En 2024, escribí “Almería, provincia levantina con entidad regional histórica”, donde argumenté que nuestra tierra, con raíces en Pechina y la taifa de Almería, no encaja en el molde político que terminó definiendo el relato autonómico andaluz. Desde niño sentí que Almería no pertenecía al relato oficial andaluz, instinto que me llevó a investigar archivos y debatir con expertos.
El 28F de 1980 marcó el acceso de Andalucía a la autonomía por la vía del artículo 151 de la Constitución. En Almería, con una participación del 87,42%, solo el 42,19% votó SÍ; el 57,81% restante, entre NO y abstenciones, no apoyó la iniciativa. Según la normativa del referéndum, la abstención computaba como voto en contra. Almería padeció un agravio único: acuerdos políticos opacos entre partidos que ignoraron su voto mayoritario. La prueba llegó el 23 de octubre de 1980: una Proposición de Ley firmada por Rojas-Marcos, Carrillo, Guerra y Pérez Miyares desbloqueó el proceso mediante la vía del 151, imponiendo un resultado que la provincia no había elegido.
Para muchos almerienses, aquello supuso que su voluntad quedara diluida en el resultado global. Mientras en otras provincias el 28F se consolidó como celebración identitaria, aquí dejó una sensación de distancia que aún forma parte del debate público.
La singularidad almeriense no nace en 1980. En 1933, la Diputación Provincial expresó reservas ante el proyecto autonómico andaluz. Nuestra historia mira al Mediterráneo: Pechina como enclave comercial en el siglo IX; la taifa como foco cultural; y tras 1489, las capitulaciones reconocieron el Reino de Almería dentro de la Corona, manteniendo su denominación histórica. Nuestro folclore —jotas, cuadrillas de ánimas, refajona y zaragüel— refleja una identidad propia y diferenciada, así como nuestra geografía y habla. Somos levantinos, no satélites de Sevilla.
En 2007, en el referéndum de reforma del Estatuto de Autonomía, solo el 26,24% del censo almeriense respaldó el texto. De nuevo apareció una brecha entre el discurso institucional y el sentir de parte de la provincia. Una encuesta de GAD3 publicada en 2022 señalaba que el 68,8% de los almerienses se siente diferente dentro del conjunto andaluz. También el 4 de diciembre de 1977 tuvo en Almería menor seguimiento que en otras provincias: apenas 8.000 personas. En las urnas de 1980, el resultado reafirmó su negativa a un modelo que ignoraba su singularidad histórica, geográfica y cultural. Pese a ello, el proceso siguió adelante.
Hoy el debate simbólico continúa. En 2022, la Junta aprobó el Día de la Bandera de Andalucía. En 2017, Almería instauró su propio Día de la Bandera en Benitagla, aunque con menor proyección institucional. Mientras una bandera se impone, la otra se olvida. La marginación persiste con desempleo, despoblación y carreteras abandonadas. La reciente creación de la Cátedra de Historia del Andalucismo en la Universidad de Almería, con importantes recursos, reaviva un relato centralista.
Cuarenta y seis años después, España sigue reflexionando sobre su modelo autonómico. Almería es líder exportadora y motor económico, pero también afronta retos. Cada vez más voces plantean que se reconozca su singularidad con mayor capacidad de decisión dentro del marco constitucional. El rechazo de 2007 refleja la demanda de equidad y la voluntad de reforzar lazos levantinos. La Constitución contempla que una provincia pueda constituirse en comunidad autónoma si cumple los requisitos legales. Plantear esa posibilidad no cuestiona el marco común de España, sino que recuerda que la legalidad permite expresar la voluntad territorial. La propia encuesta de GAD3 de 2022 revela que más de la mitad de los almerienses apoyaría una consulta para restaurar la uniprovincialidad de Almería.
El 28F es para muchos una fecha de celebración. Para otros almerienses es también el recordatorio de que su voto fue distinto. Propondría transformar el 28F en el Día de la Identidad Almeriense: llenar la Alcazaba con la Cruz de San Jorge y exigir respeto institucional.
Almería no es una nota al pie de Andalucía. Es una tierra con raíces mediterráneas, historia propia y conciencia creciente de su identidad. Tal vez este 46 aniversario no sea solo memoria, sino el inicio de una etapa en la que esa identidad deje de diluirse y ocupe el lugar que le corresponde.