El manuscrito

Mens sana in corpore sano

Los clásicos nos enseñan muchas cosas: solo hay que darles la oportunidad de hablarnos al oído y ayudarnos a verlas

Si quieres la paz, prepara la guerra. ¿Hasta cuándo vas a seguir abusando de nuestra paciencia? Temo a los griegos hasta cuando traen regalos. Dorada medianía. Nada nuevo bajo el Sol. El número de los idiotas es incontable. Conócete a ti mismo. Pan y circo… En nuestra época, como en muchas otras, se tiende a darle respetabilidad a las cosas trayendo a colación expresiones que en su momento se formularon en latín o en griego, aunque hoy solo quede la difusa idea de que se acuñaron en la Antigüedad y cada vez menos personas sean capaces de citarlas correctamente.

Hoy quiero referirme a eso de "mens sana in corpore sano", lema repetido hasta la saciedad sobre todo en el ámbito de la actividad física y que me parece una más de las falsificaciones con las que pretenciosamente se quiere legitimar un producto comercial. Mirándola tal cual está, nos habla de que hay una mente sana (o cuerda, que también eso significa "sanus" en latín) en un cuerpo sano. No está claro, como pretenden los acólitos de la subcultura del músculo, que un cuerpo sano produzca como resultado una mente sensata. Es una impostura intelectual, sobre todo si miramos su fuente, la Sátira X de Juvenal: "Hay que rezar para tener una mente sana dentro de un cuerpo sano. Pide un espíritu fuerte que no sienta el terror de la muerte, que entre los dones de la Naturaleza cuente el momento último de la vida, que pueda afrontar cualquier esfuerzo, que no sepa montar en cólera ni ansíe nada". Cómo cambian las palabras cuando les quitamos el contexto, ¿verdad? No haré como aquel conspicuo académico que se mofaba de los brutos ignorantes a los que lanzaba sus dardos por no saber usar las palabras. Si se quiere pensar que el músculo crea sentido común, ningún daño hace: yo solo digo, como filólogo, que es una falsificación causada por repetir las cosas sin pensarlas. El autor del "mens sana in corpore sano" nunca hizo publicidad de ningún gimnasio. Proponía algo mucho más simple: pedir a los dioses, aparte de salud, tranquilidad de espíritu. ¿Para qué queremos energía, músculo y vitalidad si la cabeza no funciona como debería? ¿Para qué sirve la tableta de Rambo, nuestro moderno "Hercules furens", si no somos capaces de comportarnos con mesura? Los clásicos nos enseñan muchas cosas: solo hay que darles la oportunidad de hablarnos al oído y ayudarnos a verlas. Quizá no las entendamos mejor, pero sí de otro modo.

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