Reglamentos Taurinos y Trofeos
Crónicas desde la ciudad
El antecedente al triunfo de José Mª Manzanares el pasado viernes día 26 se registra en la Feria-1982; en ella el lorquino Pepín Jiménez logró los máximos trofeos ante un encastado toro de Buendía
CUANDO el doce años responsable del palco principal del coso de Vílches, Marco Rubio de Bustos -aficionado cabal donde los haya y al que le han brindado puntuales críticas tan gratuitas como malévolas-, cuando el presidente, digo, sacó un tercer pañuelo blanco con el que a las dos orejas ya concedidas se sumaba el rabo del quinto toro del festejo (el tópico "no hay quinto malo" se hizo carne), el clamor popular se trocó en paroxismo, entendido este como "exaltación extrema de los afectos y pasiones". La emoción, forzosamente contenida en minutos eternos, devino en una gozosa catarsis colectiva ante la obra excelsa. Dudo muy mucho que en el coliseo próximo a cumplir 125 años de existencia atronara una ovación tan rotunda y prolongada como la escuchada la tarde del viernes 26 de agosto del presente año (taurino) de gracia. Yo al menos no la recuerdo en cinco décadas de asistencia casi ininterrumpida; si acaso en la tercera comparecencia de José Tomás en Almería. Naturalmente la gesta tiene nombres y apellidos. Es patrimonio intransferible de un hombre y de un ejemplar bovino de la cabaña brava salmantina: José Mª Dolls Samper, alicantino de 29 años e hijo de quien fue otro figurón del toreo; y de "Fantástico", el garcigrande herrado por Domingo Hernández con el nº 24, negro, de 534 kilos y al que se le dio la vuelta al ruedo.
La prensa se hizo eco de la efeméride anterior en el tiempo -28 de agosto, 1982-, acertando mi amigo Juanjo Aguilera y errando otros medios. Ocurrió en la 5ª y última del abono ferial, segundo enlotado para Pepín Jiménez (vinculado a Almería en su calidad de hermano mayor honorario de la cofradía de La Macarena): "Doradito" -procedencia santacoloma, cárdeno oscuro, nº 51 de 484 kilos, aplaudido en el arrastre- del hierro sevillano de Joaquín Buendía, al que le cortó las dos orejas y el rabo (sumándolas a otras dos del primero). El lorquino, que debutaba coincidiendo con el 35º aniversario del fallecimiento de Manolete en Linares, hizo el paseíllo con el mejicano Jorge Gutiérrez, también desmonterado en esta plaza (sustituto de Antoñete) y Luis Reina, otro de los triunfadores de la tarde. El presidente (funcionario del Cuerpo Superior de Policía) hacía uso de la prerrogativa señalada en el Art. 68 (Capítulo V, De la Presidencia; tras la 2ª oreja y enfatizar que quedaba prohibido el "corte de patas") del entonces vigente Reglamento de 15 de marzo de 1962:
"… Únicamente de un modo que constituya excepción, a juicio de la Presidencia, podrá ésta conceder el corte de rabo de las reses".
Si definitivamente Marco Rubio de Bustos desciende del palco a la barrera donde fuimos vecinos durante varios años -decisión que aplaudo, aunque lo echaremos de menos-, quiero felicitarlo pública y sinceramente por su buen hacer y rectitud en una tarea difícil, aunque no libre de censuras desde posiciones dudosamente coherentes.
ANTECEDENTES NO REGLADOS
En España, las corridas de toros, como manifestación cultural, es el espectáculo más rigurosamente sometido a normas de obligado cumplimiento. Ni fútbol ni otros deportes. Quizás, y soslayando la aparente frivolidad, lo más parecido es el orden estricto de los cortejos procesionales en Semana Santa. La Tauromaquia, a imagen de una ciencia empírica, se ha nutrido históricamente de sus propias experiencias; sedimentando lo positivo e incorporando aquellas prácticas que ampararan la integridad física de sus protagonistas y favoreciesen la belleza intrínseca del ritual. Sin embargo, hasta 1917 no entró en vigor el primer Reglamento. Con las pertinentes revisiones (1930 y 1962) se llegó al de abril de 1991, todos de ámbito estatal. El actual, de aplicación en nuestra Comunidad (Reglamento Taurino de Andalucía), está fechado el 21 de marzo de 2006. Con anterioridad a la fecha de referencia, cada ciudad o villa obedecía al jefe Político (gobernador) o alcaldes de la localidad, de motu proprio o por delegación.
Más allá de los tratados taurómacos de Pedro Romero o Pepe Hillo, Melchor Ordóñez, gobernador de Málaga, redactó en 1847 el documento "Condiciones" (40 en total), regulador de los festejos en el coso malacitano: límite de ocho reses a lidiar, de cinco a ocho años; orden de los matadores y diez capítulos a la suerte de varas. Esbozo normativo que el propio don Melchor impuso lustro y medio después en Madrid y que en 1858 adoptó la Maestranza sevillana. Para ello, aplicó y dio forma a las recomendaciones de los diestros de mayor prestigio; sus apreciaciones contempladas in situ y, singularmente, los dictados de la tradición y práctica consuetudinaria. Así fue conformándose un corpus legal de reglas y prohibiciones: orden público, aspectos técnicos y artísticos (tercios y suertes), policía sanitaria, zootecnia (reses y caballos de picar), salvaguarda del espectáculo, de los participantes y espectadores, etc. Los historiadores lo aceptan como germen de los Reglamentos dictados posteriormente por el Ministerio de la Gobernación o Interior.
ALMERÍA: CAPITAL Y PROVINCIA
En la segunda mitad del siglo XVIII, D. Antonio Álvarez de Toledo, X marqués de Los Vélez, visitó sus posesiones de los reinos de Granada y Murcia. Entre los fastos celebrados en su honor en Vélez Rubio, cabecera del Señorío, destacan las tres funciones de toros (previa licencia otorgada por la Chancillería de Granada), coincidentes con la inauguración de la iglesia parroquial de la Encarnación, joya del Barroco almeriense. No sin la fuerte oposición del obispo Claudio Sanz y Torres, principiaron el 26 de octubre de 1769, presididos por el mismísimo marqués desde la balconada del Ayuntamiento. Llevándose a efecto el cerramiento de la plaza Mayor; montaje de un tablado para la música contratada en Murcia y andamiaje destinado a los espectadores; merienda para los convidados, despeje del cuadrilátero por el pregonero (alguacil) y "se hicieron venir de Granada chulos muy diestros y lidiadores muy experimentados… Fueron la tarde primera muertos tres toros y en la segunda el mismo número. El día 31 fue sólo uno, pero todos con prontitud y gracia. Esta última tarde hubo nuevos "juguetes" y principalmente por haber traído algunos becerrillos que capearon los niños… Las mulas y muleros que las conducían (arrastre) fueron igualmente celebrados por sus aderezos, destreza y prontitud". Es la primera noticia que conozco de una corrida "moderna" y reglada.
La segunda se traslada a la capital, Feria de 1859. Dos corridas de muerte a celebrar los días 20 y 23 de agosto en el primitivo circo taurino de la Rambla de Belén. Ganado del marqués de la Merced (Andújar) y de Rafael José Barbero, de Córdoba, a expensas de las cuadrillas capitaneadas por Cayetano Sanz y Ángel López "Regatero". Las "Advertencias" contenidas en los carteles señalan hasta doce prohibiciones y consejos al público; la regulación del tráfico por la Rambla y calles Murcia y Granada, tanto a la subida como en el posterior desfile de carruajes; o la venta de localidades en los bajos del Ayuntamiento, teatro Principal y taquilla en las proximidades de la plaza.
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