Manual de disidencia
Ignacio Martínez
Tinta y contexto del golpe
En la política española hay una delgada línea de separación entre liderazgos fuertes y liderazgos autocráticos. Un liderazgo sólido se cimenta en el carisma y se pone al servicio del colectivo. Un liderazgo autocrático se basa en el ordeno y mando y pone al partido al servicio de una persona. El primero es muy conveniente, incluso necesario, para mostrar unidad y firmeza y sortear los reinos de taifas (fueron decisivos, por ejemplo, para la decadencia de UCD). El segundo produce la mutación del partido en rebaño o en secta (según el nivel intelectual de sus integrantes).
Le pasó a Podemos en cuanto Pablo Iglesias malversó el proyecto político para convertirlo en un asunto personal y familiar. Acabó ejecutando una purga estalinista sin sangre entre sus compañeros de aventura. Actualizar a hoy una fotografía de la cúpula podemita equivale a recuperar retratos de la pandilla de Stalin: han desaparecido todos menos él. Con la foto fundacional de Vistalegre ocurriría lo mismo. Eso fue compatible con que el Líder consultara a las bases si hizo bien en irse a vivir a un chalé.
Hace tiempo que en Vox pasa tres cuartos de lo mismo. Subido a una ola de triunfos parciales y expectativas demoscópicas notables, Santiago Abascal está aparcando todo lo que le recuerde a sus modestos orígenes y apartando por las bravas a cualquiera que pueda hacerle sombra o discrepar de él en lo más mínimo. Está primando su figura y su exacerbado populismo por encima de las ideas conservadoras radicales que nutrieron al partido. Más que un presidente de un partido fiel a unos estatutos democráticos parece un conductor de afiliados sumisos, ciegos a todo lo que no sea obediencia, un Duce.
Tiene la virtud de la sinceridad: no adorna sus depuraciones con ningún disfraz ideológico o político. Basta con que alguien no diga amén ante sus decisiones o se atreva a matizar alguna medida o plan de la dirección unipersonal de Vox para que sea defenestrado. No importa quién. Así han caído en los últimos días el ex secretario general y fundador Ortega Smith (su amigo íntimo) y dos concejales más de Madrid, y están a punto de caer el carné número uno del partido que puso su negocio como primera sede y el presidente de Vox Murcia. Antes fueron Olona, Espinosa, Monasterio... Todos menos él. En fin, una auténtica escabechina.
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