El Patrón repara el Horno del Marqués de Los Vélez para seguir con la cocción
La panadería cuenta con una cavidad del siglo XVI que elabora productos típicos de la zona como tortas de chicharrones y roscos de almendras, entre otros dulces
Conservar la esencia de una masa bien cocida como se realizaba en el siglo XVI todavía es posible si se pasea por el centro del municipio de Vélez-Blanco. Pedro Julián Recober, conocido como El Patrón, como también se llamaba su panadería, explica las bondades de su horno del Marqués de Los Vélez que está en proceso de remodelación.
La panadería ya ha adoptado el nombre de Horno del Marqués de Los Vélez, pero este verano toca reparación de esta joya tan preciada por Recober. "Queremos remodelarla pero igual que se hacía antiguamente para conservar su esencia".
La estructura del horno está perforada en la pared. Mide 4,20 metros de largo por dos metros de ancho y tiene una bóveda perforada en la pared. Tiene una altura de 1,98 metros. "La compré porque estaba parado y no tenía casa, y conservé el horno donde he cocinado de todo hasta cochinillos".
El panadero asegura que está apenado de que este mes de agosto no tenga el horno en funcionamiento: "Quiero empezar a trabajar porque se nota en el sabor, muchos no lo diferencian y otros sí, pero para mi es totalmente distinto, todo sale más bueno".
El horno se ha convertido en un punto turístico del pueblo y ha tenido visitas significativas: "Recuerdo cuando vino la duquesa de Medina Sidonia que quería conocer el horno de su antepasado. Me quedé muy sorprendido porque era muy simpática y muy culta. No aparentaba la grandeza que tenía por su sencillez".
La cavidad está construida, como mínimo, en el año 1546, según indica una carta redactada por el concejal de Cultura, Dietmar Roth. En 1570 había cinco hornos en Vélez-Blanco. "Ya no quedan muchos porque los han tirado", explica Recober.
La calle Noviciado se conocía en 1571 como calle del Horno del Marqués, en referencia al establecimiento. A mediados del siglo XVI se arrendaba por uno o dos años en subasta pública y el hornero debía contar con fiadores para pagar posibles deudas.
En 1602, los horneros Simón Sánchez, Baltasar Picón y Úrsula Bernabeo le pagaron 47 ducados al marqués por el arrendamiento del horno. En 1614 pasó a manos de Juan Portillo y su fiador, Jusepe Corbalán, que pagaron 50 ducados. Posteriormente pasó a Leonardo Roque, Hernando de Sola y su mujer Magdalena Jover, Juan Mateos y Juana Martínez, entre otros.
El primer documento de este horno moruno es el inventario de bienes que se elaboró a la muerte de Don Pedro Fajardo y Chacón. El hornero, en ese momento, era Hernando Bruguera y la pala de esa cavidad se ha ido heredando de uno a otro hasta el actual propietario.
El secreto no solo está en el horno, la harina llegada de Topares es otro de los ingredientes que benefician a que el resultado final salga a pedir de boca. Detrás de la vitrina se encuentran dulces típicos de la zona: tortas de manteca y chicharrones, de manteca con almendras, roscos fritos, de anís y de almendras...
Antes de arreglarlo ha tenido que dejar durante casi un mes el horno sin funcionar para que se enfríe. "El horno da a la cocina y cuando está puesto no puedo pisarla descalzo porque me quemo".
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