Entre matrifagia y necrofagia

En la niñez, nos sorprendieron, cuando en clase de Ciencias Naturales conocimos la matrifagia que, según decían, era comerse a la madre, costumbre habitual de algunas especies animales invertebradas como las arañas, alguna familia de los escorpiones, los ciempiés y unos anfibios muy raros llamados los Cecilios, que solo habitan en las zonas húmedas del trópico. También conocíamos entre los vertebrados, llamados necrófagos o carroñeros, los buitres, los cuervos, las hienas, las abubillas; y en época de sequía y de hambre, incluso los leones, tigres, zorros, cocodrilos; destacando el llamado zorro rojo que, la suele practicar incluso con los de su especie. Todas esas especies, nos sorprendieron allá por el año 1.963, aun a pesar de que la dureza en la lucha por superarnos, a los 13/14 años, nos hizo más duros de los normal. Soñábamos, oyendo a escondidas a cuatro espabilaos, que un día – aún lejano – viviríamos en una democracia; y, como los sueños, además de gratis son libres, seguíamos soñando en Babia y pensando que un día, ataríamos los perros con longanizas. Y llegó la democracia soñada, la naturaleza es muy sabia y la ley de vida lo propició. Después de dos repúblicas, una un suspiro y la otra una desgracia, con una dictadura intermedia y otra, mitad dictadura, mitad dictablanda, votamos una constitución que, la inmensa mayoría, sin haberla ni tan siquiera leído, la votó cual ilusión de una joven con su primer novio, soñando con que fuese cariñoso, honrado, trabajador y fiel hasta la muerte. Y a fe que, la Constitución del 78, lo fue y nos ha permitido vivir hasta el 2004 – solo 25 años, pero algo es algo – en paz y armonía. Pero los españoles, cometimos el error congénito de la raza humana que, cuando llega al bienestar, de forma inconsciente y suicida, vota a la izquierda incluso cuando es ultraizquierda que, en manos de canallas, rencorosos, ladrones y déspotas, estaba esperando la oportunidad que la historia les garantizaba y aprovechó la ocasión; y de nuevo nos dividió y secuestro la libertad que tanto nos había costado obtener. El Congreso se convirtió en una junta de comunidad de vecinos, donde los gobiernos y la oposición, van a tirarse los trastos y beneficiar a sus amiguetes, convirtiendo lo que, en teoría, era el lugar donde estaba representado el pueblo, en un antro de chalaneo, donde los aplausos ante una sarta de mentiras que ni el que las cuenta se cree, estallan cual en la Maestranza cuando Belmonte cortaba un rabo. España se convirtió en una plaza de toros, en la que Zapatero, nos dio la estocada a los españoles; y Rajoy, un dengoso de mal recuerdo, nos dio el descabello. Hoy Sánchez, nos da la puntilla, y con sus mulillas llamadas, “corrupción”, “independentistas” y sus “sinvergüenzas” de cabecera; apoyados en las Televisiones “pesebreras” y los lameculos de la prensa subvencionada; y, aderezando todo con un despotismo más propio de una satrapía que de una pseudodemocracia, ha iniciado el arrastre, entre aplausos de lacayos ignorantes que, uncidos por el yugo del puto amo, le permiten proyectar una invasión de gentes de costumbres lejanas a las nuestras y que lograrán cambiar, la idiosincrasia, las costumbres y la tradición española; y, lo más grave, incluso nuestra historia, puenteando nuestras creencias. España, en pocos años tendrá muchos guetos – ya casi los tiene - como el de Molenbeek-Saint-Jean, de Bruselas, controlado por el extremismo islámico, buscando unos miles de votos contra natura. La historia de España está llena de traidores; y pronto, lo estará de presidiarios; en eso, esta generación de políticos, se lleva la palma. El Congreso, no lo cierran para poder seguir cobrando, pero lo ignoran a diario unos caraduras, que se alimentan, cual insectos practicantes de la matrifagia, de los pesebres que les dejaron sus antecesores; y aún, se permiten criticar a quienes ya no pueden defenderse. Hoy, el partido en el poder, con su cinismo y su hipocresía está haciendo uso político de la matrifagia e incluso de la necrofagia, profanando tumbas y mancillando el recuerdo de los muertos en una venganza cobarde y ruin; y la gente, es tan ignorante que se deja chulear por unos sinvergüenzas que les desprecian por borregos. Hoy, solo nos queda la esperanza de aquél viejo proverbio árabe que dice: “Siéntate a la puerta de tu casa y espera a ver pasar el cadáver de tu enemigo”, aunque puede que sea tarde.

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