Almería

A PACO MARTÍN VILLEGAS. Tres días antes de su partida

  • El azar quiso que nos reencontrásemos y a partir de ahí dejamos de ser conscientes de existencia mutua para pasar a ser conocidos, es decir: amigos

A PACO MARTÍN VILLEGAS. Tres días antes de su partida

A PACO MARTÍN VILLEGAS. Tres días antes de su partida / D.A. (Almería)

Ya sabes, Paco, lo poco que me gustan los refranes. "A quien madruga Dios le ayuda", "No por mucho madrugar amanece más temprano". Su éxito en la doblez, están fabricados para darnos la razón cuando no la tenemos y algo parecido ocurre con el dicho popular, tan cómodo como falso: "No es lo mismo -dicen- conocerse que ser amigo", dándole al verbo la sola significación de tener constancia de la mutua existencia cuando el conocimiento es la amistad, confirmada al comprobar lo mucho que tienes con el otro de coincidencia, no de similitud que no tiene por que ser amigo sinónimo de igualdad.Años hemos sido tú y yo conscientes de nuestra mutua existencia, viviendo pared con pared en la calle Infanta; tu cara me resultaba conocida y por tus bastantes años menos te hacía algún alumno de los muchos que he tenido a lo largo de los años… al final te logré situar en el lugar y el tiempo y comprobé que no había errado del todo en la figuración: te supe antiguo alumno de mí mujer y te rememoré con tus compañeros de instituto por el centro de Berja, sonriente y formal como siempre has sido.

Ahora pienso en los viajes de domingo que en tu compañía emprendo en busca de tema e ilustración para mis escritos

El azar quiso que nos reencontrásemos y a partir de ahí dejamos de ser conscientes de existencia mutua para pasar a ser conocidos, es decir: amigos. Ya te he comentado como cuando te vas haciendo mayor te vas volviendo transparente para las mujeres jóvenes hasta el punto de que solo te ven las que te preguntan la tapa... y me has dado la razón riéndote con ganas; ni nos ven las mujeres ni nos ve nadie, como si los años fueran haciéndonos borrosos… así es que no te puedes imaginar lo que significa para mí el privilegio de que me veas tan claramente, siendo yo ya tan añoso…

Paco Martín Paco Martín

Paco Martín / D.A.

Muchas cosas coincidentes tenemos: la procedencia familiar agraria, nuestro pasado estudiantil, épocas distintas en el mismo escenario madrileño… y sobre todo el gusto por la tradición y el escuchar del viejo la narración de los hechos grandes y chicos de la vida que eso es al fin la Historia. Muchas veces he percibido tu atención inquieta y curiosa hacia mis relatos como si fuera yo mismo oyendo uno de boca de mis mayores y cuando me sacas temas que sabes que me gustan para que me explaye, pienso en mi madre que le caía muy bien a mis amigos y a todo el mundo ¿y sabes por qué, Paco? porque sabía descubrir pronto el tema de interés para su interlocutor y le animaba para que se despachara a gusto hablando mientras ella le oía con extrema atención. Esa era su actitud, inteligente y generosa como la tuya... seguro estoy de que habrías hecho con ella las mismas buenas migas que has hecho conmigo.

Ahora pienso en los viajes de domingo que en tu compañía emprendo en busca de tema e ilustración para mis escritos, tan espléndidos son que ni Fernando VII: en coche y con conductor como tú, nada más ni nada menos que un hidalgo alpujarreño y además de Dalías. Asfalto y tierra, todoterreno por todos los caminos de la provincia... aunque a decir verdad si se te deja, tal vez por tener más vistos los paisajes hermosos de tu pueblo, siempre eliges tirar hacia la Alpujarra río Andarax arriba para plantarnos ante el palacio verdadero de un falso rey chico, ante la casona cierta de nombre falseado… y nos hemos colado en el convento de San Pascual, Bailón, franciscano, laujareño y ruinoso... hemos analizado rejas de forja, maderas y canterías y hasta nos hemos asomado al pozo abismal de la vieja mina abandonada que antes dio plomo y ahora solo da miedo…

Igual que a la Historia, acaricias los objetos de sus tiempos. Y los guardas

Pueblos con fuentes, en todas sin excepción te he visto beber, como de ritual, yo creo que con la intención de llevarte contigo sangre de la tierra para compararla con la de la tuya; porque esa es otra: te hiciste ingeniero y ejerces sin dejar por ello de ser labrador y como tal dominas la agricultura de tu pueblo y gusto da oírte hablar del campo, de la parra, del pimiento y el tirabeque... de la distribución de las aguas y por supuesto de la historia local de la Dalías del siglo XX: el estraperlo, la guerra y la posguerra, la pérdida dolorosa de su Ejido, la iglesia y las vicisitudes del Cristo de la Luz, cuya fiesta por nada del mundo te pierdes, y tu experiencia qué tan bien cuentas como el cronista discreto que eres: en voz muy baja... pero sin embargo qué bien se te escucha cuando tan misterioso, hablas confidencial, acercándote a tu oyente como si te supieras acechado por el mayor peligro en persona.

Igual que a la Historia, acaricias los objetos de sus tiempos. Y los guardas. He visto en tu añeja casa daliense, agua viva y huerto frondoso, el cajón que en los años cincuenta en sus entrañas de viruta trajo, por la fe de tu familia, la imagen de la Virgen de Lourdes que hoy mora, retablo y gruta, en la iglesia... y al lado del cajón y con su misma edad, la lata del queso de la ayuda americana, un lujo en la pobreza de las escuelas… y la tarjeta de presentación, sello redondo tapa y adorno coloreado de los barriles en que exportaba tu abuelo su mucha uva, sacada con las espuertas de madera de su recolección, ahora inservibles, pura melancolía como el negocio uvero, y a las que tú le estás devolviendo la vida, tornándolas, boca abajo, cuadras de tu granja de caracoles, que hasta granjero eres Paco, inventivo, completo y "más cumplio -como decían en Dalías- que don Diego Martín", tu abuelo.

Para el próximo viaje repetiremos tu ruta favorita, que por eso es también la mía: Fondón, Laujar... bar y cerveza y si hay por allí un Alex posmillo de Contraviesa que te lo sirva, un tomate picao de tapa, que hasta para eso eres sencillo; un pase de revista al patrimonio y otra vez río abajo carretera de vuelta a Almería, curvas y más curvas sobre un paisaje inmenso de tarde que apunta al crepúsculo y cuando ya estemos bajando la cuesta de Alhama y apagues la llave de contacto como te gusta hacer cuando desciendes, mira a tu diestra por el rabillo del ojo y allí verás a tu lado, de copiloto, contigo como siempre, a tu amigo Pepe Ruz.

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