Regalos perfectos

En la educación que has mamado te han enseñado que hay que dar siempre las gracias, y también a no esperar nada

De Este fin de semana lo has pasado con algunos de tus hermanos, disfrutando de otra ciudad y otro entorno en el norte de tu país, muy distintos al sitio en el que vives. La lluvia y el frío os han acompañado, aunque te parece que esto, más que un problema, es una bendición, especialmente el agua, que para tu provincia quisieras, de ese modo lento, pausado, que alimenta a la tierra, tan sedienta.

El viaje es consecuencia de un impulso, del deseo de encontrar tiempo para pasar juntos, y te lo regalaron tus hermanos en tu cumpleaños. El precio de los vuelos desde el cercano aeropuerto de Málaga suele ser razonable, y llevarte a divertirte a otros lugares una decisión inteligente. Los que te conocen saben que, entre todas las opciones posibles para obsequiarte, un pasaje a cualquier destino es un acierto seguro. No todos tenemos la misma suerte en lo que se refiere a los regalos. En muchas ocasiones, responden a los deseos y anhelos de quien trata de agasajarte, más que a tus gustos o aspiraciones. En otras, hasta piensas que, a conciencia, te han hecho llegar algo que no te apetece, que no usarías, que no sabes qué hacer con ello, para ver tu reacción, porque si dar algo para celebrar cualquier acontecimiento te muestra cómo es la persona, la respuesta ante el presente también te desnuda cuando lo recibes.

La alegría por lo que te llega en la vida la deberías llevar de fábrica, por aquello que te decían tus abuelos, que es de bien nacidos ser agradecidos. Pero a veces te cuesta dejar ver tu aprecio por el detalle, porque realmente no te gusta, esperabas otra cosa, o no esperabas nada, o te da vergüenza no haber adquirido algo tú, sobre todo en los momentos en que la celebración parece requerir de reciprocidad en la generosidad, y tú no te has acordado de quien ahora te entrega el regalo.

En la educación que has mamado te han enseñado que hay que dar siempre las gracias, y también a no esperar nada, porque no por merecerlo lo recibes, y a admitirlo con humildad cuando parece no corresponderte, porque te quieren aunque te equivoques.

Aprendiste en casa a disfrutar más dando que recibiendo, y con cada regalo que haces muestras el amor por la persona a quien va dirigido, incluso aunque no aciertes en la elección. En este tiempo de regalos que ha acabado, lo que de verdad te importa es la voluntad, y lo que más te divierte es el momento compartido.

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