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El clima 'se carga' la cereza

  • Las heladas de marzo dan al traste con la mayor parte de la producción, que no llegará al 30% este año

  • Almería produce 95.000 kilos de este cultivo y el grueso se localiza en la comarca de Nacimiento

>el pequeño Valle del Jerte almeriense no pasa por su mejor momento. La producción de cereza prevista para este año, y cuya recolecta ya ha comenzado en sus variedades más tempranas confirma todos los malos presagios. "Es el peor año que recuerdo, con diferencia, y llevo más de treinta en esto", sentencia Pepe Zoyo, natural de Abrucena y que cuenta en una finca con más de 800 ejemplares de este frutal en el conocido paraje de Pago de Escuchagranos, dentro del término municipal, donde se reúnen las mejores condiciones climatológicas de la provincia para la producción de esta cotizada fruta de hueso.

Como cada año en esta época, los agricultores de la zona de Abrucena y Abla se echan al campo para recolectar la producción de cerezas, pero esta vez se ha adelantado casi 15 días debido a unas altas temperaturas que ya parecen constantes. El problema este 2017 ha llegó cuando a finales del pasado mes de marzo, la comarca de Nacimiento registró unos días donde las temperaturas cayeron hasta los -3ºC, lo que provocó el desastre. "Fue cuando estaba empezando a cuajar la cereza más temprana. Unos días muy gélidos, impropios de esa época en esta zona y que dio al traste con prácticamente toda la producción. Le pasó lo mismo a todos los frutales: peras, manzanas... no hay de nada. Todo sufrió la helada", recuerda este agricultor, quien abre las puertas de su finca a Diario de Almería para comprobar los efectos de la climatología, que no ha tenido piedad con los cerezos. "La que más ha sufrido ha sido la variedad Burlat, la más temprana de todas, que pasaba por el momento más importante del cuaje. Aquí se han salvado algunas, pero hay vecinos a los que se le ha ido toda la producción al traste. Yo habré tenido un 10% de la cosecha de temprana y contaré, como mucho, con un 20% de las variedades más tardías, como la Summer".

Por otro lado, como queda patente en el cultivo, el gran problema que tienen los cerezos siguen siendo el pulgón, plaga que Zoyo tiene controlada desde hace años, y el gusano cabezudo, que hace auténticos estragos y para el que todavía hoy no ha encontrado medio para defenderse. Eso sin contar las temidas aves, que juegan un papel crucial. Son concretamente el gorrión y el estornino los ejemplares que pueden llevarse hasta el 50% de la producción si no se ponen los medios necesarios y estos pasan por el ingenio en la mayoría de los casos. "El estornino está controlado a través del cañón que simula disparos y el sistema que emite sonidos de aves rapaces, pero el gorrión sigue siendo la principal amenaza".

También han proliferado otros depredadores, como la mariquita. "No sé los motivos de este fenómeno, pero por ejemplo, en el caso del pulgón se que es por el frío, ya que he comprobado que con el calor ataca menos.

En definitiva hay que tener muchísimos factores en cuenta y trabajar sin tregua para intentar sacar la producción adelante, "y aún así es muy complicado. Se escapan muchas cosas. Se echa de menos contar con más información y asesoramiento de la que contamos en la agricultura rural y a mi juicio ese es uno de los factores que la han hecho caer en el ostracismo".

Para Zoyo esa falta de recursos obliga a los agricultores a abandonar o decidirse por otros cultivos más seguros en el entorno rural. Él mismo reconoce estar algo desilusionado por cómo se ha desarrollado su cosecha de cerezas, que este año es prácticamente testimonial, y cuyo coste por kilo, que rondará los cuatro euros, no le va a rentar lo invertido ni el duro trabajo desempeñado.

"Recuerdo cómo no hace ni diez años se recogían de media 50 o 60 kilos por árbol y diariamente éramos capaces de recolectar hasta 800 kilos. En esta campaña el total con suerte pasará los 300", arroja Zoyo con unos datos que hablan por sí solos de la gravedad que ha alcanzado la situación y en la que él tiene claro que es la mano humana la responsable. "Somos los agricultores del entorno rural los que más notamos este fenómeno. El cambio climático es algo patente y solo el tiempo dirá hasta que punto esta situación es o no irreversible".

Pese a las circunstancias, sí que hay una noticia positiva, y es que la calidad del fruto se mantiene estoica pese a tanto contratiempo y ahora toca esperar a que la próxima campaña sea mejor.

Estos días, un grupo de personas recoge la cereza temprana de Zoyo, el mes que viene llegará el turno de la más tardía, que siempre suele ser algo mayor en esta zona, y que suele coincidir cuando la picota cacereña del Valle del Jerte irrumpe en el mercado y cubre la demanda almeriense.

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