La tribuna

La negación como método

La negación como método

Doctor En Derecho Y Periodista

El presidente del gobierno es un mentiroso profesional, patológico, así lo capta la opinión pública. Fernando Grande Marlasca es un actor adiestrado, acaba de probarlo con su reticente actitud en el Congreso de los Diputados afirmando que desconocía la denuncia por agresión sexual presentada en enero de 2026 contra el jefe nacional de la Policía, un hombre de su confianza, nombrado bajo su mandato y máxima autoridad operativa del cuerpo. Según su relato, se entera de este supuesto delito por la prensa. Menos mal que existe la prensa, en otro caso Abalos, Cerdan Koldo, Leire Diaz el Tito Berni, etc. etc. seguirían con sus actividades presuntamente delictivas sin que nadie se percatara de ello.

Febrero avanza y el ministro calla ante el escándalo; una denuncia por violación, con detalles escabrosos según se detalla en las pruebas presentadas . Este presunto abuso se perpetra desde de la cúspide del aparato de seguridad del Estado. Para mayor desconcierto, el hoy ministro, fue magistrado de la Audiencia Nacional, conocedor de los engranajes judiciales y administrativos. Cabe preguntarse; ¿cómo es posible que no supiera nada el ministro del Interior? ¿Cómo es posible que un ministerio con multitud de asesores, secretarios de Estado, directores generales, asesores jurídicos, jefes de prensa y mandos policiales ,incluso el CSID, nadie considerara relevante informar al titular de Interior de una denuncia de tal calibre contra el máximo jefe policial? ¿Estamos ante una cadena de incompetencias o ante una estrategia de amnesia selectiva?.Cuantos incompetentes habrían de cesar dentro del Ministerio de Interior?

Cuanto más frágil es un Gobierno, más frecuentes son las declaraciones de desconocimiento y negación; “yo no sabía nada” se ha convertido en el escudo favorito del poder cuando la realidad se hace pública por medios informativos. Oscar Puente no sabía nada sobre el estado de las vías, 47 cadáveres señalan su ignorancia .Sánchez no sabía sobre las actividades calificadas de criminales de Cerdán, Koldo , Abalos y tantos otros. Ahora se trata de una agente de policía presuntamente violada por el Jefe Nacional de la propia Policía, pero Marlasca, según dice, tampoco sabía nada. Todos ellos habrían de saber que en las democracias existe una noción elemental llamada responsabilidad ministerial. No exige que el ministro haya cometido el delito ni que haya tenido conocimiento detallado de cada actuación subordinada. Exige algo más simple y más exigente; asumir que todo lo que ocurre bajo su mando le concierne inexcusablemente. En el Reino Unido, más de un ministro ha dimitido por simples faltas administrativas de rango inferior. En España en cambio, el desconocimiento se presenta como eximente moral. Si el ministro no fue informado, la conclusión es devastadora; ha perdido el control político de su departamento. Si fue informado y ahora lo niega, el problema es de credibilidad. Y si el asunto se minimizó deliberadamente hasta que estalló en los medios, entonces se perfila una estrategia aún más inquietante; el de la gestión reputacional por encima de la verdad.

Montesquieu advirtió que la corrupción comienza cuando se erosionan los principios. Uno de esos principios es no tratar a los ciudadanos como si fueran incapaces de razonar. Porque la inteligencia colectiva percibe la incongruencia. Un ministro que nombra a un jefe policial y ha reafirmado confianza en él porrogándole en el cargo más allá de su jubilación, ante un caso de tamaña gravedad no puede presentarse como un espectador desinformado. El deterioro institucional no se produce de golpe; avanza como la carcoma. Primero se relativizan los hechos, después se normaliza la opacidad y finalmente se instala la impunidad. Y en materia de presuntas agresiones sexuales dentro de la cúpula policial, la exigencia de ejemplaridad debería ser absoluta. No solo por la gravedad del delito denunciado, sino por el mensaje que se envía al conjunto del cuerpo y a la sociedad.

Ante hechos tan graves como este ,o la muerte de 47 pasajeros en accidente ferroviario, o el mangoneo de dineros públicos, la sensación de que nadie responde es desoladora en una democracia. Cuando el ministro del Interior comparece y dice no saber nada y declara que solo dimitirá si la víctima se lo pide, no solo intenta salvar su posición política; transmite la idea de que la responsabilidad es una palabra hueca. Los ciudadanos saben distinguir entre un error, un pretexto o una evasiva. La cuestión , más allá del marco jurídico alcanza una dimensión política y moral. En política no basta con explicar, hay que responder con responsabilidad porque el silencio o los pretextos delatan la ausencia de alguna justificación sólida. Ante la gravedad de estos hechos no cabe eludir responsabilidades que señalan la sensación de inoperancia. Resaltar la presunción que el Ministro de Interior no supiera nada de este y otros supuestos delitos cometidos por el Jefe Superior de la Policía. Pero esta supuesta ignorancia le obliga a asumir la ineludible responsabilidad “in vigilando” de todo cuanto concierne a su gestión; el camino recto es la dimisión.

También te puede interesar

Lo último

stats