Crónicas desde la ciudad

Cementerio Inglés: Origen, desidia y mentiras (I)

  • Desde 1877 forma parte del complejo funerario construido en el Marchal de Iniesta. En evitación de críticas ante su lamentable estado, un concejal lo cerró con portón y candado

Cementerio Inglés, Almería Cementerio Inglés, Almería

Cementerio Inglés, Almería

Bajo los auspicios de Carlos III, la Ilustración logró superar el monopolio eclesial de los enterramientos “en sagrado” del común de los españoles; practicados en los aledaños o interior de recintos religiosos, aunque en Almería se demoraron injustificadamente. El primer cementerio laico, proyectado en 1786 según plano de Pedro Antonio Salmerón (Archivo Histórico Nacional), no se llevó a efecto. Fue en la segunda década del siglo XIX cuando comenzaron las inhumaciones en uno civil específico: el de Belén, en la parte alta de la rambla del mismo nombre (por la ermita privada de tal advocación alzada en aquel paraje), frente a la actual plaza de toros. Fue el antecesor del de San José (en el Marchal de Iniesta), cuya antigüedad se remonta a 1866. De menor capacidad son los que sucesivamente atendieron (y atienden) a los vecindarios de La Cañada, Cabo de Gata, El Alquián y Cuevas de los Medinas.

El anglicano es uno de los cinco habitáculos diferenciados del cementerio municipal

Ya en nuestros días, la tradicional conmemoración del mes de los Difuntos se verá alterada por el Covid-19 que azota a la Humanidad. La masiva afluencia anual de personas deberá adecuarse a la vigente normativa sanitaria. Ahora corresponde referirnos a aspectos escasamente publicitados de una singular ciudad de los muertos: el Cementerio Inglés. Pero antes de abordar su deplorable estado crónico, debemos remontarnos a sus orígenes

Gestos iniciales

Al concluir el Trienio Liberal (1820-1823) el número de extranjeros asentados en la ciudad ya era notable; incrementada considerablemente conforme avanzaba el siglo y aumentaban las exportaciones de plomo y plata, barrilla, esparto, albayalde, uva y mineral de hierro. El contrabando con Gibraltar se convirtió asimismo en una lucrativa e ilícita línea de negocio a tener en consideración. El padrón vecinal se enriquece con apellidos de procedencia europea: Duomovich, Greppi, Murrison, Spencer, Fischer, Cuartara, Barrón, O´Connor, Grisolia, Mac Murray, Durbán, Maresca, Cassinello, etcétera. Una clase social dedicada activamente al comercio interior y exterior, con diferentes puertos mediterráneos, ingleses y escandinavos como destinos preferentes. Sociedad burguesa descrita con fino trazo en sus modos, costumbres y relaciones personales por Davillier, Pedro Antº de Alarcón o Garzolini en sus crónicas viajeras andaluzas. De religión protestante en su gran mayoría, ante la dificultad que suponía la repatriación a las naciones de origen, optaron por facilitar su enterramiento en suelo almeriense, aunque diferenciado “católico” de San José. ¿Qué ocurrió con anterioridad con quienes profesaban el anglicanismo?, ¿dónde les daban sepultura? Nada sabemos. Del primitivo de la rambla de Belén no se conservan libros de enterramientos (si es que los hubo formalmente). Tampoco he hallado listados nominales con motivo del traslado de restos al actual en actas de Cabildo ni legajos. Cabe la posibilidad de que dispusieran de una zona acotada (aunque los planos disponibles no la indican), o bien que trasladasen los cadáveres al cementerio-jardín Saint George, en la cercana Málaga, abierto en 1830 y declarado Bien de Interés Cultural en 2012-

Málaga. Cementerio de los Ingleses Málaga. Cementerio de los Ingleses

Málaga. Cementerio de los Ingleses

Solicitud aprobada

Al objeto de hacer más comprensible la farragosa información custodiada en el Archivo Municipal “Adela Alcocer”, extracto resoluciones sustanciales referidas a su gestación. El primer paso para la construcción de un cementerio no católico corresponde al propio Consistorio y no a la colonia inglesa:

Por el concejal Sr. Vivas se expuso que no habiendo en nuestra población cementerio a donde puedan ser conducidos los cadáveres de los que mueren sin pertenecer a la comunión católica, pedía que por sentimiento de humanidad y por exigirlo así la cultura de esta población, se determine por el Ayuntamiento que contra los muros del nuevo se señale un recinto para dar sepultura decorosamente a los cadáveres que no fuesen católicos

Cementerio. Almería, primer plano, 1798 Cementerio. Almería, primer plano, 1798

Cementerio. Almería, primer plano, 1798

Dado su carácter humanitario y en evitación de posibles profanaciones, dicha moción fue aprobada en el pleno de 10 de agosto de 1869 presidido por el alcalde 1º Mariano Álvarez Robles (futuro suegro de Colombine), amparados en una ley estatal de 1855. No obstante, el proyecto no cristalizó. Hubo que esperar al 15 de octubre de 1877 para que aceptasen la petición del vicecónsul, Felipe Barrón, solicitando terreno a espaldas del Cementerio Católico en la extensión de treinta y siete varas de longitud por veinticuatro de latitud (equivalente a 888 metros cuadrados) para dar sepultura a los cadáveres que profesan la religión protestante (…) Siendo de cuenta del peticionario la cerca y camino que ha de facilitar la conducción de cadáveres por el interior del Católico, y la apertura y colocación de puertas y reja de comunicación.

Nueve días después se contempla en el legajo 338-20 (AMAL). Comisión de Cementerios, Sanidad y Beneficencia (presidente José de la Muela Chacón y Felipe Barrón, Vice-Consulate British):

“Vista la petición que antecede, y el acuerdo del Excmo. Ayuntamiento, esta comisión conceptúa muy atendible los deseos del Sr. Representante Británico, como fiel y debido órgano de los súbditos establecidos en esta Capital, cuya concesión a la vez de ser humanitaria y atendible por todas circunstancias, no encuentra obstáculo a la misma en que se acuerde lo solicitado, demarcándose el perímetro necesario para la construcción al efecto, bajo las bases que sean conducentes y decorosas a tal proyecto”.

Reinando Carlos III, los Ilustrados abolieron los enterramientos en recintos religiosos

En diciembre de ese año el arquitecto municipal, Trinidad Cuartara, se constituye sobre el terreno y demarca un rectángulo de treinta y siete metros de longitud por veinticuatro de latitud en el espacio sobrante al respaldo del católico del total que el Ayuntamiento compró para su construcción, “resultando una superficie de 888 metros cuadrados, que han de quedar cercados”.

En diciembre de 1892, el vicecónsul Guillermo M. Lindsay se dirigió al Municipio reclamándole el título acreditativo del espacio mortuorio que había solicitado el 28 de julio anterior. Proseguía:

“Tengo que manifestarle a ese Excmo. Ayuntamiento que en el año 1877, siendo gobernador Civil D. Onofre Amat, fue regalado por Don Juan de Oña, el alcalde por aquel tiempo, un trozo de terreno situado a espaldas del Cementerio nuevo de esta Ciudad, con el objeto de hacer allí uno para enterrar a los súbditos de la Gran Bretaña que tuviesen la desgracia de morir así lejos de su patria.- Este regalo fue hecho en tiempo de mi antecesor Don Felipe Barrón, pero hasta la fecha este Vice-Consulado bajo mi cargo no tiene documento posesorio alguno; y necesitando tal instrumento debidamente registrado por el Registro de la Propiedad, acude a este Excmo. Ayuntamiento para que me facilite el título para los objetos correspondientes. Excusado es recordar a este Excmo. Ayuntamiento que las cenizas de dos plecaros hijos de esta provincia, a saber, las de D. José Litrán, y la de D. Olallo Morales, reposan en aquel humilde recinto”. Continuaremos.

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