La Corona de la Reina

Gentleman

Hay veces donde las palabras sobran y habla el silencio. Emocionada, le asentí con la cabeza

Quien no se mueve, no siente las cadenas. Cuando lo llamé despegaba a Dubái. Era el quinto avión que cogía en apenas tres días y el cuarto hotel donde se iba a hospedar. Media vida en aeropuertos, despertándose con luna y durmiéndose con el café del desayuno. Puede comer sushi y cenar unas fajitas. Y, aun así, no tiene ojeras. Tiene luz. A esas horas de la tarde, la que traspasaba el cristal de las vidrieras era más tenue que la que rebosaba en la cara de Pilar. Para una madre, el éxito no está en los logros de un hijo, sino en el esfuerzo para conseguirlos. Sentada a la derecha de la bancada, se le notaba orgullosa. Me miró cómplice. Hay veces donde las palabras sobran y habla el silencio. Emocionada, le asentí con la cabeza. Se abotonó la chaqueta de un gris verdoso y se alzó camino del altar. La elegancia no la da la ropa, ni la clase el dinero. Jamás he visto a nadie portar un traje con menos arrugas y más distinción. Acostumbrado a los estrados, aquel escenario no era uno más. Lo escuchaba en su sagrario, engalanada como el ponente, parecía como si desde el trono quisiera darle las gracias. Agradecimiento en nombre del pueblo y de su gente, por difundir el nombre de Macael como un estandarte y una seña de identidad. Fiel a su cita en otoño, la porta de su hombro al sacarla en procesión por cada siete de octubre, confundiéndose con el sol, el manto que a Ella la cubre. Ferviente defensor de sus orígenes, con un reloj que no nunca se detiene, siempre saca el tiempo con el que no cuenta para regalárnoslo a los demás. Si cierro los ojos, se me representa con una sonrisa invariable y sincera. De las de verdad. Nunca lo he imaginado sin ella. Cualquier odontólogo lo querría como imagen de su clínica y las marcas de dentífrico pagarían para que publicitase su pasta. Sin darle el pincel a nadie, es capaz de ser el artista de su propia vida. Un todo terreno que le sobran los caminos. Reconocido a nivel mundial por sus logros empresariales, los que tenemos la suerte de disfrutarlo, sabemos que detrás de una comisura labial permanente a modo de circunferencia, se esconde un luchador incansable; que debajo de una camisa inmaculada, late un corazón tan grande que sobrepasa el algodón de la blusa.

Tremendamente natural, galán de noche y seductor de día, líder en su esencia que no en su apariencia, es sencillamente irrepetible. Querido Edu, si no existieras, habría que inventarte. Con R de REINA.

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