La ciudad y los días
Carlos Colón
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El Gobierno anunció la desclasificación de los documentos reservados sobre el intento de golpe de Estado del 23-F. Una medida muy saludable, aunque insuficiente, porque lo correcto sería derogar la vigente y franquista Ley de Secretos Oficiales y sustituirla por otra que desvele todos los secretos automáticamente, cuando cumplan cierta edad, salvo las excepciones habituales de los que afecten a la seguridad nacional.
El Partido Popular aplicó a la noticia su receta habitual según la cual debe rechazarse todo lo que venga del Gobierno porque, por definición, es malo para los españoles, tiene un propósito oculto o es una cortina de humo para tapar sus escándalos y su incapacidad. O todo a la vez. Se opuso, pues, la oposición principal a que se hicieran públicos los papeles del 23-F.
Comoquiera que los papeles confirmaron que el rey Juan Carlos no fue inspirador, ni cómplice ni consentidor del golpe, sino que lo paró y lo desbarató (“El único gran secreto del 23-F es que no hay ningún secreto”, dice Javier Cercas), Feijóo no se resigna a aceptar que el Gobierno ha acertado y se saca de la manga una reacción extravagante y un debate inexistente.
El argumento es éste: puesto que el Rey emérito salvó la democracia en 1981, en su momento más delicado, hay que promover su reconciliación con los españoles y hacer que regrese desde su destierro en Dubai. ¿Qué tiene que ver el culo con las témporas?, digo yo. Juan Carlos I de Borbón no reside en Dubai porque hubiera dudas sobre su actuación durante aquel 23-F, sino porque hubo certezas sobre el origen y la gestión de su fortuna y sobre los desórdenes de su vida privada. Cuando estas cosas dejaron de ser secretas, dañaron notoriamente su reputación –ya maltrecha cuando tuvo que abdicar en su hijo–, afectaron a la legitimidad de la Monarquía, el nuevo rey Felipe VI le retiró su asignación y renunció a su parte de la herencia paterna que estaba “contaminada” y los dos acordaron su retiro en Dubai.
Don Juan Carlos puede venir de visita a España, y viene de hecho cada vez que quiere. Reinstalarse aquí de nuevo depende de ambos. No hay ninguna razón para que Felipe VI cambie las condiciones para este regreso: domicilio fiscal en España y dejar de vivir del Estado. Ni el recuerdo del 23-F invita a alterar el pacto entre padre e hijo. Este debate se lo ha inventado Feijóo.
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