Semana Santa

Crecer con la mirada ‘prendía’

  • Lo siento por Peter Pan: no hace falta viajar al país de ‘Nunca Jamás’ para hacer realidad los sueños, pues se puede crecer cumpliéndolos

Un penitente de Pasión.

Un penitente de Pasión. / JAVIER ALONSO (ALMERÍA)

Como las personas, las hermandades van cumpliendo años. Ambas van creando una historia y van caminando por la vida, con sus errores y aciertos, momentos buenos y no tan buenos, gente que viene y otra que se va, se producen fallecimientos y nacimientos… en definitiva, van dejando una huella.

También celebran fechas señaladas como pueden ser los cinco, 10, 15, 25 años… y en su caso, este 2023 a la Hermandad del Prendimiento le toca hacer lo propio con su 75 aniversario fundacional. Por lo tanto, son muchas imágenes y recuerdos las que nos vendrían a la mente durante todo este tiempo si hablamos del Prendimiento, Cautivo o Merced y seguro que si concretamos, habría historias particulares de personas, allegadas y no tanto, que se podrían contar por su contenido emotivo, gracioso, curioso o sentimental.

Personalmente, yo conozco algunas de ellas. Las hay de personas que, al ver a alguna de las imágenes en la calle, quedaron ‘prendías’ por su mirada; otras que ‘fueron llamadas’ tras una visita del colegio a su capilla en la catedral; otras personas empezaron su ‘historia de amor’ con el Señor o la Virgen mediante algún amigo o amiga, que le animó a pasarse por la hermandad y desde entonces no la han dejado… miles de historias que bien pudieron empezar porque fue buscado o por casualidad y que se han mantenido con el paso de los años.

Porque quizás, sin saber muy bien a donde iba, esa persona cada Miércoles Santo salía con su madre desde muy pequeña a ver las procesiones año tras año, y de todas, la que le llamaba la atención era la de un misterio, el del Prendimiento, que casualmente de todos los pies que veía debajo del paso había unos que ‘mágicamente’ le resultaban familiares y que confirmaba cuando una mano salía del paso y le acariciaba. Iban pasando los años y esa persona cada vez iba siendo más consciente de lo que ocurría el Miércoles Santo y ya pedía ir a ver esa procesión concretamente: esos pies y esas manos seguían estando ahí, por lo que ya era algo habitual conseguir esa ‘recompensa’ en forma de caricia, que se veía reforzada cuando esa persona levantaba la vista y sus ojos se clavaban en una mirada de ojos verdes…

Los años seguían pasando y esa persona crecía y ya con consciencia, se quiso hacer hermana. No podía ser de otra forma, que en el triduo de Jesús en su Prendimiento recibió la medalla que ya mantendría desde entonces colgada como un tesoro muy preciado en su habitación, solo descolgada en ocasiones especiales como el propio Miércoles Santo o para acudir a diferentes cultos y actos.

Como no podía ser de otra forma, el sueño de esa persona era salir formando parte del misterio del Prendimiento, pero su estatura, debido a que todavía era pequeña, le recordaba que tendría que esperar un poco más ya que no había túnica que le estuviera bien para poder salir. No hubo problema, pues su madre, Nuestra Señora de la Merced, le fue cuidando durante unos años en su cortejo. Y esa persona tan feliz. Así, hasta que un año, el del ‘estirón’, la persona pudo cumplir su sueño de salir en el cortejo del misterio del Prendimiento y no solo eso, sino que lo haría muy pegado al Señor: al lado del paso, portado una bocina.

Pero el sueño fue a más. Esa persona, ya crecida, tuvo el privilegio de formar parte de la cuadrilla del Prendimiento, de la que desde entonces es parte. Así, la ‘magia’ se volvió a hacer presente en esta historia: esa persona que antes estaba debajo del paso, ya retirada del mundo del costal y que en efecto era su padre, pasó cada Miércoles Santo a buscar unos pies conocidos que, al localizarlos, recibía una confirmación en forma de mano, que salía igualmente para acariciarle.

Creo que no hace falta decir mucho más. Esa persona de la que he estado hablando soy yo, el que les escribe. Lo siento por Peter Pan: no hace falta viajar al país de Nunca Jamás para hacer realidad los sueños, pues también se puede crecer cumpliéndolos. Porque esa mirada te busca de una u otra manera y hace que la tuya quede por siempre ‘prendía’.

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