Almería

3V DOMINGO DE CUARESMADes-vivirse por los demás

3V DOMINGO DE CUARESMADes-vivirse por los demás 3V DOMINGO DE CUARESMADes-vivirse por los demás

3V DOMINGO DE CUARESMADes-vivirse por los demás

La cuaresma va llegando a su término, y el evangelio de hoy nos prepara para la hora de Jesús, para el momento de su muerte, entrega que pone fin a la antigua alianza e inaugura, como dice el profeta Jeremías, una nueva. El profeta anuncia una promesa de parte de Dios: ante el pecado del hombre, una vez más, Dios se anticipa reparando aquella primera alianza mediante otra que ya se inscribe en el interior de cada creyente. Por eso, el salmo nos invita a pedirle al Señor que haga posible poder acoger este don: «Oh Dios crea en mi un corazón puro» (Sal 50). Seguramente, las palabras del profeta suscitaron una expectativa en el pueblo, ¿cuándo será eso?¿cuándo realizará Dios esa nueva alianza? Jesús nos dice que ha llegado ese momento.

Es un evangelio que une dos momentos distintos. En un primer momento, unos griegos buscan a Jesús, y les preguntan a sus discípulos donde encontrarlo: «queremos ver a Jesús». Estos hombres aparecen como buscadores de una verdad profunda, y nos enseñan una actitud que debe estar continuamente presente en todo creyente:«Tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro»; a Dios nunca se le posee, debemos andar continuamente en su búsqueda, sabiendo que Dios es siempre mayor de todo cuanto podamos imaginar. Si, por un lado, aquellos griegos nos recuerdan que todo creyente es siempre una persona en búsqueda de Dios, por otro lado, Felipe y Andrés nos muestran la necesidad de medidores, de personas que, experimentando a Dios, pueden ayudar a otros a encontrarlo.

En un segundo momento, el relato nos sitúa frente a las palabras de Jesús ante el misterio de su muerte: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere queda infecundo, pero si muere da mucho fruto». Nos adentramos en la comprensión y en los sentimientos más profundos de Jesús ante su cruz. Él sabe que han tramado su muerte, pero por fidelidad y obediencia al Padre la asume. Así como toda su vida consistió en vivir para los demás, de esa misma manera su donación es también por los demás.

Esta entrega de Jesús aparece con tres características. La primera es de salvación. El grano tiene que caer en tierra para ser fecundo, igualmente su entrega se hace vida. En segundo lugar, es de universalidad. Esta salvación es para todos, «atraeré a todos hacia mi». Sus brazos abiertos en el madero de la cruz quieren acoger a toda la creación. Pero, además, quien quiera ser discípulo, y ésta es la tercera característica, ha de estar dispuesto recorrer su mismo camino. La vida solo se logra entregándola, solo de ese modo se hace eterna. Jesús es claro, no se puede generar vida, sin querer gastar la propia. No se puede hacer vivir a los otros, si uno no está dispuesto a «des-vivirse por los demás».

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