general de Anecpla, «las cucarachas y todo este tipo de plagas, pueden ocasionar graves enfermedades, como la disentería y la salmonelosis, además de generar alarma social debido a su mera presencia si esta es masiva». Asimismo, cucarachas o ratones son susceptibles de provocar alergias en las personas, manifestándose éstas en forma de estornudos, lagrimeo y goteo nasal; y en algunos casos, esas manifestaciones se pueden complicar ocasionando una crisis asmática severa en caso de que el sistema inmune de la persona afectada no responda adecuadamente.

También los excrementos de los perros no solo deslucen esta Almería nuestra, la ensucian y evidencian la mala conciencia cívica de sus dueños y suponen, a la vez, un problema sanitario. Estas cacas pueden transmitir enfermedades de un perro a otro, pero también de un animal al hombre. El agua y vinagre para diluir la orina de éstos, ya es un buen detalle cívico, ya que esa orina es altamente corrosiva y destroza farolas, señales y paredes.

Ya se inició en Granada la campaña “El marrón más caro del mundo”, sancionando con 750 € a aquellas personas que no recogiesen los excrementos de su mascota en la vía pública.

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