Enterramientos singulares (y IV) Cementerio de San José

Crónicas desde la ciudad

La mortandad causada por la epidemia de cólera morbo en 1855 obligó a la construcción de un cementerio de mayores proporciones y alejado de la ciudad. En diciembre de 1867 fue bendecido e inaugurado

Enterramientos singulares (y IV) Cementerio de San José
Enterramientos singulares (y IV) Cementerio de San José
Antonio Sevillano / / Historiador

04 de noviembre 2012 - 01:00

EL camposanto de Ntra. Sra. de Belén fue gran parte del siglo XIX lugar de acogida de propios y foráneos en el tránsito final de este mundo. Con la salvedad de los no bautizados, no creyentes y suicidas; e incluso de entre estos hay que excluir a quienes por dinero le permitían saltarse a la torera la prohibición eclesiástica. Pero siete décadas después de su apertura la salubridad pública reclamó otro más alejado y mayor, "por el ensanche y progreso que la población ha tenido por esta parte". A ello se sumó la alta mortandad a consecuencia de una reciente epidemia de cólera morbo, lo que llevó a acelerar la construcción, además, de los de Cabo de Gata (1858) y La Cañada de San Urbano (1866).

A 1º de mayo de 1858 el plenario municipal se plantea su traslado al Norte, en los accesos por el Camino de Granada. El proceso resultará premioso, dilatado en el tiempo y erizado de problemas económicos. Adquiridos los terrenos idóneos (en alto, ventilados, suelos silíceos) en el Marchal de José Antº Iniesta, se ordena (julio, 1865) el inicio de las obras, comenzando por la cerca general y el muro semicircular del recinto superior, librándose ochenta y cuatro mil reales. Al frente de ellas se hallaba el maestro Rull Merino, a quien sucederían los arquitectos Pérez Villar y Trinidad Cuartara, autor en 1903 de la fachada principal y el pórtico del segundo espacio

Concluido el grueso del proyecto, el Municipio -enfrascado en un contencioso con el obispado por la propiedad del primitivo camposanto- debió dar repuesta a un delicado protocolo: el lugar de enterramiento del clero catedralicio -"en sitio privilegiado"- y la bendición del mismo antes de autorizar las inhumanaciones y el traslado de los restos de Belén. Solventado el primer asunto tras abonar estos la "cantidad de 100 escudos por vía de subvención para los costos suplidos por el Ayuntamiento", se procedió al segundo, con la ausencia del obispo, dada la tensión política, pienso yo, que desembocó en la Revolución de La Gloriosa en 1868. Por su redacción curialesca y minuciosidad respeto la literalidad del acta (meses después el párroco de San Sebastián repitió el ritual con la capilla).

BENDICIÓN

En la Ciudad de Almería a cinco de diciembre de mil ochocientos sesenta y siete, en la Plaza de la Catedral de la misma, previo acuerdo, se reunieron con el Señor Provisor Vicario general de la Diócesis, delegado al efecto por Excmo. e Iltmo. Sr. Obispo, las comisiones designadas por el Excmo. Ayuntamiento e Iltmo. Cabildo eclesiástico, Sres. Curas Párrocos de la capital, maestro de Ceremonias de la Santa Iglesia Catedral y demás señores eclesiásticos asistentes y del servicio de la Capilla catedral, partiendo desde luego toda la expresada comitiva en la forma conveniente y en carruajes al lugar donde se ha obrado el nuevo Cementerio de San José (Santa Adela aquí no pinta nada), al Norte de esta ciudad y sitio denominado Marchal de Iniesta, próximo a los Callejones de Cárdenas, para proceder a la ceremonia de la bendición de dicho Cementerio, y en cuyas dependencias entró el referido acompañamiento a las doce y media de la tarde.

En tal estado, y en la Sacristía preparada al instante, el Muy Iltre. Sr. Provisor don José Proeso Pozuelo, se revistió de amito, alba, cíngulo, estola y capa pluvial blanca con los Presbíteros asistentes y Beneficiados Dº Francisco de Córdoba y Dº Andrés Rosales (curiosamente el mismo nombre y apellido que el obispo), pasando a seguido al interior del local del Cementerio acompañados de los individuos de las respectivas comisiones, que lo eran por el Excmo. Ayuntamiento el Teniente de Alcalde Dº Francisco Nin de Cardona y Sierra, y Regidores Licenciados Dº Miguel Morcillo de la Cuesta, Dº Salvador Campos y Dº Caralampio Ayuso, precedidos de las mazas de la Excma. Corporación, y por el Iltmo. Cabildo, Dº Rafael Hernández Camin, Dº Francisco de Paula Espinosa, Lectoral, y Dº Manuel Antonio García; de los Sres. Curas Párrocos del Sagrario, Dº José Rosales; de San Pedro, Dº Miguel Martínez Valerón, y de San Sebastián el Regente Dº Eusebio Arrieta; del maestro de Ceremonias Dº Vicente Pérez Salinas y oficiales de la Capilla catedral. Y delante de la cruz más alta que la estatura de un hombre colocada en medio del Cementerio y alumbrada con un candelabro con tres velas, se procedió a la bendición por el referido Sr. Provisor y Ministros diciéndose las oraciones, salmos y antífona que prescribe el Ritual Romano, paseando y asperjándose con agua bendita todo el local del Cementerio, terminando tan religioso acto con la colocación de tres candelabros encendidos en el extremo superior y brazos de la cruz, inciensándole y aspergiándole y pronunciando en fin las demás oraciones de la Iglesia para tales casos. Con todo lo cual se dio por concluida la ceremonia serían las dos y media de la tarde, extendiéndose este Acta por duplicado…

LAICOS, CLERO Y MONJAS

Tras organizar el 2º recinto en pasillos concéntricos alrededor de la plaza de Santa Gema (donde alzaron la cruz de los caídos falangista), el Ayuntamiento dispuso la venta del terreno a particulares para la construcción de bóvedas, panteones y capillas del más puro estilo popular y ecléctico, distribuidas en las calles de Santa Gema, María, Clotilde, Brígida, Rita, Águeda, Margarita, Clara, Teresa, Ángela, Marta y Matilde. El primero en comprar fue el político liberal Felipe Vílches, al que siguieron Manuela Scheidnegel, el hacendado Ramón Orozco, etcétera. Otra medida urgente fue la de contratar un tiro de caballos y mulas para las conducciones de cadáveres, servicio sacado a subasta periódicamente. Igualmente autorizaron a las familias, "según se acostumbra de antiguo", a que colocasen luces sobra las fosas el Día de los Finados.

Un túmulo de piedra sobre tierra, de factura antigua (remodelado por el arquitecto López Rull), señala el emplazamiento destinado al "Clero Catedral et Parochiali. Ex Alto Christus". A escasos metros se halla el mausoleo de las Siervas de María (como el resto de Comunidades cuenta con osario propio). A los Dominicos le adjudicaron (1909) una parcela de treinta metros cuadrados para fosas durante el tiempo que estuviesen en Almería. Existen otras capillas, posiblemente religiosas, difícil de datar. No obstante, es en el 1º recinto donde se ubican la mayoría de estos enterramientos. De abajo arriba:

-Siervas de la Iglesia

-Religiosas Hijas de Jesús

-Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Junto al "Cementerio Militar", sobre una franja de terreno de 3 x 4 metros, concedida gratuitamente (1897), "por tratarse de una Comunidad que tan humanitarios servicios presta".

Lindando con el muro y verja de separación se alinean distintas superficies de mármol con frases evangélicas o de sus fundadores en las lápidas que dan paso a las criptas:

-Instituto Catequista Dolores Rodríguez Sopeña

-Religiosas Adoratrices de Sta. Mª Micaela

-Religiosas de María Inmaculada

-Hermanos de las Escuelas Cristianas "La Salle"

- Compañía de Jesús (en tierra, con cinco estelas recordatorias).

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