La pobreza se reparte por barrios en Almería: 130 personas duermen al raso cada noche

El Plan Municipal de Vivienda de Almería cifra en 236 las personas sin hogar y sitúa la exclusión residencial en barrios concretos de la ciudad

130 personas duermen al raso cada noche en Almería y la exclusión se localiza por barrios

Una persona duerme en el suelo en la calle Reyes Católicos de la capital almeriense.
Una persona duerme en el suelo en la calle Reyes Católicos de la capital almeriense. / E. P.

Cuando la ciudad apaga las luces, al menos 130 personas buscan un portal, un banco o un aparcamiento donde dormir en Almería. No se trata de una situación puntual ni de una emergencia aislada: es una realidad estable y reconocida oficialmente por el propio Ayuntamiento, que admite que el sinhogarismo y la exclusión residencial forman ya parte del paisaje social de la capital.

Así lo recoge el Plan Municipal de Vivienda y Suelo 2030, elaborado por el Ayuntamiento de Almería y aprobado en su versión refundida en julio de 2024. El documento estima que 130 personas viven actualmente sin techo, mientras que 236 se encuentran en situación de sin hogar, una categoría más amplia que incluye a quienes residen en alojamientos inseguros o inadecuados. A ellas se suma un tercer grupo especialmente vulnerable: 339 personas en riesgo de exclusión residencial, que conservan vivienda pero podrían perderla a corto o medio plazo.

Los datos se reflejan cada noche en distintos puntos de la ciudad. Bajo los elementos del parque infantil de las Almadrabillas, en el aparcamiento junto al Carrefour o en bancos del barrio de Oliveros son algunos de los espacios donde se duerme al raso de forma habitual.

Dormir en la calle ya no es residual

Una persona sin hogar en la Avenida Blas Infante de Almería.
Una persona sin hogar en la Avenida Blas Infante de Almería. / Javier Alonso

El Plan municipal adopta la tipología europea ETHOS, que diferencia los distintos grados de exclusión residencial. Bajo esta clasificación, el sinhogarismo no se limita a quienes duermen en la vía pública, sino que incluye situaciones de infravivienda, hacinamiento o alojamiento inseguro.

El diagnóstico revela además un marcado componente social y demográfico. Más del 70 % de las personas afectadas por el sinhogarismo y la exclusión residencial son de origen inmigrante, mientras que las mujeres representan una minoría en las situaciones más extremas, aunque su presencia es significativa en los niveles intermedios de vulnerabilidad.

Barrios donde se concentra la exclusión

La exclusión residencial no se distribuye de forma homogénea en la ciudad. El Plan Municipal localiza los principales focos de vulnerabilidad en barrios concretos de Almería.

En La Chanca-Pescadería, el documento constata el hacinamiento de varias generaciones en una misma vivienda y la existencia de infraviviendas sin acceso a servicios básicos, especialmente en zonas altas del barrio. En Nueva Andalucía y el Barrio Alto se detectan problemas estructurales en el parque de viviendas sociales, con edificios muy deteriorados, ausencia de ascensores y conflictos derivados de la ocupación.

En Altamira, el aumento de población inmigrante convive con graves dificultades para afrontar el alquiler, mientras que en áreas como Rambla Belén o Ciudad Jardín el diagnóstico municipal identifica infraviviendas y la adaptación irregular de bajos comerciales como residencias.

Desahucios que alimentan el problema

Los Servicios Sociales municipales tramitan cada año cerca de 110 procesos de desahucio o lanzamiento, procedentes tanto de demandas directas de familias como de informes de vulnerabilidad solicitados por los juzgados. La mayoría de estos casos se concentran en los mismos barrios con mayores niveles de fragilidad residencial.

El propio Plan subraya que la pérdida de vivienda actúa como uno de los principales factores de entrada en el circuito del sinhogarismo, especialmente en un contexto de alquileres elevados y escasa oferta de vivienda asequible.

La red social no da abasto

La atención diaria a las personas sin hogar se apoya en una red social en la que participan el Ayuntamiento y entidades del tercer sector. Cáritas Diocesana de Almería atiende cada año a más de 500 personas en situación de vulnerabilidad y gestiona recursos como el comedor social de La Milagrosa, además de espacios de primera acogida destinados a cubrir necesidades básicas de alimentación, higiene y acompañamiento.

Junto a Cáritas, Cruz Roja Española, ACCEM, las Hijas de la Caridad y otras entidades desarrollan programas de atención social, mediación y apoyo a personas sin hogar o en riesgo de exclusión, especialmente durante episodios de emergencia climática o social.

El límite real: el acceso a la vivienda

El Centro Municipal de Acogida, con 87 plazas, actúa como eje del dispositivo municipal y se refuerza de forma puntual durante episodios de bajas temperaturas. Desde este recurso se plantea como medida estructural la creación de un banco de viviendas, que permitiría a las entidades sociales alquilar inmuebles para su uso colectivo como alternativa estable a la atención de emergencia.

En paralelo, el Ayuntamiento ha adjudicado obras por más de 1,3 millones de euros para la reforma y ampliación del centro, con mejoras energéticas y funcionales. Una actuación que refuerza la red asistencial existente, aunque el propio Plan reconoce que el principal reto sigue siendo el acceso a una vivienda asequible en el mercado del alquiler.

Refuerzo nocturno ante el frío

Ante la bajada de temperaturas y los episodios de lluvia, el Ayuntamiento de Almería ha habilitado de forma temporal una sala adicional en el Centro Municipal de Acogida, lo que permite ampliar la capacidad hasta cerca de un centenar de plazas, unas diez más sobre las habituales. El refuerzo se mantiene activo durante los episodios de frío intenso, incluso aunque el centro se encuentre en obras.

Además, la Unidad de Calle y la Policía Local intensifican estos días la labor informativa para trasladar a las personas sin hogar la disponibilidad del recurso, cuyo uso es voluntario y se centra principalmente en el horario nocturno.

El Plan Municipal dibuja con precisión dónde está el problema y a cuántas personas afecta. La incógnita que permanece abierta es cómo evitar que dormir en la calle deje de ser una imagen cotidiana en Almería.

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