Cati Guirao, ganadera: “De mi trabajo me gusta todo, menos el coste de los cereales”
Entrevista
Una 'mujer coraje' que ha sacado adelante su propia explotación ganadera en Chirivel y lleva casi veinticinco años alimentando y cuidando de sus cabras

Vivir de la ganadería no es tarea fácil. Si no que se lo cuenten a Cati Guirao, una mujer coraje que ha levantado ella sola, con cinco hijos a su cargo, un auténtico imperio ganadero ubicado en Chirivel. Tras mucho esfuerzo y sacrificio, ha sacado adelante por sí misma una explotación de cabras de la que vive enamorada. De su trabajo, le gusta todo, porque se trata de una profesión en la que la vocación juega un papel fundamental.
–¿Cuántos años llevas en esto?¿Cómo empezaste?
-Llevo aquí desde septiembre de 1999, desde que me volví de Francia hace casi 25 años. Yo lo hice todo nuevo, tiré la casa y la construí para estar cerca de la nave. Mi padre nos anunció que se iba a jubilar y decidí regresar. Lo he pasado muy mal desde entonces, porque fue un cambio muy duro porque estaba muy a gusto en ese momento de mi vida. He pasado mucho para sacarlo todo adelante, pero le he echado mucho coraje y al final lo he sacado, algo de lo que hoy en día me siento infinitamente orgullosa.
–La ganadería, ¿Te viene de familia?
-Mi padre ha estado toda la vida en las montañas con el ganado. Era uno de los ganaderos más fuertes de toda la zona. Tenía cerca de 800 animales, que en aquella época era una barbaridad. Con 9 años yo ordeñaba las cabras para que mi madre hiciera el queso, así que toda la vida he estado ligada a esta profesión.
-¿Conoce muchas mujeres en la zona que se dediquen a esto?
-Hay mujeres que trabajan, pero en explotaciones familiares. Que hayan levantado ellas solas algo como esto y que lleven por sí mismas su propio negocio, no conozco todavía a ninguna.
–¿Cómo es su día a día?
-Me levanto muy temprano, antes de la seis de la mañana ya estoy aquí con las cabras. Desde esa hora las alimento, poniendo todo lo que ellas necesitan. Las ordeño dos veces al día, una por la mañana y otra por la tarde. Además durante este tiempo voy atendiendo a quienes se acercan a recoger la leche, cuando viene el camión, y hago toda las labores administrativas pertinentes. También hay que limpiar el corral y adecuarlo todo para que ellas estén lo más a gusto posible en la que es su casa, poniendo todo el esmero para que den una buena leche que tenga gran rendimiento.
–¿Cómo ha evolucionado su trabajo desde que empezó?
-Antes tenía muchas más cabras, hasta unas 1.400. Ahora rondan las 700 que es justo la mitad. Las reduje porque algún día tendré que jubilarme que ya he cumplido la edad, y poco a poco pensaba ir retirándolas y cerrar.
–¿Se acaba aquí entonces el legado familiar?
El año pasado, me dijeron mi hijo y su mujer que estaban pensando en quedarse con las cabras. Entonces este año hemos dejado casi 300 chotas para aumentar el número y que ellos puedan vivir de esto porque si no no es rentable. Mi nuera está acabando de hacer los cursillos para ver si le dan las subvenciones para jóvenes agricultores.
-¿Tiene futuro la profesión? ¿Es posible seguir viviendo de esto?
-Los profesores le preguntaron si tenía el negocio ya montado o no, porque en el caso de tener que empezar de cero, sería completamente imposible sacarle una rentabilidad. Cuentan con la ventaja de que esto está todo ya en funcionamiento. Está la nave, las cabras y la maquinaría, lo que se traduce en una inversión mucho menor.
–¿Cuántas cabras se necesitan para que el negocio sea rentable y poder vivir de esto?
-Conforme están los costes, hay que tener un buen número para sacarles rentabilidad. Una familia que tenga hijos en los tiempos que corren no puede vivir con 250 cabras, necesita mínimo 700 o 800 cabras para poder sacar la leche necesaria.
–¿Sus cabras las pastorea o están siempre en la nave?
-No pastoreo porque tenemos todo el terreno vallado, por lo que libremente pueden pastar ellas en una zona de aproximadamente 10 hectáreas. Pero los animales necesitan salir, y más cuando están preñadas que si no andan pueden incluso llegar a enfermar de las patas. Además todos los años hemos plantado nuestra propia avena y una vez espigada las dejamos salir para que coman el cereal que necesitan y ahorrar en pienso, que está todo carísimo.
–¿Cómo os está afectando al sector ganadero la sequía?
-Pues nos está afectando muchísimo en todos los sentidos pero principalmente en el alimento de los animales. Está todo por las nubes, la avena, la alfalfa, los piensos… todo ha subido por la falta de cereal, que hay que traerlo de otras zonas en las que el porte encarece muchísimo el coste. En el tema de la paja se han cebado con nosotros. Cada vez cuesta más y más, porque tenemos que comprar el producto aparte de la inversión que hicimos para tener nuestra propia siembra.
–¿Y la cabra necesita el cereal para sobrevivir?
-No exactamente. Necesita el cereal para dar la leche. Es importante que tenga una alimentación equilibrada entre el fresco y el cereal para que de un buen porcentaje de grasa, que es la que se paga al ganadero. Nosotros le estamos proporcionando este año en el mismo corral alfalfa verde y el cereal que necesitan en piensos.
–Por último, ¿Qué es lo más te gusta de tu trabajo?¿Y lo que menos?
-A mi de mi trabajo me encanta todo, porque si no no estaría aquí. Después de todo lo que me ha costado, esta es la mayor satisfacción. Si vengo a las cabras disfruto muchísimo, desde antes de que amanezca. Haga frío, viento, o sea como sea, siempre vienes. Aquí no entiendes de vacaciones ni de nada, porque ellas tienen que comer si o sí. Lo que menos me gusta evidentemente, es el precio de los cereales. Me gustaría que nosotros puediésemos vivir, el que hace los quesos, el de lo yogures…todo el sector, y no tener unas subidas como las de los últimos tiempos. Los piensos han bajado un poco, pero la paja la hemos pagado a máximos históricos. Eso es inaguantable.
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