El infierno

En 1999 el papa Juan Pablo II nos explicó que el infierno, más que un espacio físico, era “un estado de la conciencia del hombre”

27 de febrero 2024 - 00:00

En 1999 el papa Juan Pablo II nos explicó que el infierno, más que un espacio físico, era “un estado de la conciencia del hombre”. Más tarde Benedicto XVI cuenta que el infierno existe, no se sabe dónde, pero que está ahí y es eterno. Por aclararnos, ni Wojtyla ni Benedicto XVI han sabido crear la imagen del infierno con la precisión que lo hizo Dante Alighieri que hasta hace bien poco ha perturbado a quienes morían en pecado. Y así, con la condena eterna clavada en el cogote y el requiescat in pace final del cura de turno, Caronte te conduciría al fuego abstracto del infierno.

Pero la Iglesia no tiene la exclusiva del infierno. Los romanos creían que el infierno era un cráter ubicado en la Campania romana que emanaba gases fumígenos; la mitología griega mostraba el infierno como un desolador paisaje gobernado por Hades, mientras que el Corán acoquina a sus fieles con un lago de fuego en el que los pecadores caen si intentan cruzarlo. Los judíos hasta hace bien poco lo situaban en la Gehena, el sitio al que iban los cadáveres de los criminales ejecutados, pero es mentira, ahora sabemos que el infierno está en Gaza.

Sartre fue aún más explícito en una de sus obras literarias para quien “el infierno son los otros”, que es el infierno que se vive hoy por el sufrimiento que nos inflige el miedo al otro y la envidia, el infierno con más llamas de este suelo patrio, al que habría que pedir al Todopoderoso nos lo arrancara de nuestro ADN porque ese gen nos persigue a todas horas y, de paso, que nos salve del infierno del odio, del hastío, de la vida sin ilusión, de la indiferencia, del desamor, de los celos, de la exclusión social, del desamparo y del no llegar a fin de mes con el salario. Puede que todo esto te parezca banal, pero es que en ese paralaje de infiernos ¿no te pasa que a veces descubres que el infierno de verdad es ese que está ahí tras vida diaria cuando te encuentras sin saber qué amar, qué hacer, qué decir, qué esperar, sin nada a que aferrarte: dopado en el vacío?.

Quizás sea cierto que el infierno de verdad sea ese que el Papa Francisco asegura que es, “un estado del corazón”. A veces he sentido ese infierno dentro. A mi me pasa. Me pasa cada vez que me quiero informar para saber de la gallofa del mundo y me encuentro un mundo de hipocresía, o cuando busco la prosa exacta de la vida y la encuentro en forma de mentira, emparrada de envidia y políticos que enrarecen el aire de la vida pública nacional con chulería desafiante, o la turba que mueve las redes enceguecidas, sin pudor ni vergüenza . A mi me pasa, cada día, por la mañana, al abrir mi ordenador, encender la televisión o la radio. Cada día.

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