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El pastorcillo mentiroso

Al pastorcillo no se le abandonó por mentiroso, se le abandonó por insoportable. Y es ya insoportable que todo tenga una lectura bipolar.

Estamos instalados en una vida política de zasca permanente. Es el resultado de entender la política como un permanente intercambio de golpes donde no se persigue alcanzar acuerdos, ni progresar en convivencia; lo que se persigue es aniquilar al otro. De esta suerte, ya nadie se tiene que plantear nada de cara a ser mejor (que sí mismo) cada día. Basta con ganar el siguiente asalto en mi confrontación con el contrincante para que sobre mí caigan todo el mérito y las atenciones de la audiencia. Es lo que diariamente hemos de lograr sobre nuestros adversarios, de modo que se zanja el debate sobre todas las cosas, y haya dicho lo que haya dicho el oponente, queda eclipsada su imagen.

Algo así vino a ocurrir cuando en días pasados supimos que la denuncia de una supuesta agresión homófoba, devino en una patraña que se había construido la persona denunciante a fin de ocultar una infidelidad a su pareja. Se movilizó, de modo inmediato, la sociedad en todos sus órdenes para dar respuesta ante tal denuncia: no puede ser de otro modo, pues estamos en unos momentos en los que pareciese que se acumula una violencia que se derrama sobre los grupos más débiles. Y es que ocurrió lo mismo que ante las primeras voces del pastorcillo mentiroso: el pueblo acudió en masa a ayudarlo ante la llegada del lobo que, según él, iba a acabar con su rebaño.

En el cuento, el pastorcillo volvió a llamar la atención en alguna otra ocasión más; y, del mismo modo, el pueblo volvió a responder a su desesperado grito de auxilio. Pero en nuestra sociedad, algunos no se han leído el cuento, y quieren olvidar que esas voces de petición de auxilio se siguen escuchando, permanentemente, y no ha lugar a comportamientos cínicos de desprestigio a todo un colectivo, ni a quienes los apoyan. En el cuento, nadie señaló a la clase pastoril cuando descubrieron la mentira en aquel pastor. Ahora sí, ahora no se ha tardado en señalar a quienes se han manifestado por la libertad sexual, tampoco al Gobierno del Estado por su reacción.

No, al pastorcillo no se le abandonó por mentiroso, se le abandonó por insoportable. Y es ya insoportable que todo tenga una lectura bipolar: o eres constitucionalista o eres filoterrorista, amigo de independentistas y abogado de la causa okupa; cuando aquéllos no se han leído toda la constitución y, entre éstos, ahora se anda pensando en el nombre más adecuado para los animales.

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