Crónicas desde la ciudad

Carnaval de Almería: La burguesía se divierte (III)

  • Aunque en determinados momentos coincidiesen con los de modesta condición, las familias pudientes dispusieron de locales exclusivos: teatros, círculos recreativos, casinos o liceos

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Partiendo de un tronco común y con la libertad y algarabía como bandera, el Carnaval se manifiesta de manera muy diversa en función de su localización. Espectacular y colorista en el “sambódromo” carioca de Río de Janeiro; elegante en los saraos de Venecia, Niza y Múnich; glamouroso de pedrería y plumas en los desfiles y carrozas de Tenerife; carrusel de gracia, espontaneidad de coros, comparsas y chirigotas en la milenaria Gades o los multiculturales de distintas localidades del sur y centro de América, importados de España durante el periodo colonial. De aquí y de allá tomó Almería sus señas identitarias, decantándose finalmente por el modelo de Cádiz, espejo en el que se mira la mayoría de ciudades andaluzas. No obstante, y pese a su carácter popular, el Carnaval siempre distinguió a ricos y pobres. De esta firme línea divisoria entre clases sociales ya da cuenta el bando dictado, a comienzos del siglo XIX, por el jefe Político y Militar, Cerveto, autorizando las máscaras (generales y privilegiadas) que podían acceder -en una capital de escasos veinte mil habitantes- a doce bailes de disfraces a beneficio del Hospital Provincial.

Principal, Liceo y Círculo 

Aunque en determinados momentos y lugares coincidiesen con los de humilde condición, las familias pudientes dispusieron de locales exclusivos: teatros, círculos recreativos, casinos o liceos. Entre los primeros documentados tenemos el teatro Principal, inaugurado en 1829 con el nombre de “Campos” (por su propietario Antonio Miguel de Campos) y dedicado posteriormente a la reina madre, “María Cristina”. Levantado a intramuros de la ciudad -en el solar del actual edificio Banesto o Casa de los Rodríguez- es obra del arquitecto Trinidad Cuartara y el más importante espacio escénico hasta que en la siguiente centuria abrió sus puertas el Cervantes (según planos de Enrique López Rull). Antes de su dedicación a Café cantante programó espectáculos “cultos”, entre ellos bailes de Carnaval a favor de las Juntas de Caridad y en beneficio del antiguo Hospital Real de Santa Mª Magdalena. 

Sobre el solar de una antigua Casa de Comedias se alzó el Liceo Artístico, hoy sede del CAF

El Liceo Artístico y Literario tomó su relevo cronológico. Establecido a comienzo de los años cuarenta del XIX sobre una primitiva Casa de Comedias -reconstruida tras los terremotos que asolaron a Almería en 1804-, es hoy, bella y racionalmente restaurada, sede del Centro Andaluz de la Fotografía. En su salón de columnas de la planta superior se organizaron bailes, incluidos los de Carnaval, para socios o en posesión de la “tarjeta de invitados y transeúntes”. En aquel ambiente de refinada elegancia los lechuguinos engominados y las damiselas en edad de merecer ensayaron sus primeros escarceos amorosos, amparados por el antifaz y al ritmo de valses, polkas y minués. Bajo la presidencia, en su segunda etapa, de José de Vílches, El Caridemo, revista caja de resonancia de lo que allí sucedía, glosó en un párrafo (10/02/1848) el clima callejero que se respiraba en las Carnestolendas almerienses:           

La careta se ha apoderado ahora de todos los sexos y de todas las edades. Esta población tan aficionada a las máscaras ha empezado a disfrutar de esta diversión, y así es como vemos recorrer de noche las grandes comparsas que se dirigen a los salones donde las reciben. Los bailes públicos los vemos sumamente concurridos, y nuestras bellas virgitanas lucen con aquella gracia y esbeltez de nuestras vecinas las orientales, ya un refajo plegado al uso del país; ya una saya antigua, que es un lindo anacronismo de nuestra época; o ya por último, un bonito vestido de escocesa y de aldeana. Ciertamente que la época actual es la época de los engaños y de las ilusiones; nosotros, aunque estamos por lo positivo, no podemos prescindir de pagar en ella nuestro tributo. 

Una quincena después la “Empresa de bailes públicos” (¿concesión Municipal?) inserta un reclamo:

Aproximándose el Carnaval, época destinada para la distracción que ofrece la careta y el disfraz, la Empresa, solícita en obsequiar cuanto es posible a sus muchos favorecedores, ha dispuesto grandes bailes de máscaras en el espacioso salón del Liceo, que se hallará decorado aún mejor que en los bailes anteriores. Ha dispuesto que se toquen nuevas tandas de walses y rigodones que estarán ensayados por la orquesta.

El servicio de fonda estará perfectamente servido y con baratura. Los bailes empezarán a las ocho de la noche y concluirán a las tres de la madrugada. Los precios de entrada se anunciarán por carteles

Desaparecido como entidad artística y cultural, siguió brindando funciones previo pago del ticket o “por la consumición”. En 1874 otro diario inserta una gacetilla al uso: En el Liceo se celebran bailes de Máscaras por Carnaval.

El Casino Almeriense (sin relación alguna con el oficial Casino Cultural de Almería, en el Paseo) fue habilitado en un caserón de la céntrica plaza de Santo Domingo, esquina a la calle Antonio Ledesma –donde abre sus puertas el colegio El Milagro-. Siendo gobernador el brigadier Rute, su inauguración (febrero, 1854) coincidió con el Domingo de Piñata. Entreveradas de danzas y melodías de moda entre la burguesía local, figuraron tres mujeres habituales del Liceo, tocando el piano, cantando y declamando poesías: Eugene de Mazuc, Alicia O`Connor (madre del tenor Luis Iribarne) y Natalia Pérez de Vigar. Siendo ya en el principal Café cantante de la ciudad, durante toda una quincena (marzo, 1886) se anunció la más histórica de las comparsas gaditanas: “Las viejas ricas de Cádiz”, dirigida por Perico Roldán y de la que formaba parte “el célebre fenómeno de los Tres Pies”: ¿por apoyarse en un bastón, por exhibir un descomunal pene, ficticio?, vaya usted a saber… 

La legendaria comparsa “Las viejas ricas de Cádiz” se anunciaron en el Casino Almeriense

Casino Cultural 

Al inicio de la pasada centuria fue trasladado desde la glorieta San Pedro al palacete construido por el rico hacendado y político conservador Emilio Pérez Ibáñez (Almería, 1849-1903). Al proyecto firmado en 1888 por el arquitecto López Rull se sumó al año siguiente el de un espléndido jardín adosado -el único al exterior de todo el Paseo-; terraza en la que con el clima propicio se sucedieron cenas y recepciones. La densa historia del inmueble fue testigo de situaciones indeseadas además de vivienda particular, casino y bingo: ocupado por el Comité Central del Frente Popular y Sala del Tribunal de represión franquista en la posguerra. Actualmente en este se ubica la Delegación del Gobierno de la Junta Andalucía. Y en llegando Carnaval, un elitista punto de encuentro lúdico, incluido los años de prohibición. Presidido por los frescos del techo pintados por Carlos López Redondo, su salón noble, adornado de arañas de cristal, terciopelos y cornucopias, pronto se convirtió en testigo de concurridos bailes de máscaras. La casuística es enorme y no podemos detenernos. Sí en una norma excluyente de 1921 que nos llama la atención: “Las comparsas sólo se admitirán el lunes de Carnaval de nueve a once de la noche”. Cada oveja con su pareja o cada uno en su casa y dios en la de todos. 

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