Mi reino por un caballo”. Esta frase no la pronunció ninguna persona real, simplemente fue Shakespeare quien la puso en boca del rey Ricardo III, en la obra de teatro que lleva el mismo nombre durante la batalla de Boswor, cuando el rey de repente se encontró apeado de su caballo, sin poder huir ni luchar contra el enemigo; es una frase de impotencia y de poner en valor lo que realmente necesitaba y valoraba el rey en aquel momento. En España en estos últimos años estamos asistiendo también a la representación de una obra, más propia de Carlos Arniches que de un dramaturgo como Shakespeare, con la diferencia de que es real. El 16 de este mes Sánchez ha entregado al gobierno vasco 5 competencias más a cambio de un puñado de votos, para mantenerse unos días más como Presidente del Gobierno. Mi sillón por un puñado de votos, no hay otras lecturas, no existen otros argumentos. Pedid y yo os daré.
El concierto diferencial vasco es un concierto económico dentro del sistema financiero de autogobierno, que permite al País Vasco gestionar los impuestos recaudados en su comunidad y luego pagar al Estado Español una cantidad negociada; lo que se ha acordado en llamar “cupo vasco”; podríamos llamarlo un derecho histórico y diferencial que hoy en día no tiene razón de ser. Pues bien, hay cosas que nunca debieron existir y mucho menos en democracia y sin duda una de ellas es la diversidad de gestionar los recursos de una comunidad.
Hace unos días Oriol Junqueras, condenado a no ejercer ningún cargo público, representando a ERC. se ha entrevistado con Sánchez, para establecer un sistema de financiación singular entre el Estado Español y Cataluña. Lo han guisado los dos solitos, Sánchez y Junqueras, sin contar con nadie, incluso prescindiendo de los socios de gobierno. ¡Un auténtico cortijo! o en este caso sería más apropiado llamarle masía. El acuerdo firmado consiste en que Cataluña recaudará todos los impuestos de la Comunidad y luego haría una aportación al Estado; ¡vamos! que nos dará la propina si nos portamos bien. A partir de ahí interviene María Jesús Montero, que trata de vendernos la burra al resto de las comunidades y sale en TV intentando explicar la proporcionalidad de la insolidaridad de unas comunidades con otras, tratando de convencernos de que todos vamos a ser más ricos.
El presupuesto, que dicho sea de paso no existe, porque Sánchez no ha sido capaz de sacarlo adelante, son habas contadas. Si a una comunidad le da más, a alguna de las otras o a todas forzosamente tiene que darles menos; no trate de tomarnos el pelo, que somos muchos y muy mayores, por lo menos yo. Pero, cómo no se le ha ocurrido a Vd. esta idea prodigiosa hace años; incluso podría haberla exportado a otros países. Naturalmente cobrando. Mire Vd. Sra Ministra y Vicepresidenta Primera del Gobierno: Con su receta, que para eso es licenciada en medicina, las comunidades más ricas seguirán siéndolo y las más pobres también seguirán siendo pobres. ¿Dónde está el socialismo que Vd. predica? ¿Dónde está la solidaridad entre las distintas comunidades de nuestra querida España?. Señora Vicepresidenta, cuando empiece la campaña en las próximas elecciones andaluzas, que está a la vuelta de la esquina, a las que Vd. se presenta como candidata del sanchismo, le vamos a echar en cara este cariño desmedido por otras comunidades. Está avisada y luego no diga que ha ganado, como ha ocurrido con las generales. Vd. sabe que en esta tierra de María Santísima gana el que más votos tiene.
“Por un puñado de votos”, no es el título de ninguna película desgraciadamente, sino la traición de un Presidente al que lo único que le preocupa es levantarse cada mañana comprobando que sigue siendo el inquilino de Moncloa. Cuando la mayor preocupación de un Presidente es amnistiar a un prófugo de la justicia, sin ruborizarse lo más mínimo, hay que ponerse en la posición de prevenga, porque el enemigo, que está dentro, nos va a atacar por donde menos lo esperemos: ¡Peligro! ¡Danger! Sánchez y Montero o Montero y Sánchez forman una yunta lozana difícil de igualar y la Ministra se cabrea porque no aceptamos que 2+2 no son 5, sino 4. No sé por qué me viene a la memoria lo que contaba mi amigo Martín: “Y entonces le llamé hijo de puta, y va el tío y se cabrea...” y es que hay cosas que no se entienden.