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Almería

María Enciso, condenada al olvido

  • Aniversario. A finales de este mes de marzo se cumple un doble aniversario de María Pérez Enciso: el de su nacimiento en Almería en 1908 y el de su infausta muerte en Méjico DF en 1949

Sueño blanco

de cal y agua…

De cal y agua,

más blanco todavía

yo te soñaba

EN el Día Internacional de la Mujer, María Pérez Enciso (María Enciso en la vida literaria), benefactora de la Humanidad y escritora-poeta perteneciente a la Generación del 27, sigue clamorosamente olvidada por las administraciones públicas llamadas a velar por la memoria cultural de los personajes ilustres nacidos entre nosotros. En este caso Ayuntamiento y Diputación, las dos más cercanas al contribuyente, que para eso hemos quedado reducido los ciudadanos. Causa tristeza el desprecio que determinados políticos muestran hacia tan extraordinaria mujer muerta en el exilio sudamericano con la palabra "Almería" en la boca. Quiero creer que en el fondo se trata, sencillamente, de ignorancia; de un crónico déficit de conocimiento de nuestro reciente pasado. Aunque a veces dudo si no será un caso flagrante de mala fe.

El 13 de enero de 2012 el Ayuntamiento, a instancia de la AA.VV. Casco Histórico, descubrió una cerámica-laudatoria en el nº 27 de la calle San Ildefonso (aledaña a la plaza Pavía), en la reformada casa donde nació. Pues bien, de boca de un impresentable concejal salió la frase más propia del régimen fascista superado que del sistema democrático que nos concedimos (¿él también?) los españoles: "Ya está bien de ponerle placas a los rojos". Lamentablemente, el señor alcalde, que yo sepa, no le desautorizó el insulto.

Entre los actos programados por la concejalía de Igualdad, hoy tendrá lugar un "recorrido guiado relacionado con las mujeres célebres de Almería" (Carmen de Burgos, Concha Robles, Celia Viñas) y en el que María Enciso se queda fuera. También en fechas pasadas, el Área de la Mujer de Diputación, en una muy loable iniciativa, efectuó una muestra itinerante por la provincia en la que se ensalzaba las figuras de estas y de otras y en la que tampoco María Enciso tuvo cabida. Desde estas páginas sugiero encarecidamente a ambas responsables electas, mujeres las dos, a que le hagan justicia en futuras iniciativas. Disponen de suficiente material didáctico en las biografías escritas por Arturo Medina (esposo que fue de Viñas Olivella) y la que modestamente elaboré para el IEA. Ahora, en vísperas de la doble efemérides que en ella concurren me permito recordar algunos aspectos de su trayectoria vital.

ORÍGENES FAMILIARES

El 7 de diciembre de 1903 Francisco Pérez Castro, censado en la calle Aristóteles, maquinista en la naviera de Juan March, contrajo matrimonio con Dolores Enciso Amat, perteneciente a la pequeña burguesía local y en la que destacaba su hermano José Gabriel, farmacéutico, tutor de María y dirigente de Izquierda Republicana. La joven pareja se instaló en la c/. San Ildefonso, donde en la mañana del 31 de marzo de 1908 vino al mundo María de los Dolores Pérez Enciso. A ella le siguió Francisco, fallecido a corta edad, y Guillermo, nacido en Barcelona (ciudad en la que residieron temporalmente por motivos laborales). Los dos hermanos se reunirían más adelante en América, donde él obtuvo una cátedra de Psicología en la Universidad de Caracas.

Ya de regreso a la casa materna, asiste en septiembre de 1923 a la Normal de Maestras almeriense, establecida en c/. Pedro Jover. Su padre falleció un año después. Instalada definitivamente en Barcelona, María ingresó en su Escuela Normal (cursos 1923/27) al trasladarle el tío la matrícula. No hay constancia de que accediese a la Universidad pero sí de que frecuentó distintos foros intelectuales; caso de la Residencia de Estudiantes de Ríos Rosas, en la que cimentó su vasta cultura y escuchó la palabra poética de la chilena Gabriela Mistral. Destacada militante en UGT y PSUC, utilizó el seudónimo de "Rosario del Olmo" cuando era responsable del gabinete de prensa Extranjera comunista y del Institut D` Adaptació Professional de la Dona.

En la Ciudad Condal se casó, nació su única hija, Rosa, y se divorció -acogida a la Ley de 1932- de José del Olmo, empresario y juez durante la Guerra. Mientras tanto, la madre, Dolores Enciso, permaneció en Almería malviviendo al frente de una pequeña mercería en La Almedina; trasladada a Villa Dolores (Zapillo), el Dr. Francisco Pérez Rodríguez le asistió hasta su fallecimiento por "asistolia" (07/04/1961).

DE HORROR EN HORROR

Ante la inminente toma de Barcelona por las tropas franquistas, huyó junto a miles de españoles ganando la frontera francesa por Cerbére. Lo hizo en enero de 1939 como delegada de evacuación de niños a Bélgica, adscrita a la diplomacia sudamericana. El doloroso encargo -en el que le acompaña la diputada belga Isabelle Blume- consistía en recoger a decenas de hijos de españoles en condiciones infrahumanas, junto a sus padres, de los campos de concentración en Saint Cyprien, Clermont-Ferrand y Argelés-sur-Mer para ser entregados en adopción a familias pudientes de Bruselas, Amberes, etc. En esta hermosa y sacrificada tarea se hallaba cuando Bélgica fue ocupada por la Alemania nazi. Tras los horrores de la guerra civil española el drama personal aumentaba. Llevando de la mano a su hija de corta edad, huyó a Francia y desde el puerto de El Havre a Inglaterra. El encargo humanitario quedaba truncado y sólo entonces buscó su propia libertad en el exilio americano. De esta azarosa etapa de su vida dejó pormenorizada reseña escrita (Europa Fugitiva), como si de una catarsis purificadora se tratara.

AMÉRICA, AMÉRICA

De Liverpool, después de veinte días de travesía, arribó a Barranquilla. Y de allí a Bogotá, donde residió un lustro. En Barcelona ya había ejercido la profesión periodística, lo que le resultará providencial para subsistir en tierra ajena, acogida en el verano de 1940 por la colonia de expatriados españoles. En la ciudad bogotana colaboró en los semanarios Sábado, Revista de las Indias y Tiempo, abordando temas "serios". Sin embargo, exigida por las necesidades económicas, se vio obligada a firmar columnas más populistas; caso del magacín Paquita del Jueves (Méjico) y Diario de la Marina (La Habana). En Colombia publicó sus dos primeros libros: Europa Fugitiva y Cristal de las Horas. En La Habana vivió unos meses en casa del periodista Eduardo Ortega y Gasset para posteriormente afincarse (1945) en México DF donde le sorprendió la muerte a finales de marzo de 1949. Muerte callada y a destiempo, cuando cumplía 41 años de edad. Aquí ejerció de maestra, trabajó en las redacciones de El Nacional y Las Españas y publicó el poemario De Mar a Mar y el libro de ensayo Raíz al Viento (títulos todos descatalogados).

La asimismo almeriense Mercedes Rull Alonso, a la que conoció en Cuba, fue su anegada compañera en el postrer momento de su azarosa vida y quien en tan amargo trance se hizo cargo de su hijita Rosa. Operada de apendicitis, una mala praxis médica condujo a la tumba a María de los Dolores Pérez Enciso.

Aquella muerte fue horrible, un caso de mala suerte y de negligencia porque ella no estaba enferma, era una mujer alta, bien desarrollada, llena de salud…

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