Directores de cine (II). Sergio Leone, un genial déspota y glotón

Almería

Ni había leído un libro en su vida. Era gordo, sucio, glotón y déspota.

Hablaba a voces e improvisaba genialidades.

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Sergio Leone da instrucciones a un joven Clint Eastwood durante uno de sus rodajes en Almería
Sergio Leone da instrucciones a un joven Clint Eastwood durante uno de sus rodajes en Almería / Diario De Almería

Almería/El oficio del cine le venía de su padre. Tenía como bagaje su experiencia como ayudante de dirección en grandes rodajes americanos. Él soñaba con los vaqueros y las diligencias en Nevada y Nuevo México. Un día fue a ver la cinta de Akira Kurosawa, “Yojimbo”, la película de samuráis y se le ocurrió que él podía hacer una del Oeste: lo plagió y le añadió algunos toques personales, y de ahí nació Por un puñado de dólares” (1964). No andaba bien económicamente, pero se empeñó en rodar esta película. Sin fama y sin recursos, tampoco estaba convencido de que Clint Eastwood, aquel desconocido actor, hiciera el papel principal de su película.

Sergio Leone, hijo de uno de los pioneros del cine italiano Vincenzo Leone y de una conocida actriz Francesca Bertini, tenía sólo 20 años cuando trabajó de asistente de director en “El ladrón de bicicletas” (1948), con Vittorio de Sica. Sergio Leone (Roma, 1929–Roma, 1989), que había visto cine desde su niñez, entraba así por la puerta grande en el séptimo arte.

Leone durante el rodaje de "El bueno, el feo y el malo"
Leone durante el rodaje de "El bueno, el feo y el malo" / Diario de Almería

Lo que no se podía imaginar entonces era que, dos décadas después, reinventaría nada menos que el género por excelencia del cine americano: el western. Para los norteamericanos era un género con hondas connotaciones; para los europeos, sin embargo, era un mero entretenimiento. El western europeo estaba influido por el cine, pero también por las novelas baratas. Era un subproducto destinado a satisfacer las demandas pueriles de un público que no quería arte, sino acción y divertimento fácil. Sergio Leone no inventó ese enfoque, pero fue quien mejor lo entendió. Aunque sus últimas películas fracasaron en Estados Unidos, la “Trilogía del dólar” sí se hizo inmensamente popular y los espectadores norteamericanos asimilaron esa nueva vertiente del western con la misma facilidad que los europeos, probablemente necesitaban que el cambio llegase de fuera.

La influencia que todas estas cosas han tenido en cineastas posteriores está fuera de toda duda. El Western y la acción fueron redefinidos por Sergio Leone tal y como el suspense fue redefinido por Hitchcock: nuevo enfoque, nuevas ideas, nuevas técnicas. Su carrera fue popular pero extraña, difícil de interpretar, y desde luego poco prolífica, pero la huella que dejó es inmensa. Quizá sea el director cuyo estilo más gente podría reconocer sólo con ver uno de sus planos, incluso si retiramos la reconocible música de Morricone. Pocos cineastas se han inoculado de tal manera en el inconsciente colectivo y en el bagaje cultural de la gente. Leone nunca olvidó que las películas se hacen para la gente de la calle, y aun así, quiso evolucionar porque pensaba que la gente sería capaz de apreciar cosas mejores si alguien se las ofrecía. El tiempo le dio la razón.

Sergio Leone protegiendo la cámara bajo un paraguas
Sergio Leone protegiendo la cámara bajo un paraguas / D.A.

Trabajó de ayudante de dirección en grandes producciones de Hollywood como “Quo Vadis” (1951), “Helena de Troya” (1955), “Ben-Hur” (1959) o ”Historia de una monja” (1959). Ese mismo año, por fin, pudo dirigir un filme. Sustituyó a Mario Bonnard al frente del rodaje de “Los últimos días de Pompeya”. Oficialmente, el debut de Sergio Leone fue en 1960, con “El coloso de Rodas”, y en 1962 se encargaría de “Sodoma y Gomorra”, en sustitución de Robert Aldrich, una de sus máximas influencias.

Leone pasó a la historia por su “Trilogía del dólar”, sus famosas películas del oeste rodadas en Almería con las que fundó un nuevo género: el spaguetti western. El oeste se volvió más oscuro y duro que nunca. Los personajes ya no tenían principios ni moral. Mataban a sangre fría y se alejaban de la figura del héroe clásico.

Además de las innovaciones temáticas, Leone trajo consigo un nuevo estilo visual de primeros planos, y con una presencia atronadora de la música. Gracias a él, el mundo conoció a dos figuras fundamentales en la historia del cine: el maestro italiano Ennio Morricone y el americano Clint Eastwood, que dedicó su Oscar por “Sin perdón” al realizador italiano.

Con el tiempo su obra se revalorizó, tal como Fellini o Visconti. Muchos nombres de directores actuales han reconocido la figura de Leone como influencia clara de su cine, como John Carpenter o Quentin Tarantino. Éste, siempre nombra “El bueno, el feo y el malo” como su película favorita y no ha dudado en incluir homenajes explícitos a Leone en su carrera. Muchos han intentado imitar al maestro como, Brian De Palma, John Milius, pero pocos han logrado rozar su genialidad.

A Sergio Leone hay que agradecerle también haber dirigido uno de los filmes más vistos de la historia del cine español, ya que “La muerte tenía un precio” (1965) fue una coproducción nacional. Más de 5 millones de personas fueron a ver la película en nuestro país y su éxito tuvo una repercusión industrial enorme: “Consolidó el western europeo y convirtió Almería en el espacio ideal para el género, tanto mediterráneo como americano”.

El escenario de Almería donde Sergio Leone rodó uno de sus grandes westerns se vende por 2,5 millones
Sergio Leone, todo un referente del spaguetti western
Sergio Leone, todo un referente del spaguetti western / D.A.

Los premios y reconocimientos durante su carrera se hicieron esperar. No fue hasta su mezcla del cine de gánsters con el western, en “Érase una vez en América” (1984), cuando los medios internacionales posaron sus ojos sobre la filmografía de Leone.

El cineasta italiano revolucionó el western con su célebre “Trilogía del Dólar”. Se puso en marcha esta ruta turística, que compone la famosa trilogía, formada por las películas “Por un puñado de dólares”, rodada en 1964; “La muerte tenía un precio”, de 1965; y “El bueno, el feo y el malo”, de 1966. Este itinerario recorre distintos enclaves de Almería y tiene como objetivo proyectar la imagen de la provincia como destino de rodajes y de turismo cinematográfico.

Estas tres películas suponen "todo un referente del western”. Se trata de un cine de culto, con escenas que forman parte de la historia del cine y una ambientación característica compuesta por diálogos breves y largas escenas en paisajes.

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