El civismo y la crianza deben mamarse; es decir, inculcarlos a la criatura desde su más tierna infancia en la casa, en el hogar familiar. Pues hete aquí que cuando bajo por nuestra hermosa avenida Federico García Lorca, donde casi confluyen los colegios Jesuitinas, La Salle y el Celia Viñas, en el momento que los alumnos finalizan el tiempo de refrigerio y el descanso, regresan a sus clases, atrás dejan un rastro inerte de envoltorios del bocadillo, envases, bolsas vacías de snak, restos de comida a la espera que un sufrido empleado de la limpieza pública subsane el despropósito. Es evidente que algo estamos haciendo mal, para que unas elementales normas de convivencia y respeto no hayan calado en esos jóvenes que mañana se podrán manifestar contra la ley de educación, el cambio climático o contra la contaminación de los mares.

La Rambla no es un cenicero, ni un basurero, para que esa juventud que mañana serán hombres y mujeres de nuestro nuevo mundo, hoy sean unas almas desahogadas para que “Almería limpia, gusta más”.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios