El manuscrito

A jacobo, recién nacido

Vienes al mundo como hijo de dos bellas personas que te van a tratar con el amor que mereces y se van a volcar para que tu infancia sea feliz

Aún no he podido verte en persona, pero el afecto que tu padre y yo nos tenemos me hace tratarte como si ya te conociera. Por ahora la cosa está difícil, claro: hace una semana, todo era flotar dentro de tu madre y, de repente, estás en un ambiente diferente, al que vas a tener que adaptarte buscándote la vida. Es complicado, pero créeme si te digo que has tenido suerte: vienes al mundo como hijo de dos bellas personas que te van a tratar con el amor que mereces y se van a volcar en ti para que tu infancia sea tan feliz como debería ser la de cualquier criatura recién nacida. Vas a ser el hermano pequeño, pero con una distancia de años suficiente para que los mayores no te vean como un rival, sino como alguien de quien cuidar.

Debes saber algo: aunque los padres parezcamos eternos, también perecemos. Los tuyos son jóvenes de cuerpo y alma, no te agobies: te cuidarán, te mimarán y te enseñarán a moverte en el mundo. Me decía el mío que la mejor herencia sería dejarnos buenos consejos y ejemplos y vaya si lo cumplió: seguro que los tuyos también. Seguro que te mostrarán el camino de la virtud, que no es poner los ojos en blanco y la mano en el pecho, sino el conjunto de buenas cualidades que hacen de un hombre un buen hombre. Eso significa el latín "virtus". Bueno, otro día te explico qué es el latín y por qué te haría bien conocerlo.

Entre todos, te estamos dejando un mundo complicado, no voy a negarlo: no es culpa de nadie, pero tampoco deja de serlo. Ojalá que tus ojos vayan poco a poco acostumbrándose a distinguir la luz y la oscuridad, la razón y la sinrazón, la mentira y la verdad. Tendrás que aprender a huir de los malvados y a no odiar a nadie porque nadie es más desgraciado que quien necesita sentirse vivo a costa de la felicidad ajena. Seguro que aprenderás a ser feliz ejerciendo tu derecho a buscar la felicidad, viviendo en libertad (que no es hacer lo que te venga en gana, como piensan algunos malcriados), sintiendo que eres igual a cualquier otra persona (no más ni tampoco menos), siendo amigo de quien sea bueno, tenga las riquezas que tenga, y sabiendo que, por mucho que algunos no lo entiendan, todos somos hermanos, miembros de una misma especie y habitantes de una misma estrella vagabunda (eso significa "planeta" en griego) perdida en la inmensidad del espacio-tiempo. En fin, ya va bien por hoy: tú déjate querer, come y crece. Bienvenido, Jacobo.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios