Utopías posibles

Luis Ibáñez Luque

Elegir entre diálogo o tiranía

09 de enero 2026 - 03:07

Hay un sector amplio del profesorado, basado en una cierta pseudo-pedagogía de las ocurrencias, además de ciertas familias que no conocen otra realidad salvo aquella en la que fueron educadas, que siguen defendiendo a capa y espada un modelo de aprendizaje transmisivo, de corte tradicional, basado en ser oyentes pasivos y centrado en una autoridad externa que si es necesario, aplica la disciplina para mantener el orden.

Hoy más que nunca, a la luz de los últimos acontecimientos y analizando la deriva a la que va dirigiéndose el mundo, resulta obvio el tipo de sociedad que se construye con una escuela así concebida. Además, conviene recordar que, con matices, este es el modelo que sigue predominando hoy en día en las aulas.

La ecuación es bastante simple: si no queremos tiranos, tenemos que educar en el diálogo, el cuestionamiento o incluso la desobediencia a la tiranía y la movilización ciudadana. Será llegando a consensos en el aula con todas las personas que tengan algo que aportar (el alumnado, las familias, el barrio, el pueblo, la ciudad, el tejido social o asociativo, las distintas instituciones…) como podremos construir una sociedad en que todo el mundo se sienta incluido, acogido, respetado y sus intereses o necesidades atendidas. Garantizando, eso sí, que se accede al máximo de aprendizajes, de mayor calidad.

De lo contrario, ¿cuál es la alternativa? ¿formar personas insolidarias, individualistas, capaces de obedecer perfectamente la autoridad para que luego puedan ser autoridad o puedan someterse sin dificultades? ¿personas capaces de encumbrar a tiranos que destrocen nuestro mundo, como Trump? ¿persona que piensen que cuando alguien se muere de hambre o cruzando el estrecho «es problema suyo»? ¿personas que cuestionen todo el orden social existente, a partir de la experiencia de dos guerras mundiales, que se convierten en espectadoras y espectadores pasivos cuando agreden a otras personas, a otros países?

El cambio ya viene tarde. La lección debería estar más que aprendida. Aunque parezca paradójico o contradictorio, se hace más necesario que nunca proteger el diálogo con absoluta firmeza. Porque no hay nada que nos dé más autoridad que aquello que hemos sido capaces de construir en conjunto, en una escuela, en nuestra vida, en la sociedad, en nuestro país y también en cuanto a organismos, leyes internacionales y derechos humanos. Defendamos el diálogo igualitario y el consenso con uñas y dientes.

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