Hace una semana hablaba en este mismo diario del ‘superministro’ Félix Bolaños y su reunión con el comisario europeo de Justicia, Didier Reynders. Todo era de esperar, la mano de derecha de Sánchez dice que está todo estupendo y ha sabido como nadie vender la moto en Europa, aunque Reynders diga que “tiene alguna pregunta”. El proceso está en marcha y por mucho que se le diga no va haber vuelta atrás. No hay vergüenza de nada, incluso cuando al mismo Sánchez le pusieron en una entrevista en TVE lo que pensaba y su ‘no’ al referéndum y amnistía, su cara era de pasotismo absoluto. Por eso recomiendo a la derecha que pase ya del asunto y que lo asuma. Las protestas en la calle de manera pacífica, llenando plazas y calles, está muy bien, pero se llega tarde y cuidado porque esto puede descargar al mismo electorado. El músculo puede cargarse tanto que puede romperse. La estrategia debe cambiar y el tono de guerra dialéctica por parte de Feijóo también. Debe volver a su tono moderado de Galicia y dejar atrás el mítin agresivo que usa en cada acto Isabel Díaz Ayuso. De hecho, la presidenta de la Comunidad de Madrid, parece que se ha convertido en la verdadera oposición del Gobierno y no cabe duda que también a los de Ferraz les interesa ese choque de trenes, pero para los populares les puede venir mal y deben de dejar ya la estrategia del “traidor de España”. Unos disparos entre la autonomía madrileña y el Ejecutivo que llega a niveles de no invitarse a actos positivos para ambos. Primero fueron los de Moncloa no invitando a la inauguración del AVE a Asturias y ahora Ayuso con en el acto de la Constitución en la puerta del Sol dejando sin silla a ministros, pero sí al delegado del Gobierno en Madrid. Génova debe salir de esa guerra, relajar el ritmo y actuar dentro de las instituciones e incluso tender manos y puentes con un Gobierno que va a la suya. Ahora veremos qué tal van las cosas tras la ruptura de Vox con el PP sintiéndose “menospreciados”. Lo que puede generar esto son rupturas de pacto en las distintas autonomías. Al final los socios de ambos lados son los mayores enemigos y lo normal en la política que tenemos hoy en día sería que los partidos mayoritarios hablasen y llegasen acuerdos. Oigan “ojalá que llueva café en el campo”, como cantaba Juan Luis Guerra.

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