La Catedral de Almería, el lienzo sobre el que pintar la historia
Almería
La catedral de Almería es uno de los edificios renacentistas más singulares de España
"Mi relación más personal con la catedral de Almería empezó casi al mismo tiempo que mis primeras exposiciones en la ciudad"
La Catedral de Almería en la vida de... José Cano García, presidente de Asempal

Almería/La catedral, una gran fortaleza a la que se adosan elementos decorativos, especialmente en las puertas de entrada, de diseño purista clásico, y por la pervivencia del último gótico en el interior de sus naves y bóvedas. La sacristía de Juan de Orea, de reminiscencias romanas, evoca en mi memoria el ardor y la adoración por las formas más depuradas del clasicismo que experimenté en mi formación como arquitecto en Pamplona.
Pero mi relación más personal con la catedral de Almería empezó casi al mismo tiempo que mis primeras exposiciones en la ciudad. Por entonces, cada vez que acudía a la capital por algún motivo artístico, me hospedaba en casa de los sacerdotes Gállego Fábrega, Arturo, Alfredo y Pelayo, en el edificio lateral a la catedral en cuyos bajos estaba la Librería Pastoral. Los sacerdotes, oriundos de Albox, formaban parte de mi familia, pues eran nietos del célebre tallista albojense Alfredo Fábrega Monteagud, hermano de mi bisabuela; la estirpe de la que venían todas mis capacidades y sueños artísticos. Con el paso de los años, Alfredo Gallego acabó siendo el deán de la catedral. En fecha tan temprana como septiembre de 1991, cuando aún no había cumplido veinte años, conocí al canónigo José Antonio Bernabé Albarracín, quien preparaba la beatificación de los llamados Mártires de Almería, integrados por algunos de los clérigos que habían sido asesinados tras el estallido de la Guerra Civil en nuestra provincia. El grupo que se iba a beatificar en el Vaticano estaba constituido por dos obispos, el de Almería, Diego Ventaja, y el de Guadix, Medina Olmos, junto a siete hermanos de Lasalle. El padre Bernabé, admirador de mi pintura juvenil, me encomendó entonces que pintara el busto de Diego Ventaja. Más tarde pinté el cuadro definitivo que presidiría la ceremonia de beatificación en Roma. Acepté ilusionado la encomienda. Una semana después entregué al padre, el cuadro del busto. Bernabé regentaba por entonces la imprenta Grafikás, en la calle San Leonardo, donde hizo una tirada de láminas a partir del cuadro original que, convenientemente enmarcadas, acabaron decorando todas las iglesias de la diócesis. Era la forma de preparar el culto para la recepción jubilosa de un nuevo santo, esta vez de origen almeriense.
Meses después hice lo mismo con el obispo Manuel Medina Olmos, y el cuadro de busto que pinté entonces cuelga hoy en el museo diocesano de Guadix. El gran cuadro definitivo, de cuatro metros de altura, lo pinté en 1993, con veintiún años. Lo comencé en mi taller por entonces de Olula y pronto lo trasladé a la catedral de Almería, donde volvió a montarse y tensar el lienzo en la Sala Capitular para que pudiera acabarlo. El padre Bernabé y mis parientes Alfredo y Pelayo estuvieron pendientes de todo el proceso. Alfredo estaba realizando un trabajo ímprobo de investigación sobre los varios centenares de clérigos asesinados en la provincia, con objeto de llevar a la Santa Sede una causa general de los mártires. Una vez concluido el gran lienzo y remitidas fotos del mismo al Vaticano, nos pidieron sustituir las lujosas vestimentas que lucían los obispos en el cuadro por otras más modestas, de calle. Había, en definitiva, que repintar el cuadro. Si bien, reunida la comisión, que incluía a miembros de Almería y de Guadix, acordaron no tocar la obra y encargarme un nuevo cuadro idéntico al anterior, pero con los dos obispos vestidos como la Santa Sede solicitaba. La primera versión quedaría colgada definitivamente en la catedral de Almería, junto a la lápida sepulcral de los mártires, y la segunda versión se incorporaría a la catedral de Guadix, una vez que regresara de Roma tras la ceremonia de beatificación. Así procedí, ejecutando un segundo gran lienzo que finalmente viajó a Roma y colgó del balcón principal de la basílica de San Pedro, para después volver a Guadix y quedar definitivamente instalado en una de las capillas de su catedral. Antes del traslado a Roma de la segunda versión, la primera se presentó solemnemente en la catedral almeriense, con amplia repercusión mediática. Recuerdo emocionado el artículo que dedicó al cuadro mi querido Bartolomé Marín, el sacerdote –pintor albojense, de filiación indaliana, tan importante para cultura almeriense y que tanto me ayudó en mis comienzos.
La primera versión del cuadro de los Mártires quedó colgada en la catedral de Almería. Tres años después, en la madrugada del jueves santo, 4 de abril de 1996, un pavoroso incendio en la catedral quemó los pasos de la cofradía del Prendimiento. El cuadro de los Mártires, colgado en una de las paredes cercanas, quedó reducido a cenizas. Como testigo, su bastidor carbonizado colgaba solo de la pared de piedra tiznada por el efecto de las llamas. Pocos meses después, el obispo de la diócesis, Rosendo Álvarez Gastón, me hacia el encargo de pintar el cuadro de los Mártires para restituirlo al culto. Con mayor madurez como pintor, procedí a ejecutar una tercera versión, que probablemente sea la mejor, y que hoy puede verse en lugar preeminente de una de las naves laterales, frente a la capilla Mayor de la catedral.
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