Semana Santa

Homenaje a la mantilla almeriense

  • Simboliza esta desconsolada vestimenta luto riguroso y dolor por la pasión y muerte de Cristo

Amalia Yebra.

Amalia Yebra.

A comienzos del s. XX, la mantilla utilizada como prenda cotidiana para el paseo vespertino perdió arraigo en las costumbres femeninas en Almería, quedando relegado el uso a pequeñas mantillas o toquitas, para oir Misa y asistir a cultos ocultando la cabellera. De este modo, la mantilla se reservaba para celebraciones extraordinarias, especialmente para la Semana Santa.

Tanto es así que el Diario “Heraldo de Almería”, en su edición del 3 de abril de 1931, días antes de la proclamación de la II República, volvía a reivindicar su utilización con estas palabras: “Llegó la época en que la mujer española se atavía con la prenda más castiza y que mejor marco ofrece a la belleza femenina, hasta tal punto, que pocas son las mujeres que llevándola puesta no realzan sus encantos naturales y disminuyen o neutralizan sus defectos. El antiestético sombrero ha venido a sustituir en todas ocasiones a la clásica mantilla. Bien está que para ciertos usos y actos, si se considera mas cómodo se emplee, pero hay otros muchos en los que debe desecharse por completo. A misa y a los actos religiosos, la mujer española no debe asistir sino tocada con la mantilla. La modestila, la unción, el recogimiento que en ellos debe tenerse parece como que lo requiere”.

Durante el franquismo, José Andrés Diaz escribía así en 1947 sobre la mantilla en una revista del Ayuntamiento de Almería: “Entre las costumbres típicas que han perseverado a través de los tiempos con toda su gracia y prestancia características, a trueque de extrañas influencias, por ventura malogradas, está la más señera, la de la gracia suprema, por antonomasia de la mantilla. Ella, conjugando la solera gracia con los más serios ideales, nos evoca el sentido ancestral de nuestro estilo o manera de ser y sobre todo la gallardía de nuestras mujeres, celosas de su tradición y floklore original y castizo.Francia importó la moda en la mujer de la capucha, precursora del sombrero, pretendiendo traernos entre los forros negros de su pretencioso capuz la sugestión falaz de un perfume corrompido. De estos y otros intentos de la moda exótica, la mantilla ha resurgido con nueva soberanía, siendo galardón inmarcesible y triunfal de la mujer española. Con sus filigranas de encaje y laberísticos de seda, susntuosas y complicadas, y con el remate de la peina o concha sobre sus cabezas, que sirve de aderezo o corona y su empaque y majestad, no hay fuera de nuestra patria cosa que se le pueda comparar”.

En este siglo se sucedieron en el uso de la palabra grandes Exaltadores de la mantilla en recordadas alocuciones celebradas por la Casa de Melilla en Almería: Juan Antonio Barrios, Ex Hermano Mayor de Prendimiento (2000); José Antonio Sáncez Santander, Ex Hermano Mayor de la Cofradía de las Angustias (2001); Felipe Ortiz, Fotógrafo Cofradiero (2002); José Luis Laynez, Profesor (2003); Antonio García “El Niño de las Cuevas”, Saetero (2004); Manuel Morales Morell, Coordinador de Gente de La Voz de Almería (2005); María Sáez, Socia de la Casa de Melilla (2006); Juan Rafael Aguilera Martínez, Cronista (2007); Juan Carlos Heredia, Escritor y Periodista, Director de El Telegrama de Melilla (2008); Javier Calderón Carrillo, Hermano Mayor de la Cofradía de la Soledad de Nuestra Señora y del Cristo de la Paz de Melilla (2009); Manuela González Ruiz, Escritora (2010); Francisco Aguirre Tortosa, Vicepresidente Casa de Melilla (2011) y Lolina Aguirre, Socia de Casa de Melilla culminó esta tradición en 2012.

Y así hasta llegar al pasado mes de enero, cuando un grupo de Cofrades muy comprometidos e implicados con la Semana Santa almeriense acordaron constituir la “Asociación Cultural Homenaje a la Mantilla Almeriense” para cubrir un vacío en el sentimiento pasional y de la religiosidad popular, siendo Socios fundadores: Carmen Alcaide (Hermana del Amor), Encarnación Molina (Hermana del Perdón), Antonio Orts (Fotógrafo Cofrade y Hermano del Amor) y Ginés Valera (Hermano de la Santa Cena).

Separándose de la más pura ortodoxia procesional sevillana donde no acompañan a la Virgen en su Estación de Penitencia, las Mantillas enlutadas, incluidas las Camareras (encargadas de vestir a la Virgen y guardar todo su ajuar) siguen manteniendo en Almería su tradicional situación en el orden del cortejo procesional, antecediendo siempre en varias filas horizontales a los Pasos de Palio de la Virgen Dolorosa en sus distintas advocaciones marianas, excepto en los séquitos de la Humilde Hermandad de San Francisco de Asís y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Caridad en su traslado al Sepulcro, María Santísima de las Penas y Santa Marta y la Hermandad Juvenil del Santo Cristo del Perdón, Vía Crucis Penitencial del Silencio, donde no participan por no contemplarlo sus reglas corporativas.

Al día de hoy en Almería capital se lucen mantillas negras y peinetas de carey que cubren cabeza y hombros, cuando la mujer devota acompaña a los Pasos de Palio de la Virgen en Semana Santa: María Santísima de la Unidad, Virgen de la Paz, de los Ángeles, de la Estrella, Fe y Caridad, Mayor Dolor, de los Desamparados, Gracia y Amparo, Primer Dolor, Merced, Amor y de la Esperanza, Esperanza Macarena, Nuestra Señora de las Lágrimas, Rosario del Mar, Amargura, Angustias, Nuestra Señora de los Dolores y Soledad.

En este siglo se han sucedido exaltadores de la mantilla en recordadas alocuciones

Simboliza esta desconsolada vestimenta luto riguroso y dolor por la pasión y muerte de Cristo, asistiendo también Mantillas a los oficios litúrgicos del Jueves Santo (día que instituye le Eucaristía con la última cena) y Viernes Santo o visitando monumentos instalados en los templos acompañadas por consortes engalanados con traje oscuro.

También participan damas enmantilladas por las vetustas callejuelas del Casco Histórico en la solemne procesión del Corpus Christi y de la Virgen del Mar, en cuyo caso, a falta de normas canónicas o diocesanas, reglas corporativas o papaletas de sitio o Instrucción de la Agrupación de Cofradías, puede ser la mantilla blanca o marfil y el vestido con más colorido, pues representan alegría y júbilo, que no luto y aflicción. Y con poca frecuencia, por desgracia, disfrutamos de mantillas en bodas y corrida de toros, siendo la mantilla de color y los trajes más alegres y femeninos, donde la mujer española se atavía con la prenda más castiza y que mejor marco ofrece a la belleza mediterránea.

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