Otra definición de la cultura

19 de enero 2026 - 03:08

La cultura ha sido entendida tradicionalmente como acumulación de obras, transmisión de tradiciones o patrimonio simbólico compartido. Y eso está muy bien pero se ha creado un submundo de culturetas a los que la cultura solo les importa para justificar su existencia. Dicho así esta definición tiende a neutralizar la dimensión más importante de la cultura y la convierte en entretenimiento tan solo. La dimensión sesgada que pasa desapercibida es la capacidad de intervenir en nuestro contexto marcado por la desigualdad, la polarización y la fragilidad del vínculo social. Por eso resulta necesario repensar la cultura como una práctica de intervención con responsabilidad social.

Toda acción cultural introduce un desplazamiento en los marcos de sentido existentes. Una palabra, una imagen o una pregunta pueden modificar la manera en que una comunidad se comprende a sí misma. Por ello, la cultura no debe ser inocente ni neutral: quien interviene culturalmente responde socialmente de los efectos de su acción, incluso cuando estos no han sido previstos. Hay que buscar una responsabilidad social de la cultura para asumir que toda producción simbólica tiene consecuencias públicas. Esta concepción desplaza el centro de la cultura desde las instituciones hacia el espacio común. La calle aparece así no como un lugar marginal o meramente divulgativo, sino como un laboratorio cultural y epistemológico. En ella, las ideas no se presentan protegidas por la autoridad académica ni por el consenso previo, sino que se ensayan en condiciones reales de diversidad, conflicto y fricción social.

La calle obliga a la cultura a confrontarse con vidas concretas y problemas no abstractos. En este laboratorio, la cultura no se evalúa por su refinamiento ni por su coherencia interna, sino por su capacidad de generar resonancia social, transformación crítica y reapropiación colectiva. El error, la incomodidad y la disonancia dejan de ser fracasos para convertirse en momentos productivos del proceso cultural. La verdad cultural no se conserva ni se administra: se arriesga públicamente. Definir la cultura como intervención responsable en la calle implica abandonar su comprensión ornamental o identitaria. La cultura no está para decorar el mundo ni para confirmarlo, sino para ponerlo en tensión con responsabilidad social.

Allí donde una práctica cultural modifica una forma de mirar, de hablar o de actuar, la cultura deja de ser un objeto y se convierte en un acontecimiento plenamente público. Es por eso que debe haber una responsabilidad de quienes practican la cultura para que exista un sentido, un horizonte. Sino la cultura solo es artesanía, consumo de masas, ego, soberbia, vacío. La cultura por tanto debe escribirse en mayúsculas; debe ser un eco que genere provocación

stats