El manuscrito

Derecho a no protestar

Las personas gozamosdel inalienable derechode ser sumisos y no exigir nuestros derechos

Hace unos días, como ciudadanos responsables que intentamos ser, acudimos al punto limpio de Almería (en realidad, es la parte menos sucia de su entorno) para reciclar residuos. En la entrada, una barrera prohibía el paso a personas no autorizadas. Hubo que discutir para que nos dijeran en dónde dejar el cartón: un contenedor de los que retiraron hace lustros, oculto y bloqueado tras otros cuantos en estado igual de lamentable. El operario, ante nuestras protestas, sugirió que dejáramos los residuos en un solar abandonado al otro lado de la calle. Bonito, ¿verdad? Pues ahora viene lo bueno. Miren lo que dice la web de esa instalación: "Una vez que llegues a un punto limpio un operario te informará en que (falta la tilde, sí) contenedor se deben depositar los residuos. Se puede acceder tanto a pie como en vehículo particular, que puede situarse junto al contenedor marcado con el nombre del residuo a verter". ¿Punto limpio? Tururú. ¿Atención al ciudadano? ¡Me parto de la risa! ¿Almería más limpia? Que venga el Alcalde a mi calle y nos lo repita mirándonos a los ojos.

Poco antes, nos cambiaron en el coche de mi mujer una pieza que el fabricante incorporó defectuosa en todos los modelos de esa gama. Hubo que pagar más de doscientos euros porque el concesionario se negaba a hacer la reparación de un coche que nos vendieron defectuoso si no se le pagaba el taller. Así, tal cual, con un par. Cuando reclamamos el informe de diagnóstico de nuestro vehículo, se negaron aduciendo que esos datos eran privados (¡los de NUESTRO coche!). Por no querer, ni siquiera quiso atendernos el responsable de postventa: estaría muy ocupado para tratar con dos clientes cabreados. A una persona que miraba un coche igual, le conté lo que nos estaba pasando y cómo para un problema parecido en un concesionario de otra marca no me cobraron absolutamente nada. Me miró, dio media vuelta y se marchó.

Bajan los impuestos a las eléctricas y se disparan los recibos. Las petroleras suben el precio cuando aumenta la demanda. Las telefónicas tienen permiso para no dar lo que cobran. El Ministerio de Consumo con sumo gusto vive en las nubes. Todo es una orgía de "call-centers" diseñados para desanimar. Gozamos del inalienable derecho de ser sumisos y no exigir nuestros derechos. Como dijo un conocido delincuente: "¡Es el mercado, amigo!". Desde que somos consumidores, los compradores estamos vendidos.

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