La tribuna

Un cuento de año nuevo

Un cuento de año nuevo
D.A.
David Uclés Aguilera Economista

Terminé el año afirmando que Europa está involucrada ya en una guerra con enemigos externos e internos, y también prometí que arrancaría 2026 con un tono bastante más optimista. Y, si es cierto que estamos en guerra, la lectura más optimista es que la terminemos ganando. Lo que viene a continuación es completamente fruto de mi imaginación y no se parece en nada al futuro. O sí.

Emmanuel Macron se estaba tomando una cena de picoteo en el Eliseo cuando su teléfono comenzó a vibrar de forma incesante. Algo malo debía estar pasando. En los últimos tiempos solo había sonado así cuando Israel y Estados Unidos atacaron las instalaciones nucleares de Irán. Sin darse cuenta, se le vino a la cabeza Trump y se dijo para sí: «¿qué se le habrá ocurrido ahora al loco del pelo amarillo?»

Las decenas de mensajes contenían casi todos un texto similar y un video. En el video, el presidente estadounidense Donald Trump hacía muecas y gestos supuestamente cómicos imitándole a él. La indignación le subió de la mano hasta las orejas, tiñéndolas de un rojo colérico.

Tras una mala noche, lo primero que hizo Macron al llegar a su despacho a la mañana siguiente fue telefonear a Berlín, Madrid, Roma y Varsovia y poner en marcha un plan que debía lograr la completa autonomía europea de Washington y resultar una amenaza creíble para Putin y para cualquiera que quisiera ningunearlos. Al principio dudó de llamar a Meloni pero, al contrario de otros representantes de la extrema derecha europea, ella parecía haber calado al americano e intuía que la industria italiana sería necesaria para el plan Renacimiento. Lo primero que acordaron aquella mañana fue crear un grupo de trabajo que estableciera una lista de acciones urgentes.

El grupo de trabajo, integrado por expertos de diversas materias y países, usó como punto de partida los informes Draghi y Letta y en apenas tres meses ya tenía preparada una primera propuesta con medidas a corto y a medio plazo. Durante esos mismos meses, la situación geopolítica siguió complicándose. Estados Unidos lanzó un ultimátum sobre Cuba y atacó presuntas bases de los cárteles de la droga en México y continuó presionando a Dinamarca para hacerse con Groenlandia. En el frente oriental, Rusia arreció sus ataques con misiles supersónicos y logró avances marginales en todos los frentes, a la vez que continuó con sus acciones de sabotaje en cada vez más países, incluidos España y Portugal. China, convencida de que Estados Unidos miraba para otra parte, organizó una campaña de boicoteo sobre las exportaciones de Taiwán, atacando los buques de transporte de la isla e impidiendo su entrada en los puertos bajo su control.

A mediados de abril la UE aprobó un nuevo sistema de gobernanza que permitía una toma de decisiones mucho más ágil y sin necesidad de unanimidad. Este sistema provocó la amenaza de abandono de Hungría, suyos ciudadanos se echaron a la calle en contra del gobierno, obligando a Orbán a dimitir y adelantar unas elecciones que perdió a pesar de su control del cascada: la aprobación de una unidad conjunta de acción rápida, compuesta por fuerzas de todos los Estados miembros que inmediatamente estableció bases en Groenlandia, Polonia, Finlandia, Estonia, Rumanía, Malta y España; la fusión de los proyectos de caza de 6ª generación de Alemania, Francia y España y de Italia y Reino Unido.

En el ámbito económico, se impulsó la integración de los sistemas energéticos; se lanzó un programa de apoyo al desarrollo tecnológico, favoreciendo la captación de talento y capital y aprovechando la dimensión de un mercado único cada vez más homogéneo en términos normativos, y se crearon los primeros bancos paneuropeos, fruto de fusiones que ahora ya no encontraban trabas en los gobiernos nacionales. Incluso se aprobó la emisión conjunta y solidaria de deuda comunitaria.

A finales de año, la situación era aún bastante delicada, con las fuerzas euroescépticas ascendiendo en las encuestas electorales y con los planes conjuntos al borde del colapso. Sin embargo, el enfrentamiento entre Estados Unidos y Turquía con relación a Oriente Próximo hizo implosionar la OTAN. Esto sirvió para que los principales partidos europeos –tanto los de gobierno como los de oposición– tomaran conciencia de la situación y se comprometieran a llevar a cabo el plan Renacimiento, que a estas alturas ya no era secreto, hasta el final.

Funcionó. Hasta el punto de que en junio de 2028 ocurrió lo que nadie esperaba: un senil Donald Trump acudió a Bruselas a suplicar la ayuda europea para mantener el mercado de bonos estadounidenses, cuya baja demanda amenazaba con llevar el país a la quiebra. Y, apenas unos días después, un golpe de estado –dicen que impulsado y organizado por la UE– puso fin a la dictadura de Vladimir Putin y a la guerra de Ucrania, abriendo una nueva transición hacia la democracia en Rusia.

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