Isabel Navas, catedrática de la UAL: "Enciso fue de las pocas mujeres que editaron la obra de Machado”

La recuperación de ‘La voz eterna de Antonio Machado’ devuelve al primer plano una pieza decisiva en la construcción simbólica del poeta andaluz durante los años que permaneció en el exilio republicano

Ese huerto, ese limonero y ese patio… 150 años después

Isabel Navas, catedrática de la UAL.
Isabel Navas, catedrática de la UAL. / DIARIO DE ALMERÍA

La recuperación de La voz eterna de Antonio Machado sitúa en el centro del debate crítico una pieza clave de la recepción machadiana en el exilio. Isabel Navas reflexiona sobre la figura de María Enciso y su decisiva contribución a la construcción simbólica de Antonio Machado como poeta del pueblo y emblema ético de la España desterrada tras la Guerra Civil. A partir de una investigación rigurosa, Navas ilumina el papel de las escritoras exiliadas en la configuración de este legado y reivindica la necesidad de revisar el canon desde una perspectiva más inclusiva y atenta a voces como la de Enciso, cuya lectura de Machado entrelaza memoria, compromiso y sensibilidad literaria.

Pregunta.–¿Cómo llega usted por primera vez a La voz eterna de Antonio Machado y qué le hace intuir que se trata de una obra olvidada pero relevante?

Respuesta.–La figura del poeta Antonio Machado fue objeto de una intensa y larga disputa entre los dos bandos contendientes en la Guerra Civil española, sobre todo a partir de 1939, fecha de su fallecimiento. Mientras realizaba mi tesis doctoral, estudié el pensamiento literario de uno de los grupos intelectuales más influyentes de los años cuarenta: el de la revista Escorial, integrado por Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo y Pedro Laín Entralgo. Pues bien, Ridruejo fue precisamente el artífice del intento de apropiación de la figura de Antonio Machado por parte de la España de Franco. Esta circunstancia me llevó a indagar, por un lado, lo que la poesía machadiana significó para los vencedores, y, por otro, me condujo hacia la intelectualidad del exilio, que convirtió al Machado republicano en uno de sus principales referentes, en un guía espiritual, y, sobre todo, en el símbolo por excelencia de la España vencida y desterrada. Muchos fueron sin duda los escritores de uno y otro signo político que se aproximaron a la obra machadiana desde el 39, pero, cuando me interrogué sobre el papel que al respecto habían jugado las mujeres, las escritoras, me di cuenta de que surgían muy pocos nombres. Afortunadamente el de María Enciso fue uno de ellos. Llegué a La voz eterna de Antonio Machado por una serie de afortunadas casualidades y enseguida comprendí que se trataba de una obra muy singular, que había pasado, sin embargo, desapercibida a quienes habían estudiado hasta la fecha la figura de Enciso. Su singularidad estriba, por un lado, en ser una de las pocas ediciones de la poesía machadiana publicadas en los años cuarenta fuera de España, en que la autora de esta edición es una mujer, de las pocas mujeres que se lanzaron a la aventura de editar y divulgar la obra machadiana en el exilio, y en que Enciso pondera el andalucismo de Machado aun sin dejar de lado la conocida vertiente castellanista de su poesía.

P.–Tras su investigación, ¿cómo definiría hoy la figura de María Enciso dentro de la literatura del exilio?

R.–Me parece una figura muy importante, con una producción tanto poética como crítica de notable valor, que merece una mayor atención. La experiencia del exilio permea toda la obra de María Enciso y es clave para comprender el periplo que la llevó a ella y a otras muchas mujeres desde España hasta el continente americano en una diáspora terrible motivada por la Guerra Civil.

"La experiencia del exilio permea toda la obra de María Enciso y es clave para comprender el periplo que la llevó a ella y a otras muchas mujeres"

P.–¿Cree que María Enciso empieza por admirar a Machado como poeta o como símbolo ético y político?

R.–La admiración de María Enciso por Antonio Machado se percibe en cada uno de sus libros y es una admiración tanto por el poeta como por el hombre, es decir, que, para Enciso, Machado es un referente literario, pero también, y sobre todo, un referente ético y político. En Europa fugitiva (1941), por ejemplo, Enciso ofrece un retrato desgarrador de la salida de España de Machado y de su muerte en Colliure, y convierte la experiencia vital del poeta en símbolo del sufrimiento y el éxodo de miles de españoles hacia la frontera francesa en 1939. Por otra parte, la obra poética de Enciso, tanto Cristal de las horas (1942) como De mar a mar (1946), está llena de resonancias machadianas. Enciso entiende la poesía, al modo de Machado, como palabra en el tiempo, una palabra enraizada a la vez en el paisaje de su añorada tierra española. En las sentidas evocaciones paisajísticas de España que nos ofrece Enciso desde el exilio resuenan sin duda los ecos de los Campos de Castilla machadianos.

P.–¿Qué nos dice esta selección de poemas sobre la imagen de Machado que circulaba entre los exiliados republicanos?

R.–El Machado de esta selección es sin duda el símbolo de la España republicana, de la España que ha perdido la guerra, de la España que ha tenido que huir y exiliarse en 1939.

P.–¿Se percibe una evolución en la voz de Enciso cuando escribe sobre Machado entre 1941 y 1947?

R.–Más que una evolución, de lo que se trata es de diferentes textos, escritos para distintos auditorios y con fines que no son en todos los casos los mismos. Mientras que la semblanza titulada ‘Un poeta’, que incluyó en Europa fugitiva, y el discurso del Ateneo Republicano, enfatizan la vertiente política y comprometida con la República del poeta sevillano y tienen un marcado carácter de denuncia de la tragedia española, la antología La voz eterna de Antonio Machado, sin perder de vista el componente político, incide más en la divulgación de la obra machadiana entre el público mexicano y, por tanto, abunda en el andalucismo de Machado, en la temática amorosa de su poesía, en los poemas dedicados a Leonor, etc.

P.–En su estudio analiza también los textos de otras escritoras sobre Machado. ¿Qué rasgos comunes encuentra en estas lecturas femeninas?

R.–La lectura que de Machado realizó María Zambrano en 1937 fue la más influyente de todas y marcó la pauta de lo que sería después la interpretación de la obra machadiana entre la intelectualidad del exilio. Digamos que ese poeta del pueblo en el que Machado acabaría convertido y que tanto exaltaría como ejemplo ético la España republicana está ya en gran medida en Los intelectuales en el drama de España (1937) de Zambrano y en lo publicado durante la guerra por la filósofa malagueña en la revista Hora de España. Pues bien, Machado como ejemplo ético y humano, cuya muerte en el exilio se convierte en símbolo del sufrimiento de la España desterrada, es algo en lo que coinciden todas las escritoras que tratan el tema, caso de María Teresa León, Silvia Mistral, Aurora Bertrana, Zenobia Camprubí, etc.

P.–¿Cree que la crítica literaria ha tardado en reconocer estas lecturas por una doble invisibilización: la del exilio y la de las mujeres?

R.–Es posible, sí, aunque desde el medio académico ya llevamos muchos años intentando subsanar esos silencios, esos vacíos, esas lagunas. Y, de hecho, se han publicado magníficas ediciones críticas de muchos textos de carácter autobiográfico en los que autoras tan destacadas como María Teresa León, Zenobia Camprubí, Concha Méndez, Silvia Mistral, Rosa Chacel, Constancia de la Mora, Carlota O’Neill, etc., relatan su experiencia de la Guerra Civil y del exilio. Queda, no obstante, camino que recorrer y hay aún muchos aspectos que investigar.

P.–¿Qué aporta esta edición a la historia de la recepción machadiana en el siglo XX?

R.La voz eterna de Antonio Machado de María Enciso es un hito muy importante en la conformación de esa imagen simbólica de Antonio Machado como poeta del pueblo, como hombre íntegro cuya poesía supo encarnar el alma de la nación española a través de la exaltación del paisaje, y cuya vida fue absolutamente ejemplar, ya que se puso siempre del lado de los humildes, del lado del pueblo, acompañándolo al exilio. La versión de Enciso se suma a las de otros exiliados, pero también marca algunas distancias y contiene una serie de peculiaridades que la hacen, como ya he señalado, muy atractiva y singular.

P.–¿Por qué cree que el centenario del nacimiento de Machado en 2025 es un momento especialmente significativo para esta recuperación?

R.–La fecha es muy significativa porque trae a la actualidad el ejemplo ético de Machado, la profundidad de su pensamiento y la indiscutible belleza de su poesía, que tanto nos sigue emocionando. Por otra parte, hablar de Antonio Machado, de uno de los poetas canónicos de la literatura española, y hacerlo a través de María Enciso supone colocar el discurso de una mujer en primera línea del debate intelectual y nos permite al mismo tiempo evidenciar la relevancia que algunas escritoras tuvieron en la construcción de Machado como símbolo nacional.

"Hablar de Antonio Machado a través de María Enciso supone colocar el discurso de una mujer en primera línea del debate intelectual"

P.–¿Qué le gustaría que descubriera el lector actual al acercarse a esta obra?

R.–En primer lugar, a una escritora de gran sensibilidad y hondura, que hubo de enfrentar unas tremendas circunstancias históricas y vio por ello su vida completamente truncada. Primero, la Guerra Civil española y, a continuación, la Segunda Guerra Mundial la llevaron a recorrer medio mundo con su hija pequeña hasta hallar un nuevo hogar en México, desde donde quiso rendir homenaje a Antonio Machado, a un Machado comprometido con su pueblo, y sobre todo con los valores de libertad y progreso de la República, que eran también los valores de María Enciso.

P.–¿Abre esta edición nuevas líneas de investigación sobre la crítica literaria femenina en el exilio?

R.–Sí, las abre. Aporta, como acabo de decirle, nuevos datos sobre la contribución de las mujeres, de las escritoras, a la cultura española y, en particular, a lo que desde el punto de vista cultural se gestó en la España del exilio.

P.–A nivel personal, ¿qué le ha enseñado María Enciso como lectora de Machado?

R.–María Enciso me ha devuelto al Machado de mi infancia, el que mi padre me leía. He vuelto a oír esa voz querida, que tanta devoción sentía por la poesía machadiana, una devoción que quiso inculcarme desde muy niña y que me ha traído hasta aquí, en busca de lo que Machado significó para mis antepasadas, para las mujeres que, antes que yo, fueron también lectoras voraces y entusiastas del poeta.

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