De puerta a puerta

Andrés Caparrós

Comunicador

Objetivo, quebrar a Felipe

En los breves descansos entre round y round, los auxiliares acuden, jadeantes, a cicatrizar heridas y curar moratones

Hace poco Pedro Sánchez dijo en el Congreso: - “A quienes quieren quebrarme, les aviso; van listos”. Como la risa sardónica de meses atrás burlándose de Feijóo, la expresión, típica de hampones colombianos o mejicanos, sonó en el Congreso a quejido de bisagra enrobinada; por el tono aguerrido y victimista al que llegó pronto después de haber empezado proponiendo una etapa de buenos modales sin broncas verbales, y por embrollar a los tontos que no ven la verdad que oculta por su interés. Nadie lo está quebrando más de lo que se está quebrando él mismo con su impericia y prepotencia.

- “A quienes quieran quebrarme, lesaviso; van listos”.

Como dijo en El Hormiguero, esta advertencia chulesca llamó la atención de Felipe González; también, que Pedro Sánchez diera por seguro el final del calvario que vive el matrimonio, con la exoneración absoluta de Begoña Gómez, profesional ejemplar y amada cónyuge: “¡No hay caso!”, afirma, adelantándose a la UCO y al juez que trabaja meticulosamente paso a paso, indicio a indicio.

Demoledoras las reflexiones, la ironía y el conocimiento con que habló el expresidente González. Su autoridad y sus razonamientos, sólo pueden ser cuestionados por los mal informados y bien manipulados; esos que no han tardado en situar a Felipe, junto a Feijóo y Abascal, en la “fachosfera”.

¿Dirán mañana o pasado, Tezanos y sus encuestas, que las declaraciones de González están siendo el revulsivo definitivo que permitirá a Sánchez reivindicarse triunfalmente como un genio ante Europa y España, el 9 de junio? Si así fuera, después de intentar quebrarlo habría que intentar homenajearlo. Pero, no va a ser posible lo primero ni va a ser necesario lo segundo. Porque, lo previsible, es que la reacción visceral de Pedro Sánchez y su núcleo duro alentando o permitiendo los ataques a quien todos ellos deberían respetar, puede ocasionar un tropezón más, quizás el decisivo, que le haga caer de bruces sobre la lona de este cuadrilátero de sus continuas peleas.

Mientras tanto, en los breves descansos entre round y round, los auxiliares acuden, jadeantes, a cicatrizar heridas y curar moratones, y el manager, ¿Bolaños?, intenta insuflar ánimo al pupilo repitiéndole que la victoria es segura, y está cerca. Le miente, y lo sabe: cuatro o cinco millones de espectadores cautivos de la oratoria del viejo y sabio político sevillano, al que tanto le deben el PSOE y España, son un gancho de nocaut en el mentón de un político arrogante, mediocre y pendenciero.

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