En octubre de 2023, poco después del ataque de Hamas a Israel y en el contexto de la preparación del contraataque israelí en la Franja de Gaza, el ministro de Exteriores iraní afirmó que “es concebible cualquier tipo de acción preventiva contra el régimen sionista en las próximas horas por parte del Eje de Resistencia”. Este denominado Eje es una alianza híbrida formada por gobiernos y organizaciones paramilitares de Oriente Próximo: regímenes sirio e iraní, organización libanesa Hezbolá, milicias chiíes de Irak, hutíes en Yemen y organizaciones palestinas de Hamás y Yihad Islámica. Esta alianza, surgida tras la Revolución iraní de 1979, busca la destrucción de Israel y contrarrestar la influencia de Estados Unidos y Occidente en Oriente Medio. En lo que se refiere a Occidente, por ende, estamos incluidos nosotros, queramos o no. Es, en definitiva, un entramado de grupos armados financiados, entrenados y abastecidos fundamentalmente por Irán que le permite proyectar poder más allá de sus fronteras y desafiar tanto a Israel como a Estados Unidos sin entrar directamente en conflicto, condicionando el equilibrio de poder en Oriente Medio, influyendo en guerras proxy (subsidiarias), negociaciones diplomáticas y en el precio global de la energía. Este entramado aprovecha la inteligencia operativa, la financiación y la transferencia tecnológica iraní (misiles, drones y guerra electrónica) para mantener a múltiples frentes activos con costos relativamente bajos y escasa exposición directa.
El ideador de esta alianza fue Qasem Soleimani, el comandante del grupo élite Quds, de la Guardia Revolucionaria de Irán. Se cree que su nombre surgió en contraposición al “Eje del Mal”, una expresión utilizada por el presidente estadounidense George W. Bush en 2002 para referirse al grupo formado por Irán, Irak y Corea del Norte, a los que se les acusaba de apoyar el terrorismo y desarrollar armas de destrucción masiva, representando una amenaza global tras el 11-S.
El colapso del régimen sirio en 2024, el debilitamiento de Hezbolá en el Líbano, la derrota militar de Hamás y la reacción occidental ante los ataques hutíes en el Mar Rojo han debilitado la estrategia iraní con su Eje de Resistencia, debiendo enfrentarse a la presión de la estrategia regional del presidente estadounidense, orientada a frenar la influencia del Eje y lograr, por vía diplomática o militar, el desmantelamiento de su programa nuclear. Un eje que, tras décadas de construcción, dispone de rutas terrestres y marítimas para mover armamento, de medios de comunicación propios para amplificar su discurso y de la capacidad probada de sincronizar ofensivas en varios teatros, haciendo de él un actor clave (difícil de neutralizar) en la ecuación de seguridad de Oriente Medio.
A esta situación, hay que añadir que desde 2017, Irán vive ciclos recurrentes de protestas masivas seguidos de una represión condenada por los actores internacionales. Las iniciadas a finales de 2025 representan el último episodio de estas protestas, que comenzaron como movilizaciones por la crisis económica y el colapso de su moneda, para transformarse rápidamente en un desafío directo al régimen, respondiendo este con masacres, miles de detenciones arbitrarias, una militarización del espacio público y un apagón de internet sin precedentes para silenciar a la población y ocultar la magnitud de los crímenes. Las propias autoridades iraníes han admitido más de 3.000 muertes (5.000 según la Relatora Especial de Naciones Unidas).
La presión estadounidense sobre el Eje de Resistencia ha llegado al sumun con el ataque de sus fuerzas armadas lanzado este pasado 28 de febrero, en combinación con las israelíes. Transcurridas las primeras 24 horas del ataque, los gobiernos de Francia, Alemania y Reino Unido advierten conjuntamente de que estudian la posibilidad de atacar “en origen” las lanzaderas de misiles y drones de Irán para defender sus intereses y los de sus aliados en Oriente Próximo, aliándose con EEUU, mientras nuestro presidente, que ya llegó tarde a la condena por la terrible represión de las protestas ciudadanas el pasado mes de enero, “se pone de perfil” y se limita a atacar al presidente estadounidense por la “ilegalidad” de la acción armada lanzada, con lo que se está posicionando imprudentemente en el lado del Eje de Resistencia (o Eje del Mal), presionado posiblemente por las distintas facciones comunistas que le mantienen en el poder.